Economía

¿Qué cambiará Wikileaks?

Estos días, prácticamente todo el mundo tiene una opinión sobre Wikileaks; sin embargo, las dos principales consecuencias que podrían derivarse de este fenómeno no han sido objeto de muchos comentarios. En realidad, más que de EEUU, Wikileaks cambiará el panorama de las autocracias. La diplomacia estadounidense tiene relativamente pocos secretos. Cada movimiento de la Administración de EEUU, y todos sus planes potenciales, se diseccionan a diario por miles de periodistas, comentaristas y blogueros que operan en un entorno de libertad de expresión. Es probable que nosotros, los estadounidenses, no sepamos con exactitud lo que ocurre en el día a día pero, a largo plazo, no vivimos grandes sobresaltos. Las mayores revelaciones de la historia reciente de nuestra diplomacia, como la inexistencia de armas de destrucción masiva en Irak, salieron a la luz con relativa rapidez y sin necesidad de Wikileaks; lo mismo ocurrió con el escándalo de los documentos del Pentágono a principios de los setenta. La noción de las filtraciones siempre ha estado ahí y, si hay alguna noticia importante que la opinión pública vaya a conocer, seguramente no es Wikileaks el que proporciona la exclusiva.

La situación es distinta para autocracias como la de China, donde los medios de comunicación están sometidos a un riguroso control y muchos asuntos no llegan a conocerse por la opinión pública. Incluso si una gran parte de la ciudadanía conoce o sospecha sobre un determinado asunto relacionado con su Gobierno, éste no se plantea abiertamente ni se somete al escrutinio público. Eso significa que las posibles revelaciones de determinada información tienen un importante potencial de cambiar la percepción de la opinión pública sobre un determinado asunto, sobre todo si el origen de la noticia está relacionada con el Gobierno de EEUU. A pesar de los recelos de China hacia el Ejecutivo estadounidense, las opiniones vertidas por la Administración de EEUU siempre contarán con una audiencia dispuesta a escucharle. Hasta ahora (principios de diciembre), la mayor revelación de Wikileaks es la idea de que China estudia la posibilidad de retirar su apoyo a su hasta ahora aliado, Corea del Norte. La noticia seguramente afecte más a la política del país asiático que a la de EEUU. Con independencia de que la población china demande una ruptura de las relaciones con su recalcitrante vecino o un fortalecimiento de la alianza entre los dos países, de la noche a la mañana, el asunto se ha puesto encima de la mesa y, en consecuencia, podrían producirse cambios importantes. A pesar de que el gigante asiático no es una democracia, no hay duda de que la mayor parte de las autocracias, China incluida, son sensibles a la opinión pública.

La primera consecuencia directa de las revelaciones de Wikileaks es una actitud más abierta de las autocracias para con sus ciudadanos, aunque ello no suponga necesariamente una mejora de su política exterior. La segunda repercusión que pudieran tener las filtraciones de Wikileaks es un incremento de las posibilidades de que se produzca una guerra o un conflicto violento. La opinión pública se siente ofendida con relativa facilidad. En la antesala de la Primera Guerra Mundial, hubo una filtración de lo que se denominó  el Telegrama Zimmermann.  En el telegrama, enviado por un diplomático alemán, se mencionaba la intención de Alemania de aliarse con México para hacerse con el control de EEUU y repartirse el país. Aunque ésta nunca fue una perspectiva realista, ni se encontró en ningún momento entre las prioridades de Alemania, encolerizó a la opinión pública estadounidense y nos llevó a involucrarnos en la Gran Guerra. La participación de EEUU en la guerra hispano-americana también se produjo como consecuencia de una serie de “filtraciones”, muchas de las cuales resultaron falsas o exageradas. No obstante, las noticias que se fueron filtrando despertaron las iras de la ciudadanía estadounidense con España y acabaron desencadenando el conflicto. También se han producido importantes revelaciones sobre la supuesta relación de Irak con al-Qaeda, o sobre el escándalo conocido como yellow cake en Níger que, aunque resultaron equivocados, provocaron un conflicto. Los diplomáticos, que se ganan la vida trabajando en otros países, a veces enemigos, no se ofenden con tanta facilidad. Pero cuando los ciudadanos reciben más información sobre países extranjeros, suelen ponerse en el peor de los caos, creando nuevos incidentes. A pesar de los discursos sobre la transparencia, la mejor forma de alimentar nuestros instintos más pacíficos a veces consiste en mirar para otro lado. Puede que las filtraciones de Wikileaks resulten peligrosas, pero no por los motivos que ustedes piensan.