Economía

O a Argelia o a la calle, tú eliges

Hace unos días comí con un ex compañero del colegio mayor con el que compartí los buenos años de Universidad en Madrid. Su historia bien la podrían suscribir los miles de ingenieros de Caminos que hay en este país, y que hoy viven momentos de incertidumbre tras dos décadas doradas en la que presumían de ser la profesión con menos paro de España. Como el resto de compañeros de gremio, desde que abandonó las aulas mi amigo no ha tenido que preocuparse por el trabajo. Era raro el mes que no le llegara una oferta de trabajo nueva o el año en el que no le subían el sueldo sustancialmente, además de pagarle totalmente el sueldo variable. Eran tiempos de bonanza en el sector constructor y cada vez que quedábamos a comer, la conversación giraba sobre sus andanzas y aventuras entre el polvo de una autopista en La Mancha, una presa en la sierra de Madrid o las obras de un tramo del AVE en un pueblo perdido de Galicia… Pero esta vez, el tono y la temática de la conversación ha sido bien distinto. Desde que el ministro de Fomento, José Blanco, decidió pegar un tijeretazo a la inversión en obra civil, cuenta los días que le quedan para terminar la obra en la que trabaja actualmente, sin saber que ocurrirá más allá del verano. La empresa en la que trabaja, una de las seis grandes constructoras del Ibex, no ha ganado muchas obras y ya ha empezado a reducir la lista de ingenieros en nómina. A partir del verano, las opciones se reducen a hacer cola en las oficinas del INEM o coger las maletas a algunos de los exóticos países en los que su empresa ha decidido expandirse. De hecho, hace unos días recibió una llamada de recursos humanos en la que le dejaban claro que se tenía que ir al desierto de Argelia. Lentejas, o las tomas o las dejas. Y sin las generosas condiciones con las que hasta hace poco mandaban expatriados a los ingenieros, topógrafos, arquitectos…

La historia del bueno de mi amigo es el fiel reflejo de la dura realidad que vive un sector que ha vivido durante años de la bonanza de las arcas públicas, del espectacular crecimiento de la economía y de los miles de millones que nuestros socios europeos nos regalaban para que construyésemos autovías, aeropuertos o traviesas del AVE en cada pueblo de la Península. Ya lo decía recientemente el consejero delegado de Ferrovial, Iñigo Meirás, sin el impulso de la obra civil el mercado volverá a retroceder este año dos dígitos, entre el 12% y el 14%, y, por ende, el empleo sufrirá nuevos ajustes de capacidad. La fiesta se ha acabado y son muchos los ingenieros de Caminos y de otros ramos que están cogiendo las maletas para irse de casa por iniciativa propia o, en su mayoría, forzados. El paraíso o la mera supervivencia está más allá de los Pirineos. La realidad es que cada día que pasa ACS, Ferrovial, OHL, FCC, Sacyr, Acciona… son menos españoles y más extranjeros. Aquí las maquinas y grúas se han parado y no hay perspectivas de que vuelvan a ponerse en marcha. Por eso, las constructoras están poniendo toda la carne a asar fuera de España.

Un botón de muestra: en 2010, la cartera de obras a ejecutar en España por parte de las mencionadas compañías cayó un 17%, hasta los 23.138 millones de euros. Por el contrario, en el mismo periodo elevaron un 18% su contratación en el exterior, que cerró con una cartera de obras internacionales por importe de 27.547 millones. En FCC, los mercados internacionales ya suponen el 46% de su facturación total –sus ingresos por obras en España cayeron un 11%– y en OHL incluso llegan a alcanzar el 70% de las ventas. El futuro como constructoras lo buscan en Estados Unidos, Europa del Este, México, Perú, Colombia, Panamá, los Emiratos Árabes, Turquía o Argelia… Una tendencia imparable, así que los ingenieros que están actualmente trabajando o estudiando ya pueden ir mirando maletas y practicando idiomas. Lo del vente para Alemania Pepe, se puede convertir en un generalizado vente para Argela, Panamá, Brasil o Rusia. Y, desgraciadamente, no sólo en el caso de los ingenieros.