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El coche eléctrico no enamora a las empresas. ¿Por qué será?

Hay quien lo vio como un auténtico flechazo. Incluso hubo quien predijo que sería el primer paso para que luego, los particulares, apostaran por los “chispas” cuatro ruedas. Pero, más que un amor a primera vista, se está convirtiendo en un auténtico gatillazo. Según un estudio realizado entre 4.500 gestores de flotas de pymes y grandes empresas en quince países de Europa, sólo un 4% de las empresas planea sumarse a la moda eléctrica en los próximos tres años, según el Barómetro del Vehículo de Empresa de Arval, compañía de renting del Grupo BNP Paribas,. Un desencanto que en España es todavía mayor, ya que tan solo un 2% de las firmas españolas apostará por el vehículo eléctrico antes de 2014.

¿Por qué donde antes hubo amor ahora hay recelos? La frustración viene motivada, fundamentalmente, por las limitaciones de uso que encuentran las compañías en estos vehículos. En concreto, un 34% acusan de la falta de una oferta lo suficientemente versátil como para ajustarse a sus necesidades. Además, la oferta de modelos es escasa, y si nos atenemos a su tamaño y autonomía, están más orientados a facilitar los desplazamientos urbanos que a servir como herramienta de trabajo. Un pinchazo que se debe al escaso alcance de las baterías (tres de cada diez compañías así lo afirman). Si su alcance superara los 300 kilómetros, entonces sí valorarían su incorporación a la flota.

Pero pese a su bajo consumo energético por kilómetro recorrido, hay otras razones que han hecho que las firmas no caigan rendidas a sus pies. Por ejemplo, la escasa red de talleres que garanticen el mantenimiento o la reparación eficaz en cualquier punto geográfico del territorio nacional. Y ni siquiera las ayudas públicas han servido para hacer más atractivo el vehículo eléctrico, aunque el 40% de las compañías lo consideran un estímulo. Un dato: la introducción de estos coches no está viniendo de la mano de flotas numerosas como las grandes empresas o las administraciones públicas, sino a través de pequeñas operaciones. En este sentido, las matriculaciones en España solo sumaron 82 unidades en el primer trimestre, frente a los 400 del mismo periodo de 2010 (muy lejos de los objetivos del Gobierno, que para finales de 2011 prevé alcanzar un parque de 20.000 vehículos de este tipo).

¿Y los híbridos? Pues tampoco son un amor a primera vista. En el pasado año sufrieron una caída del 47% en cuanto a la intención de uso por parte de las empresas. Y solo un 16% de las compañías españolas y un 22% de las europeas se plantea incorporarlo a sus flotas en los próximos tres años. Por tanto, parece que no van a saltar chispas.