Mercados

¿Qué sueldo le pagarías tú a Zapatero?

¿Diría usted que Zapatero, con sus 78.000 euros de sueldo bruto anual, cobra mucho o poco? Alguno saltará como un muelle y exclamará, como he escuchado en la calle, que “no habría que pagarle ni un duro, pues sus resultados son nefastos” o “con lo que cobra ya le vale”. Pero esto es una exageración y, además, no es el fondo de la cuestión. Da igual que sea Zapatero, Pérez o Benito el apellido del ilustre político que ahora o en un futuro sea el inquilino de la Moncloa. La cuestión es si para atraer a los mejores inquilinos hay que pagarles bien o si a éstos ya les vale con saciar su vanidad pasando a la historia, saliendo en la tele, viviendo en un palacio, siempre flanqueados por una cuadrilla de guardaespaldas de espalda ancha.

Antes de entrar en faena, hay que situar el salario de Zapatero en el contexto de lo que ganan otros mandatarios. Algunos ejemplos: Barack Obama gana unos 298.000 euros y el primer ministro de Irlanda, Brian Cowen, unos 228.000 euros. El presidente Nicolas Sarkozy y la canciller Angela Merkel perciben unos emolumentos similares a los de Cowen. También es necesario tener en cuenta otros datos. El primero es que Zapatero no figura, ni por asomo, entre los cargos públicos españoles mejor pagados. Los presidentes del Congreso, del Senado, del Tribunal Constitucional…ganan más, mucho más que él. Otro apunte, entre los altos ejecutivos de las firmas del Ibex 35 abundan las remuneraciones de 500.000 ó 700.000 euros en adelante.

Si partimos de la idea de que la dirección de una comunidad política es una tarea de altísima responsabilidad, entonces la lógica dice que Zapatero debería estar bien pagado. Muy bien pagado. ¿O es que un controlador aéreo o el presidente de una diputación tienen más responsabilidad? Tal vez por ello nuestra fauna política está plagada de personajes que no son los mejores entre los mejores. Plagada de mediocres, vamos. Los estudios empíricos de algunos economistas (Do better paid politicians perform better) revelan que un buen salario sí consigue atraer personas mejor formadas, más talentosas, y con un mejor bagaje profesional. Y también revelan que la propia actividad política se beneficia en términos de mayor eficacia, de políticos con más valentía para emprender cambios y rformas. En Estados Unidos, el sueldo del presidente es alto. Pero los políticos no están tan mal vistos como en España porque suelen atraer, en general, más talento (no hablamos de Bush, claro). Cualquier persona salta fácilmente de Wall Street al Capitolio, y viceversa. Todo servicio público se ve como positivo en las empresas, y todo servicio privado es un aval para el servicio público.

¿Cuánto hay que pagarle exactamente al inquilino de la Moncloa? Ésa es la pregunta del millón, o de los dos millones. Pero tal vez una propuesta razonable sería que su sueldo se aproximase al de sus homólogos europeos. Hay quien incluso le pondría un salario variable –un bonus en función del cumplimiento de objetivos- pero se supone que las urnas, cada cuatro años, ya se encargan de revalidarle o no. Además, la actividad política es de difícil medición en comparación con el rendimiento empresarial.

No hay que olvidar, no obstante, que los primeros espadas de la política tienen una especie de salario diferido en el tiempo. No hay más que ver cómo crece el patrimonio de ex presidentes como Aznar o Felipe González, que cobran honorarios de hasta 100.000 euros por conferencia, que reciben llamadas de empresas para que sean consejeros…

Los analistas sí insisten en una cosa (que la  mencionamos aunque sea harina de otro costal): conviene fijar unos baremos mínimos para ejercer cualquier tarea de ministro. Por ejemplo, tener una educación universitaria y una experiencia demostrada en gestión, pública o privada. Desgraciadamente en España, como se escucha también en la calle, “algunos ministros van al ministerio a aprender. Y este país no está para subvencionarle un periodo de prácticas a los aprendices de ministro”.