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Los arbitrajes en España son los más rápidos del mundo

Que las empresas españolas se han internacionalizado, que exportan, que invierten en el extranjero, es obvio. Como también lo es que, por esa actividad, se ha incrementado el número de conflictos a los que han tenido que hacer frente. Aunque no son tantos como cabría esperar. “España tiene menos arbitrajes de los que le corresponderían por su economía”, afirma Juan Fernández Armesto, árbitro independiente, catedrático de Derecho Mercantil y socio de Armesto & Asociados. ¿Y de puertas adentro? Cierto que la Justicia, dentro de los servicios públicos, es el que menos ha mejorado. Su calidad se puede calificar de deficiente. Y eso ha hecho que las empresas hayan huido de los jueces y hayan optado por el arbitraje. “Sí, pero menos”, matiza Fernández Armesto. Y lo razona de la siguiente manera: “Todavía hay una gran desconfianza porque las empresas recelan de la independencia e imparcialidad de los árbitros. Y eso se debe a que no hay una gran institución independiente e imparcial que administre el arbitraje”. Cierto que existen instituciones arbitrales con gran reputación, y asociaciones como el CEA o la Asociación para el Fomento del Arbitraje (AFA), entre otras, que han dado un impulso a la propagación del evangelio arbitral en España.

Pero en cada provincia hay un particular reino de Taifas, dependiente de las Cámaras de Comercio. Incluso en Madrid hay tres cortes (una dependiente de la Cámara de Comercio de Madrid, otra del Consejo Superior de Cámaras, y otra privada de los abogados del Estado -CIMA-). Y eso se ha traducido en falta de confianza por parte de los empresarios. Además, acusaciones de amiguismo, de núcleo cerrado, de poca transparencia eran comunes hasta que hace tres años comenzaron a corregirse produciéndose una verdadera catarsis.

Algunos datos de ese cambio de rumbo es que el número de arbitrajes del CIMA ha pasado de 40 a 70 y, lo que es igual de importante, la cuantía de los mismos se ha multiplicado por 3,5. Otro ejemplo: en la Corte de Arbitraje de Madrid, a lo largo de su historia, en el 99% de los casos se ha respetado el laudo. “En muchos de los casos, la cuantía por la que se llega al arbitraje oscila entre 40.000 y 60.000 euros. Pero si hablamos de cifras entre 100.000 y diez millones de euros, los litigios siguen estando ubicados en la jurisdicción. Sería bueno que el arbitraje acogiese a esa clase media”, sostiene Antonio Hierro, senior partner de Cuatrecasas y copresidente de CEA. Y Jesús Remón, su compañero en la presidencia de CEA, y socio de Uría Menéndez, añade: “Eso no significa que todo vaya al arbitraje. Se trata más bien de que los operadores económicos puedan elegir, reducir costes y ser más competitivos”.

Es lo que hizo una gasolinera, que no acabó convencida con el asfalto que otra empresa colocó en sus instalaciones. Tras someterse al arbitraje, en seis meses hubo una decisión, un laudo de 60 páginas, con un análisis detallado… y un coste más bajo que si las partes hubieran acudido a los tribunales. Arbitrajes pequeños y simples que son legión en España, donde se celebran los más rápidos del mundo. ¿La razón? Las reglas dicen que no pueden durar más de seis meses, aunque se pueden ampliar o prorrogar dos meses más. Nada que ver con los grandes arbitrajes internacionales en los que gigantes empresariales ponen toda su artillería pesada convirtiéndose en una guerra de trincheras larga y enconada (tres años duró el de Gas Natural Fenosa con la argelina Sonatrach). “Se convierten en conflictos de destrucción masiva, lentos y caros, en los que los dos contendientes se defienden a muerte y ven al otro como un enemigo. El gran riesgo es convertir esta excepción en regla general”, matiza Armesto.

¿Y qué hay que hacer para que el arbitraje interno prospere? “Que los hombres de negocio conozcan sus ventajas, que los abogados reciban una intensa formación en este campo y que aconsejen a sus clientes introducir la cláusula arbitral en sus contratos, y que los jueces vean al arbitraje no como una competencia, sino como un complemento a su excelsa labor, como ocurre ya con la mayoría de jueces de nuestro país”, puntualiza el director del Área Legal de KPMG Abogados. Pilares sobre los que sustentar un sector que vive su particular boom.