Economía

Por qué cuanto más llueve o más habla Zapatero, menos gastamos en teléfono (y viceversa)

El primer espada de una de las principales operadoras de telecomunicaciones me acaba de confesar que tiene una manía –que es más bien una obsesión profesional-: observar el comportamiento de los españoles en el uso del teléfono móvil y hacer teorías psicoeconómicas. Ahí van algunas conclusiones, no científicas, pero sí relevantes viniendo de quien vienen. La primera es que nuestro estado anímico, más allá de la crisis, es clave para el gasto: “Cuando habla Zapatero el consumo del teléfono cae un 4%”. Esto es un punto más de caída respecto al “3% de bajada cuando llueve”. El mal tiempo y la política no nos animan. Eso sí, si amanece un día con sol –felizmente, los rayos solares nos llegan con cierta facilidad en este país-, el consumo “sube un 3%”.  Otro dato más: si cae una buena nevada, el gasto “aumenta un 10%”. Que la nieve nos motive más que el agua que exprimen las nubes para llamar a nuestros amigos, desconcierta, salvo que pensemos que en los días nevados nos quedamos en casa, junto a la chimenea, y ahí la tentación del teléfono es mayor.

Más lecturas. Entre semana, el día de menos consumo es el domingo. El sábado viene a ser como un lunes. Si ya hablamos de banda ancha de Internet, las franja horaria indiscutible de uso es entre 21.00 y   la 1 de la noche, motivados los internautas por la palabra que empieza por S.

Le pregunté por si había alguna diferencia en el consumo entre hombres y mujeres, entre jóvenes y menos jóvenes, y me dijo que estas teorías todavía las está cocinando.

Este primer espada ha detectado –esto ya es más obvio- que la gente cada vez quiere pagar menos por su móvil. Vamos, que en telefonía está pasando lo que en las aerolíneas, la gente quiere low cost. Viajar –o llamar-, al precio más bajo posible. “Cuando la crisis haya pasado, dentro de 2 ó 3 años, la gente seguirá igual en su comportamiento. Han visto que pueden ahorrar en su factura hasta un 40%. Por qué pagar más”, dice. Ciertamente, en nuestro saturado mercado de telefonía – más de 50 millones de líneas-, el año pasado cinco millones de usuarios se pasaron a la competencia –la ley general de Telecomunicaciones facilita la portabilidad en 24 horas-. Parece que las grandes operadoras –Movistar, Vodafone y Orange copan el 95% del mercado- no consiguen convencer a sus clientes de que están en buenas manos pese a sus grandes campañas de marketing. En este escenario, lo más  probable es que los precios de la llamada por minuto sigan bajando. Ya hemos pasado de los 20 céntimos por minuto, a los 8 céntimos. Pero queda margen de recorrido. Sólo basta ver que en algunos países del norte de Europa se pagan 3 céntimos por minuto. Después de todo, en este mundo de los skype y compañía, la voz es cada vez más una commodity, una materia prima que pierde valor.