Economía

¿Hay vida para España fuera del euro?

Hace unos días, en plena tormenta financiera de los mercados contra España, estuve en una interesante comida con dos profesores del IESE y, aunque la mayor parte del almuerzo versó sobre España, sólo de forma colateral se abordó un tema que flota en el ambiente, unas veces con más intesidad que otras: ¿podría desmontarse el euro? Dicho de otra manera, ¿podría España, u otro país, léase Irlanda, Grecia o Portugal, salirse del euro en un momento dado y volver a sus viejas monedas? La cuestión no es baladí, dado que es precisamente la pertenencia al euro lo que ata de pies y manos a estos países a la hora de poner en marcha políticas monetarias que ayuden a salir del agujero impulsando un crecimiento económico más rápido aunque, cabría decir también,  menos sostenible.

La verdad es que la cuestión, abandonar el euro, no se está planteando. Sólo Portugal ha hecho alguna declaración en ese sentido que se ha quedado en eso, en una mera declaración. Y cuando uno plantea la cuestión, es automáticamente tachado de “loco” porque todo el mundo parece tener claro que, fuera del euro, el futuro es muy muy sombrío. Muy negro.

Me resultó curioso que en aquella comida, uno de los profesores, Juan José Toribio, se mostrará bastante escéptico sobre esa eventualidad porque –a su juicio- sería peor el remedio que la enfermedad: el riesgo país de España se dispararía y, con él, el coste de la deuda; volveríamos a tipos de interés deosrbitados; la inflación, es decir, los precios, se dispararían; nuestros ahorros se vería atrapados, viviríamos una situación parecida al corralito argentino; y la confianza en nuestro país se vendría abajo, llevándose por delante todo a su paso: muchas empresas e incluso bancos que no podrían aguantar el nuevo coste de su deuda.

El otro profesor del IESE, Javier Díaz-Giménez, aunque no daba un alto grado de probabilidad a la hipótesis de que el euro saltase por los aires, no ponía tanto énfasis en el negro escenario. De hecho, comentaba el caso de Islandia, un país que tuvo que ser rescatado por el Fondo Monetario Internacional (FMI) y sus países vecinos en 2008 tras la quiebra de sus mayores bancos y que, curiosamente, ya está saliendo del pozo. Vamos, que sólo ha pasado dos años de crisis, comparado con los muchos que le quedan a Grecia e Irlanda por delante y, por supuesto, también a España. Claro que Islandia, además de tener poco más de 300.000 habitantes (nada comparado con España), no está en el euro y pudo devaluar su moneda, haciendo así más baratas sus exportaciones (que ya están tirando) y convirtiéndose en un gran atractivo turístico (viajar a Islandia resulta inmensamente más barato por la devaluación de la moneda; de hecho, en 2009 visitaron el país un número de turistas que equivale casi al doble de su población).

Dicho esto, vuelvo a la cuestión inicial: ¿No sería mejor para España encontrar esa vida fuera del euro? Yo todavía le doy vueltas porque no me acaban de convencer los diferentes argumentos: oigo demasiados en contra y pocos a favor, que haberlos haylos. Aunque quizá la primera incógnita a despejar no es si sería mejor o no abandonar el euro, sino, si sería posible. Porque como bien apuntó el profesor Juan José Toribio, Alemania, por mucho que ahora se sienta menos europeísta, no va a renunciar fácilmente al mercado cautivo que tiene en la eurozona, con todos los socios atados de pies y manos atados al euro, es decir, comprometidos a no devaluar su moneda para hacerle la competencia a su máquina exportadora. Vamos, que si tiene que rescatar a algún país más, lo hará, aunque, eso sí, con condiciones cada vez más draconianas. Y probablemente en el último momento, cuando ya no quede otra opción.

Pero el argumento que más me convence para seguir en el euro es que, volver a la vieja peseta, además de volver a los tipos de interés de antaño y caer en el corralito, sin duda sería la excusa perfecta para que nuestros políticos tomaran la calle de en medio y no abordaran todas esas reformas que el país necesita para salir del pozo. Y me estoy refiriendo, sobre todo, a adelgazar la administración, tanto la central como, sobre todo, las locales y regionales. Porque no hay que engañarse, al final, volver a la vieja peseta y empezar a practicar devaluaciones sí, quizá nos sacase antes de la crisis, pero sería pan para hoy y hambre para mañana.