Economía

El mundo se sigue llenando de tanques

El Ministerio de Defensa recibirá el año que viene siete aviones Eurofighter, catorce carros de combate Leopardo, 43 vehículos blindados Pizarro, ocho helicópteros de combate Tigre, tres buques de acción marítima… ¡Y eso que estamos en crisis! No es que el gasto militar sea inmune a la situación económica que atraviesan los gobiernos, pero en líneas generales goza de mejor salud que otras partidas del gasto público.

Por continuar con el caso español: el recorte a la cartera de Carme Chacón en el proyecto de Ley de Presupuestos Generales para 2011 es del 7%, frente al tijeretazo del 15,6% de promedio para el resto de ministerios – sanidad, educación y cultura menguan un 8% las dos primeras y un 12% la última–.  Cuestión de prioridad nacional, dicen.

Aunque los responsables de la OTAN están preocupados por las políticas de recorte aplicadas en la mayoría de los miembros de la Alianza –Reino Unido, por ejemplo, ha anunciado una reducción del 10%– y su secretario general, Anders Fogh Rasmussen, ha pedido a los socios que usen los presupuestos “de forma inteligente” –recortar los gastos en infraestructuras y burocracia para atender las capacidades operativas de las fuerzas militares desplegadas–, lo cierto es que algunos países no van a escatimar en gastos. Rusia, el quinto país del mundo que más destina en la industria militar, va a incrementar un 17% el presupuesto de defensa en 2011. Y Francia, el tercer país por volumen, aumentará un 3% el gasto en esta partida hasta 2013. “No es momento de bajar la guardia ante el considerable armamento nuclear que hay en el mundo”, ha declarado el nuevo ministro del ramo, Alain Juppe. Sólo así se puede explicar que en 2009, cuando el ciclón de la crisis estaba en su clímax, el gasto militar en el mundo creciese un 6%, según un reciente informe del Stockholm International Peace Research Institute (SIPRI).

Aunque parte de la escalada mundial se atribuye a la alegría inversora de países a los que la crisis no les ha rozado –China, Brasil, India–, el escenario bélico en Afganistán, Irak y Pakistán y la carrera armamentística frente a la amenaza terrorista han disparado el gasto de otros como Estados Unidos. Sólo este año, el presupuesto de la Administración Obama para defensa, contingencias en el exterior y programas de seguridad ha sido de 844.000 millones de dólares –dos tercios del gasto discrecional del presupuesto federal–. Y para el año que viene se ha propuesto incrementar esta partida ¡un 6%!

Pero soplan vientos de cambio. The Washington Post ha calificado de “dinamita política” el último informe (The_Moment_of_Truth) que la Comisión Nacional para la Reforma Fiscal presentó ayer para encarrilar el galopante déficit de la Administración Obama en 2015. El documento, que tiene que ser aún votado por los 18 miembros de esta comisión bipartidista y no es vinculante de cara a los presupuestos que se aprobarán en febrero, propone algunas recetas ya escuchadas a este lado del Atlántico: alargar la edad de jubilación, eliminar algunas deducciones fiscales, subir impuestos, suprimir un 10% de los empleos federales… Y, he aquí la novedad, ¡recortar el gasto militar!

No es que Estados Unidos, la primera potencia militar del mundo, se vaya a convertir al pacifismo, desmantelar su ingente arsenal y replegar el grueso de sus tropas. El documento da una de cal y otra de arena al afirmar la necesidad de “cortar todos los excesos de gastos allí donde allá, incluido en defensa” al tiempo que reconoce que “las reglas presupuestarias no deben determinar la política de guerra”. No es un  giro estratégico de 180 grados, pero sí un (tímido) cambio en el discurso.