Economía

PIGs, BRICs, MITs… y ahora también Eagles ¡Toma ya!

Un poco está bien pero ya es está abusando con el mundo animal. Si alguno de ellos pudiera hablar (en vez de rugir, croar, maullar, ladrar o gruñir) seguro que ya habría pedido que se dejase de utilizar su nombre en vano.  Aunque no me extrañaría que algún espabilado pidiera derechos de autor que ahora no está cobrando.

Lo digo porque los economistas, desde hace tiempo, pero con más intensidad en los últimos años, están recurriendo a la fauna animal para catalogar económicamente a los países. Todos recordamos a los tigres asiáticos (Hong Kong, Singapur, Corea del Sur y Taiwán), que estaban llamados a correr rápidamente adelantando a todo lo que les saliese al paso. Y al dragón chino, que además de correr, vuela, puede golpear mortalmente con una enorme cola que termina en punta de lanza y, lo más importante, echa fuego, un fuego que puede llegar a desintegrar a quien se ponga delante. Y si no me creen, pregunten a los textiles catalanes o a los zapateros valencianos.

La moda de utilizar la fauna animal en la economía ha virado estos últimos años hacia de los acrónimos. Seguro que recuerdan el concepto de los PIGs. Sí, con la que se armó cuando los medios anglosajones nos colgaron ese sanbenito, es difícil no recordarlo.

El problema no era tanto que metiesen a España (Spain) en el mismo grupo que a Portugal (P), Italia (I) y Grecia (G), sino que PIGs significa literalmente cerdos en inglés. Así que, con el jueguito de palabras, además de situarnos entre los más tontos de la clase, nos estaban insultando directamente a la cara. Afortunadamente, lo de los PIGs ha caído ya en desuso, antes incluso de que prosperara la otra variante PIIGs, que adquirió la otra I por el caso de Irlanda, por cierto, antes conocido como el tigre celta y ahora, con el país en quiebra y manga por hombro tras la crisis de la banca, todavía no ha encontrado otro animal al que asemejarse. Sugiero el cerdito hucha, para ver si así se impone un poco el hábito del ahorro, porque lo necesita: Irlanda ha adquirido un gran deuda con la Unión Europea que acudió puntualmente a su rescate.

 Donde, afortunadamente, nos salimos de la fauna animal es en el acrónimo que, con gran acierto, inventó hace diez años el entonces economista jefe (hoy presidente) de Goldman Sachs, Jim O´Neill, para identificar a cuatro países emergentes que no había que perder de vista porque, como predijo entonces, hace diez años, se han convertido en motores de la economía mundial. Estoy hablando de Brasil, Rusia, India y China, identificados por las siglas BRIC. La palabra significa en inglés ladrillo, pero los BRICs no tienen nada de ladrillo, más bien habría que decir platillo (volante, se entiende) porque navegan a velocidad de crucero y, de seguir a este ritmo, en treinta años años se habrán convertido en los países más ricos del mundo.

Pero el concepto de BRICs se está quedando ya un poco anticuado, si de lo que se trata es de apuntar países que ahora mismo están llegando a su punto de ebullición, económicamente hablando. De ahí que estén surgiendo nuevos conceptos, nuevos acrónimos que aún no han conseguido calar. El invertor de los BRICs ha salido ahora con la idea de los MISTs, que incluyen México, Indonesia, Corea del Sur y Turquía. ¿Que qué tienen en común? Desde luego no la cercanía de todos ellos, pero sí una elevada población y, por tanto, un gran mercado, contar con economías relevantes, que representan cada una en torno a un 1% del PIB mundial, y todos son miembros del G20.

Vamos a ver si prospera ése concepto o se impone otro más llamativo, EAGLEs, una invención del equipo de economistas del BBVA. El problema es que EAGLEs, que suena muy bien (significa ágilas en inglés) surge del concepto Emerging and Growth-Leading Economies (economías emergentes y motores del crecimiento), es decir, que no se corresponde para nada con la inicial de cada país que aglutina, con lo cual es difícil recordar qué va en el saco. Lean la lista y verán: los Eagles son China, India, Brasil, Corea, Indonesia, Rusia, México, Turquía, Egipto y Taiwán. Y lo que tienen en común es que crecerán por encima del G-7 en los próximos diez años. ¡Cualquier recuerda tantos y tan dispares países bajo ese concepto!

Si llegados a este punto ya se están preguntando con qué animal se podría identificar España, les diría que el toro, nuestro toro de toda la vida, está medio muerto, como el país. Yo creo que un hipopótamo, pesado, hambriento y soñoliento, se identificaría más con la España que hoy vemos miremos donde miremos. Pero cuidado, porque el hipopótamo sabe perfectamente dónde está la Sociedad General de Autores y Editores (Sgae), y en cuanto empecemos a utilizarlo como símbolo, pide lo parte que le corresponde.