Economía

Empieza la sucesión en las grandes empresas españolas

La retirada del reverenciado Amancio Ortega, a sus 75 años, del centro de la escena empresarial tal vez sea la primera señal de una etapa sucesoria o de un cambio generacional en las grandes empresas españolas que se avecina en el horizonte.  Un horizonte que no está muy lejos. Si pasamos revista a las compañías, cotizadas o no, veremos que un grupo muy amplio de los altos ejecutivos tiene el pelo muy cano (aunque algunos,coquetamente, lo disimulen). Emilio Botín, del Santander, tiene 76; Isidre  Fainé, de La Caixa, 68; Francisco González, de BBVA, 66; Florentino Pérez, de ACS, 63; Salvador Alemany, de Abertis, 66; César Alierta, de Telefónica, 65; José Lladó, de Ténicas Reunidas, 76; Salvador Gabarró, de Gas Natural, 75, Isidoro Álvarez, de El Corte Inglés, 75…  Incluso Juan-Miguel Villar Mir, de OHL, con un pie en los ochenta, se vanagloria de que su cardiólogo le quita diez años de edad de su DNI en cada chequeo. La lista de septuagnerarios es larga. Y aunque muchos se resistan a apearse del poder y no quieran ser un jubilado, el reloj corre para todos.

El cambio de guardia  es de una importancia vital para nuestra economía. Se darán en las multinacionales que han hecho posible que el nombre de España y del made in Spain suene alto y se pasee por medio mundo. En los últimos 20 años España ha pasado de ser un inversor testimonial a ser el octavo o noveno del mundo. Ahí no es nada. Y gracias en parte a los Santander, Repsol, Telefónica… España llegó a propulsarse hasta la octava economía del mundo y acariciar el sueño de incorporarse al G-8. Los doce empresas españolas incluidas en el ránking mundial del Fortune 500 generan más de un millón de empleos en todo el planeta. Y miles en casa, claro.

Nuestras multinacionales juegan y deben seguir jugando un papel fundamental en la economía global. Además, este proceso sucesorio a cámara lenta se abre en un momento en que España está estancada y desorientada, y va a necesitar de mucho empuje y capacidad estratégica.

Muchos de los grandes ejecutivos españoles son empresarios de raza, con fino olfato, que han levantado gigantes corporativos desde la nada. Muchos de ellos dejan una impronta, un modo de hacer, difícilmente repetible. ¿Quiénes tomarán el timón? ¿Serán meros técnicos? ¿Tendrá el mismo olfato, empuje y ganas de triunfar? ¿Conseguirán superar los retos pendientes, como instalarse en Asia?

Cojamos el caso de Emilio Botín, que suele citarse como el empresario más admirado del país. El cántabro ha convertido el banco que heredó de su padres, con beneficios de poco más de cien millones de euros, en un imperio que tuvo un beneficio neto de casi 9.000 millones en 2009 (el tercero del mundo por ganancias). Botín, aunque apenas tiene un pequeño porcentaje del capital del banco, se ha ganado el derecho a elegir a su sucesor, casi seguro, su hija Ana Patricia. Pero nada ni nadie asegura que Ana Patricia vaya a pilotar el banco durante mucho tiempo  ni que lo vaya a hacer tan bien. La presidencia se la tendrá que ganar a pulso, y día a día.  Y como Ana Patricia, los futuros presidentes de OHL, Sacyr, Gas Natural, Técnicas Reunidas… Pero seamos optimistas, y no nos pongamos la venda antes de la herida. Algunas como Ferrovial o Acciona ya han asumido este cambio de guardia y les ha dado nuevos aires, incluso abriendo una nueva etapa de prosperidad con la que nunca soñaron.