Economía

Los refranes que te harán salir de la crisis

La crisis ha cambiado el “todo vale”, por el “que viene el lobo”. Los “días de vino y rosas” han dado paso al “sálvese quien pueda”. Y en el camino se han perdido valores como esfuerzo, empeño, perseverancia o prudencia. Para recuperarlos, nada mejor que rescatar la sabiduría popular, y adaptarla a las necesidades actuales. Una apertura a un singular baúl de los recuerdos, para ponerlos de nuevo en boga, y tenerlos presentes de cara al futuro.

-Quien fía o promete, en deuda se mete

Una vivienda de lujo, un coche de alta gama, un viaje alrededor del mundo, una súper nave industrial para incrementar la producción a niveles estratosféricos… Bastaba una visita a la entidad financiera de turno, frotar la lámpara maravillosa y el genio concedía ipso facto el deseo. Tonto de quien no sacara tajada de mano tan generosa. Pero las mieles se volvieron hieles. Por eso, y desde el inicio de la crisis, el número de familias y empresas declaradas en quiebra no para de crecer. Y es que adquirir compromisos a la ligera, a la larga, puede resultar muy incómodo.

-El que algo quiere, algo le cuesta

No se trata sólo de dinero. A la hora de emprender, de conseguir lo que se anhela, son condiciones indispensables el trabajo y el tiempo, el coraje y la paciencia, el esfuerzo y el riesgo. Porque “Zamora no se ganó en una hora”. Si se aplican estos principios, se alcanzará la excelencia, y hasta un Oscar de Hollywood, como le sucedió a Next Limit, una empresa de software española. La época de los pelotazos, de ganar dinero fácil gracias al ladrillo, ha quedado atrás. Se necesita lucha y sacrificio para alcanzar lo que se desea. Momentos difíciles, quizá vastos desiertos que atravesar, o cumbres complicadas de coronar, pueden estar a la vuelta de la esquina. Pero, ya se sabe, cada rosa tiene sus espinas.

-Imita a la hormiga, si quieres vivir sin fatiga

Un día sí, y otro también. Incansable, la hormiga es sinónimo de esfuerzo. Un trabajo minucioso y constante. Y es que sin tesón, sin perseverancia, sin tenacidad, nada se consigue. Basta como ejemplo la fábula de la cigarra y la hormiga. Mientras que la primera, en la época estival, cantaba y bailaba, la segunda se esforzaba día y noche para tener la despensa llena para cuando llegara el invierno. Por eso, España debe dejar de ser cigarra e imitar a la hormiga ¿Cómo? Apostando por la calidad y por la innovación, ampliando el número de patentes,  mejorando su competitividad y productividad… Y haciendo más autocrítica.

-Tanto va el cántaro a la fuente, que al final se rompe

Cuando hay un peligro a la vista, o un riesgo visible, lo mejor es evitarlo. Porque, si no, el batacazo puede ser tremendo. Eso es lo que le ha sucedido al mundo del ladrillo. Aunque desde principios del siglo diferentes instituciones internacionales anunciaban que su precio estaba sobrevalorado, además en porcentajes desorbitados, año tras año ha ido acumulando récords: en número de viviendas tasadas, en viviendas construidas, en incrementos de precio… Un globo que ha ido hinchándose, en forma de burbuja inmobiliaria, hasta que finalmente ha estallado. Ya lo dice otro refrán: “la avaricia rompe el saco”.

-Guardar para la vejez, acierto es

Dos pilares han sustentado el crecimiento de España en los últimos quince años: la construcción y el consumo. Como la economía iba bien, no importaba rascarse el bolsillo. Y, si no se tenían los recursos suficientes, se compraba a crédito. El grifo siempre estaba abierto. Excesos que han dado como resultado una situación insostenible. En épocas de bonanza, es bueno dejar algo en las alforjas. Porque, tarde o temprano, los ciclos económicos cambian. Gracias al ahorro, y ahora que pintan bastos (la lacra se llama desempleo), quienes lo pongan en práctica tendrán un futuro menos negro a corto plazo, y mejor asegurado a largo plazo.

-Cuando una puerta se cierra, cientos se abren

De una inmobiliaria a una tienda de libros. De la cola del paro a una frutería. De una sastrería a una franquicia de ropa para niños. Son ejemplos de personas que han sufrido la recesión económica, que han vivido aprietos, y que incluso han estado al borde de la ruina o han perdido su trabajo. Pero, lejos de desfallecer, han sabido reconvertirse, reinventarse. Y es que en toda crisis surgen nuevas oportunidades. Por ejemplo, en sectores como la biotecnología, las energías renovables o la nanotecnología. Sin olvidar que el mundo es un enorme mercado donde todos compiten contra todos. ¿Por qué no dar el salto si el producto es competitivo?

-Los experimentos, con gaseosa

A la hora de embarcarse en aventuras empresariales, conviene medir muy bien los riesgos (porque realmente existen, y no son sólo dos o tres). Si no, es posible acabar en el fondo del mar. Es lo que le sucedió en 2007 al cuarto banco inversor de Estados Unidos, Lehmann Brothers, que acabó engullido por la crisis de las hipotecas subprime. Hipotecas basura, concedidas casi al libre albedrío, sin ni siquiera mirar la nómina del solicitante, y que incluían la casa, los muebles, el coche ¡y hasta las vacaciones de verano!. Por tanto, ambición y falta de rigor a la hora de evaluar las posibilidades de uno pueden traer efectos colaterales bastante trágicos.

-Las cuentas claras y el chocolate espeso

En 1919, Carlo Ponzi arruinó a 20.000 personas en EEUU por el método de la pirámide financiera. Cierto que a sus primeros clientes les devolvió el doble de lo que invirtieron ¡y en sólo 90 días! Pero a otros nunca les entregó nada. Casi un siglo después, Madoff repitió el método, pero en vez de ofrecer grandes rentabilidades a corto plazo, reportaba intereses de dos dígitos un mes sí y otro también. Estando de por medio “poderoso caballero”, lo mejor es la transparencia y la seguridad. Embaucadores a la caza de primos siempre ha habido a lo largo de la historia. Y no sólo en EEUU. Ahí están los casos Forum Filatélico y Afinsa.

-No hay mejor lotería que el trabajo y la economía

Cada 22 de diciembre copan los telediarios de todas las cadenas de televisión. Son los afortunados con el “gordo” de la lotería de Navidad. Una isla en medio de un inmenso océano. Porque por cada afortunado en el azar, hay millones que no lo son. Basta con ver los escrutinios de otros sorteos como la primitiva o la bonoloto, en los que se acumula bote de una semana para otra al no haber acertantes. Dicho de otra manera, hay confiar en el propio esfuerzo y en el talento y dejarse de quimeras. Porque, valga la licencia, con trabajo y ahorrando, la vida va marchando.