Opinion

No todas las burbujas son malas

En su forma concentrada, la gasolina contiene gran cantidad de energía latente, lo que se hace evidente por el riesgo que entrañan sus explosiones. Sin los impuestos asociados a ésta, la gasolina se vende a un precio inferior al del agua mineral. Es una solución ligera y fácil de transportar. Sin tener en cuenta el nivel de polución, los combustibles fósiles aportan un alto valor añadido.

Si la energía verde consigue implantarse con éxito en el mercado, alcanzará un importante grado de eficiencia y cubrirá una gran variedad de necesidades energéticas.   En este momento, las energías solar, eólica y geotérmica pueden resultar muy útiles en algunos casos concretos, aunque, en términos generales, no llegan a abarcar las necesidades de un país de gran tamaño. Hasta que las fuentes de energía ecológica consigan superar este problema, el sector será testigo de numerosas burbujas. Basta recordar la burbuja tecnológica que vivimos a principios del nuevo milenio. Muchas empresas que por entonces registraban unos ingresos exiguos vieron cómo los precios de sus acciones alcanzaban niveles astronómicos. Fue la perspectiva de convertirse en el próximo Facebook o Google (por entonces AOL) la que ayudó a incrementar los precios de las acciones. Todo el mundo tenía la posibilidad de apostar, y las apuestas no parecían muy arriesgadas mientras hubiera gente que siguiera invirtiendo en el sector. Las burbujas están directamente relacionadas con la proporción. Si su empresa es, o muy pequeña o muy grande, cualquier cambio en las probabilidades de éxito oscilará en torno al precio de las acciones. Aún así, esos pequeños cambios en las probabilidades no siempre se perciben con nitidez y, por tanto, pueden ser objeto de rumores, especulaciones e incluso fraude. En los países desarrollados, hay dos posibles escenarios en lo referente a energía verde. Una posibilidad es que un descubrimiento innovador y lo suficientemente importante aumente la eficacia de una fuente de energía ecológica. En ese caso, las burbujas se multiplicarían, porque todo el mundo apostará sobre cuál será la tecnología o la empresa que realizará el próximo descubrimiento. Cabría esperar entonces una burbuja en torno a la energía ecológica y un pinchazo, como ocurrió con el sector tecnológico. En el segundo escenario se contempla el hecho de que avanzamos hacia la energía verde, combinando numerosas soluciones parciales. Habría más energía eólica, energía solar en las zonas menos nubosas, un crecimiento constante de vehículos híbridos y eléctricos, baterías más eficientes y una variedad de soluciones prácticas que respeten el medio ambiente, incluidas mejores conexiones de transporte público. Por separado, ninguna de estas soluciones provocará cambios significativos, lo que reduce las posibilidades de que se produzca una burbuja.

¿Cuál sería la alternativa más recomendable? En estos momentos, las burbujas no gozan de mucha popularidad, dado que son muchos los países que todavía sufren las consecuencias del batacazo del sector inmobiliario. Aún así, conviene recordar que las burbujas cumplen algunas funciones útiles. A veces es necesario un exceso de optimismo para resolver un problema. La disponibilidad de importantes incentivos durante las épocas de euforia fomentan la creación de empresas, la toma de riesgos, y ayudan a distinguir entre las ideas prometedoras y las que no tienen ningún futuro.
Lo que ocurrió con las empresas del sector tecnológico en 2001 alcanzó prácticamente las proporciones de una catástrofe, aunque de esa burbuja se extrajeron importantes conclusiones. Casi diez años después, en 2010, algunas de las altas valoraciones que se alcanzaron entonces parecen bastante razonables. Aunque nadie cree ya que el fenómeno Google sea una burbuja, quizás necesitemos una para aprender a distinguir la diferencia entre un Google y todas las empresas de las que probablemente nunca hayan oído hablar. El sector del ferrocarril también experimentó grandes burbujas en el siglo XIX. Quizás estemos exagerando nuestro temor a las burbujas. Aunque cueste trabajo creerlo en un año como 2010, dado el actual índice de desempleo, las burbujas pueden beneficiarnos a nosotros en general, y a la tierra en particular.