Economía

Y, al final, Zapatero resucitará y ganará las elecciones

Anoche tuve una terrible pesadilla, de la que desperté empapado de sudor frío y con los músculos entumecidos por los espasmos. Soñé que Portugal quebraba como país, y hasta en mi casa de Madrid se oía el crujido, crack, y que, acto seguido, los inversores y especuladores, como una tribu salvaje fuera de sí,  atacaban a España con palos, varas y piedras. Vosotros también caeréis, chillaban. No podréis pagar la deuda, estáis asfixiados, lo sabemos. Nosotros, los españoles, nos defendíamos en actitud numantina, con grandes escudos, y con la ayuda inestimable de aquellos elefantes -¡Qué enrevesados son los sueños!- que componían el ejército de Aníbal, gran estratega militar y luchador cartaginés. Pero nos atizaban tanto los inversores, que acabaron por doblegarnos el espinazo. Quebramos. Defaulted. Zapatero montado en un paquidermo, con esa sonrisa optimista de otro mundo que no hay tsunami ni golpe de mar que la barra de su cara, dijo: Tranquilos, no os preocupéis, que no cunda el pánico, que España fue el primer país del mundo en quebrar de la historia –cosa que es cierta, en la época de Felipe II y hasta 3 veces- y de peores hemos salidos. Todo se arreglará.  En un año o dos, ganaremos la Champions League y superaremos a Francia y Alemania en riqueza. Yo, que estaba allí, al lado del elefante, pensé en reír. Pero acabé por llorar. ¡Qué infierno! Y de repente, tal como me advirtió –esto también es verdad- un renombrado economista mundial la semana pasada, el fuego de España se propagó por los pastizales de la eurozona, y llenó de llamas Italia, e inflamó Bélgica… Ellos tampoco tenían dinero para pagar sus deudas… y los inversores y los especuladores les atizaban, con los mismos palos y varas. Hasta Francia no tenía ni un duro. Incroyable, monsieur Sarkozy.

Pero esto era sólo la primera fase del sueño, no sé si la REM o la No REM. Lo peor, visto ahora en perspectiva, estaba por venir. De repente me encontré en otro escenario: las elecciones municipales y autonómicas del 22 de mayo. Incredibile ma certo.  Zapatero ganaba, no de calle, pero ganaba. Rajoy no se lo podía creer, y la gente tampoco. Todos nos pusimos a llorar. Yo más bien lloraba a ratos, y ratos me daba por reír. Este Zapatero sí que es un animal político. Un elefante político, vamos. Se había presentado a la cita electora con el lema electoral No te engañes, lo de la crisis es un invento del PP. Y dos o tres días antes, en un aparición televisiva, había demostrado con supuestas estadísticas que esto de los casi 5 millones de parados no era para tanto. En el fondo, argumentaba sagazmente, teníamos que sentirnos felices, pues España estaba mucho mejor que en la época medieval o en el siglo XIX, cuando no existía la Sanidad Pública ni las pensiones, ni el salario mínimo interprofesional, ni las becas. Yo, que seguía pegado al elefante, puse cara de espanto.

Ese 22 de mayo, de nuevo incredibile ma certo, Zapatero, visto que había resucitado cuando las encuestas lo daban por muerto y exportado al más allá, decidió seguir siendo el líder del PSOE, y presentarse no sólo a las elecciones generales de 2012, si no también a las de 2016. Somos los mejores, la envidia del mundo, el que no trabaja es porque no quiere…decía. Y justo con ese anuncio, sufrí varios ataques musculares, a cual peor, –y, según relata mi mujer-, no dejé de rodar a uno y otro lado de la cama.

Al despertarme, mi mujer me preguntó ¿pero qué te pasa? Sudando ríos le dije: He soñado que Zapatero gana las elecciones. Peor aún: dice que quiere ser presidente para siempre.¡Socorro!

Menos mal que todo fue un mal sueño.