Economía

La forma más inteligente y rápida de innovar

Lo de la necesidad de cambiar de modelo productivo se ha convertido  en un lugar común en boca de todos. Pero una cosa es que a uno se le llene la boca con esta frase, y otra muy distinta es saber cómo llevarla a la práctica. Algunos ponen el acento en que hay que espolear la inversión en I+D. Pero, como señala la consultora Accenture sin quitar razón a estos últimos, tal vez convenga hacer algo más. Y ese algo más es sacarle más jugo a todas las inversiones e innovaciones hechas en el sector de la TICs para  que los avances se propaguen por todo el sistema. ¿De qué vale tanto I+D si al margen, como si viviesen en otro  planeta, se quedan miles y miles de pymes? ¿Y qué decir de sectores tradicionales, como el turismo o la agricultura, que siguen, aun pudiendo, sin remozarse tecnológicamente? Tal como dice el gurú de la innovación Philippe Laredo, “innovar es sacarle ventajas a tus diferencias”, y esto es algo que está al alcance de muchos. Incluidas las pymes.
“Las pymes deben innovar más”, dice Juan Pedro Moreno, presidente de la Cátedra UAM-Accenture en Economía y Gestión de la Innovación. Después de todo, son éstas el grueso –más del 90%– del tejido empresarial español y el verdadero motor del empleo.  ¿Por qué están cruzadas de brazos? No innovan por dos razones. “Por un lado, hay una falta de capacitación de sus directivos. Por otro, estas firmas tienen dificultades para acceder a la financiación”, afirma Moreno. Sobre  el primer punto no ayuda que la sociedad y el sistema educativo no fomenten el espíritu emprendedor; sobre el segundo extremo, la muy bancarizada estructura financiera hace un flaco favor. “No se compran ideas por sí mismas”, agrega Moreno. La financiación, en última instancia, se suele conceder sobre el patrimonio tangible de la empresa, cuando en realidad el valor de las firmas innovadoras depende precisamente de sus intangibles.
Además, como señala el informe de Accenture El papel de la innovación en el nuevo modelo económico español, no se está produciendo entre las pymes el “efecto de gota malaya”, o lo que es lo mismo, no se divulgan de forma sistemática las bondades de crear, desarrollar o utilizar lo que otros han echado a rodar con éxito. El corolario es que sólo hay 42.000 empresas innovando y que hay todo un mundo abierto por delante.
Derribado ya el mito de que en España no se innova –pues nadie discute que las grandes empresas, nuestros primeros espadas empresariales tipo Telefónica, Santander, BBVA… sí lo hacen, y parece ser que  invierten en I+D+i con o sin estímulos –, hay que desmitificar una segunda idea sedimentada en el imaginario colectivo: que la innovación es sólo cosa de los que se ponen la bata blanca y los guantes para desarrollar productos de alta tecnología en sectores como la biotecnología, la biomedicina, la farmacia o la industria aeroespacial. Como apunta la consultora, esto no es cierto.
Felizmente, España cuenta con segmentos tradicionales en los que ha dejado claro que puede competir con garantías, aunque necesita afilar su competitividad. ¿De qué sectores clásicos hablamos? Del  turismo, el calzado, el textil, el transporte y la logística, la automoción, la energía, la alimentación, las finanzas, y la agricultura. Un sector con potencial innovador es el del reciclado. Y no hay más que levantar la cabeza y ver lo que hace Israel con el agua para convencerse de que ésta puede ser una industria rentable y competitiva.
Es conveniente que estas industrias de siempre se reinventen porque el drama del paro español no se va solucionar sólo con empleos en la alta tecnología. “Con empresas de tecnología pura no vamos a dar trabajo a un millón de personas”, afirma contundente Moreno. Toca reinventarse.  “El problema del turismo en España es que está basado en un sistema tradicional. Para mí la ciudad de Valencia es un buen ejemplo de la dirección a seguir”, dice Laredo, profesor de las universidades de Manchester  y Paris-Est. El gurú se  refiere a la creciente modernización de la ciudad mediterránea que ha ido acompañada de un resurgir de las tradiciones. Iniciativas como la comunidad virtual de la Red de Paradores de España van en la buena dirección.
Para que la innovación cale, además, es clave erigirse en un polo de atracción de capital humano. “El éxito de la  innovación viene asociado a la abundancia de talento. Las cosas suelen desarrollarse en comunidades de talento”, dice Moreno. Se refiere a centros como Silicon Valley o Houston en Estados Unidos.  “No se puede innovar si el ambiente que le rodea a uno no es innovador”, subraya Laredo. Más allá de  nuestras reconocidas habilidades en sanidad, banca o biotecnología, España podría crear comunidades talentosas en segmentos como el turismo, la gastronomía o la arquitectura.  Y en otros muchos menos conocidos y relevantes. Así Barcelona se está convirtiendo en una especie de meca del motociclismo, a la que llegan cientos de jóvenes a aprender el arte de montar en moto. Pero para crear estos grandes polos de atracción de talento hay que apostar por la diferenciación. Desgraciadamente, “en España hemos intentado que cada región tenga un poco de todo”, dicen en Accenture.
El cambio de modelo quedaría cojo sin abordar la relación entre la universidad y el mundo de la empresa.  Y mejorar la relación entre estas dos realidades mal encajadas implica retocar las estructuras del mundo académico. El estudio de Accenture hace tres recomendaciones: profesionalizar una parte de los altos cargos directivos; hacer un mejor reconocimiento, en el currículum de los investigadores, de sus investigaciones en el seno de la empresa; y abrirse más a las iniciativas empresariales. “Los profesores no tienen ningún incentivo para estar relacionados con la innovación. Un académico que se  dedica a la empresa privada pierde puntos en su carrera”, dice Moreno.
Pero no todo es de color negro. Aunque es obvio que los flujos de dinero dedicados a este capítulo están menguando por la crisis, cada vez las empresas hablan más de la necesidad de diferenciarse. Cada vez se percibe más innovación abierta,  más trabajo en conjunto,  más ecosistemas de innovación. ¡Que siga así!