Economía

España necesita un buen CEO

Lo vengo diciendo desde hace tiempo. Lo que España necesita es un buen consejero delegado, un buen CEO. ¿Que qué hace un CEO? Pues muy simple: analiza la situación de la empresa, ve los puntos fuertes y los débiles frente a la competencia y marca un plan estratégico a varios años, con objetivos, cuantificables y mensurables, para llegar a la meta que se ha fijado.

¿No me digan que España no necesita eso? Alguien que tome las riendas, que gestione como gestiona un consejero delegado, con mano firme y con una línea estratégica clara y conocida por toda la organización, dentro y fuera de la misma. Y como no tenemos un buen CEO, así seguimos. A la deriva.

Hace unos días me lo decía un buen amigo: ¡Pero si cualquier país que se precie tiene unos objetivos de adónde quiere llegar en unos años y los tiene incluso colgados en su web”. ¿Saben ustedes los nuestros? Porque yo desde luego no. Sí, ambiciones hay muchas en muchos campos, pero tan dispersos como el tinglado autonómico. Pero algo concreto, escueto, de cuatro o cinco puntos, como hace un buen CEO para su empresa, pues no. Recuerdo que en diciembre tuve la oportunidad de escuchar a Álvaro Uribe, presidente de Colombia de 2002 a 2010, que acudió a España invitado por la consultora Everis, y era interesante escuchar el pequeño repaso que hizo a los objetivos que se había planteado para el país y cómo se habían ido consiguiendo: como ejemplo les diré que Colombia se planteó convertirse en un gran centro de call centers en español (en clara competencia a Argentina) y ha pasado de emplear de generar poco más 3.000 empleos hace diez años a los cerca de 100.000 que tiene en la actualidad. Claro que, para eso, el gobierno se encargó de crear cursos y escuelas específicas para esas personas, que, en poco tiempo, estaban ya preparadas. “Anda que no se podía hacer lo mismo aquí en España con muchos de los parados que tienen baja o nula formación. Bastaría tomar esa decisión, crear un curso de formación específica en unos meses, dar ayudas a las operadoras de telecomunicaciones para que no se llevarán fuera sus call centers, y algo bueno se habría hecho”, me decía mi amigo que, como se pueden imaginar, es del sector. Y quien dice esto con los call centers ¿por qué no se ejecuta un plan global con objetivos para el turismo, que sigue siendo uno de nuestros puntos fuertes? Identificando ventajas competitivas, eliminando puntos débiles, reforzando nuestras fortalezas y con unos objetivos claros y globales, que no caigamos otra vez en la maraña autonómica, con cada comunidad yendo por separado a presentar sus bondades turísticas y gastronómicas dentro y fuera de España. ¡Que no! ¡Que así no hay sinergias! ¡Que es mejor ir de la mano y hacer más fuerza!

Y dicho todo este, ahí va la pregunta. Quién sería ese buen consejero delegado para España.
¿Zapatero? Yo creo que es más que evidente que la respuesta es no. Ni diagnóstico, ni plan, ni actuación, ni mano firme, ni claridad de ideas, ni nada de nada. ¿Y Rajoy? Hombre. Más luces y más voluntad, desde luego.  Espero que también tenga más mano firme y sepa dar un puñetazo en la mesa cuando haga falta, que lo hará. Un consejero delegado tiene que marcan bien la línea y, cuando hay crisis más. Pero no estoy yo muy segura de que lo haga. El otro día tuve la oportunidad de escuchar en un pequeño grupo de amigos a la portavoz parlamentaria del PP, Soraya Sáenz de Santamaría. Muy espontánea. Muy agradable. Muy lista. Pero la verdad, no me quede yo con la sensación de que el PP tenga en mente esto de actuar como un CEO y plantearse unos objetivos por todos conocidos para ir siguiendo. Ni tampoco me dio la sensación de que ya tengan todo preparado, como hace un CEO cuando sabe que, más pronto que tarde, acabará asumiendo esa labor en la empresa y ya tiene bien programados los pasos y las medidas que irán dando. En fin, veremos.