Economía

Un español en la corte de Barack Obama

Cuando con quince años hizo las maletas para aprender inglés en los meses de verano en Estados Unidos, al canario Juan Verde no se le podía pasar por la cabeza que un día trabajaría a las órdenes del  hombre más poderoso del mundo, que figuraría entre su guardia pretoriana y que incluso sería tratado por el presidente con particular afecto. Hoy Johnny Green, que es como le llama “cariñosamente”  Barack Obama cada vez que despachan en la Casa Blanca, es subsecretario de Comercio para Europa y Eurasia –una suerte de secretario de Estado a la española– y supervisa las relaciones comerciales con medio centenar de países. Y las buenas lenguas  dicen que todavía seguirá escalando peldaños. “Cuando estoy en la Casa Blanca y coincido con Obama, no salgo de mi asombro, siempre me digo que alguien se ha equivocado y que estoy ahí ¡por error!”, dice, modesto, el político de 40 años nacido en Telde, un pueblo de Gran Canaria.  Pero no es un error. Seguro que no. Verde lleva más de 15 años trabajando con la flor y nata de los demócratas –Al Gore, Bill Clinton, John Kerry…– y es un valioso y probado activo para movilizar el voto hispano en las elecciones presidenciales. Lo fue en 2008 y lo va a ser en 2012. “Yo en Washington soy un hispano. Siempre he pensado que todos los hispanos, incluidos los españoles, tenemos que tener la misma etiqueta en Estados Unidos”, dice con orgullo.

Humilde y emprendedor, este licenciado en Ciencias Políticas por la Universidad de Boston y máster en Administración Pública por Harvard siempre ha tenido metido en el cuerpo el gusanillo de la política. Un gusanillo muy demócrata.

¿Hacer política en España es muy distinto a hacer política en EEUU?

–Totalmente distinto. No he hecho política en España pero lo puedo intuir. Leo mucho sobre lo que pasa en mi país. En España ser político es muy difícil. Tiene una connotación negativa y supone un gran desgaste personal. La inmensa mayoría de políticos son políticos para toda la vida, mientras que en Estados Unidos es muy normal y aceptable que un empresario pase a la esfera pública, y alguien del sector público pase a la empresa privada. Este sistema es mucho más enriquecedor. Otra gran diferencia es el sistema de listas cerradas,  que allí no se entiende. Estas listas cambian la dinámica. El congresista estadounidense le debe lealtad al elector, no al partido. Te puedes permitir el lujo, para bien o para mal, de no votar en la misma línea que tu partido.

Entonces, para usted la política no es un oficio de por vida.

–No. Yo siempre he estado dentro y fuera. He trabajado para una multinacional y he sido empresario. También he sido emprendedor en España, donde estuve de 2004 a 2009 y monté una empresa de consultoría.

¿Usted haría política en España?

–No tengo intención de hacer política en España. Además, no sería ni del PSOE ni del PP. La gente me dice  tú en España serías socialista. Francamente, no, les respondo. Yo en España no me identifico ni con un partido ni con otro. El Partido Demócrata está a la derecha del PP en política económica; pero mucho más cerca del PSOE en política social.

¿Habiendo llegado tan alto, qué más le gustaría hacer?

–De momento, seguir en la política norteamericana. A largo plazo, no sé exactamente lo que quiero hacer, aunque sí me gustaría mantenerme vinculado al mundo de la política porque creo que es la forma más efectiva de cambiar lo que no te gusta de una sociedad. Por eso participé en la campaña de Obama, para implantar cambios absolutamente necesarios como la reforma sanitaria. Más de 40 millones de americanos tienen un acceso mínimo a la sanidad, algo que nos extraña a los europeos.  Transformaciones como la financiera o la gran apuesta por un nuevo modelo de infraestructuras del siglo XXI –la red eléctrica, el tren de alta velocidad, las renovables…– son las oportunidades que te da la política. Y no quiero perdérmelas si no tengo por qué.

Verde, que también tiene pasaporte estadounidense, se ha americanizado con el paso de los años, aunque ello no se note en el hablar, salvo algunas expresiones anglosajonas que se le escapan inconscientemente.  Cuando se le pregunta qué le pesa más, en el corazón y en la mente, su lado americano –lleva más de media vida en el país del Tío Sam– o su lado español responde, diplomáticamente, que intenta quedarse con lo mejor de ambas culturas. “Creo que tengo la capacidad española de ser flexible, de adaptarme a las situaciones; porque los españoles son muy buenos en momentos de crisis. Pero también tengo la parte americana: creo el trabajo, en el sacrificio. El  hard work [trabajo duro] lo tengo clavado hasta la médula”.

Por muy americanizado, lo cierto es que la tierra le sigue tirando mucho. Ha visitado en contadas ocasiones España a título oficial pero, privadamente lo hace muy a menudo. Así que le tiene tomado el pulso a la economía española y tiene esa visión privilegiada del que mira desde dentro y desde fuera.

Desde Washington, ¿da la sensación de que España, y su milagro económico, se hunde?

–Sorprendentemente, se ven dos realidades. Una es la realidad financiera y la crisis por la que está pasando España, que es difícil. El mundo financiero de Wall Street y algunos inversores no entienden la situación española. Nos ponen en la misma categoría junto con Grecia, Portugal o Irlanda, cuando la economía española no tiene nada que ver con estos países. Hay un gran desconocimiento de la realidad y la idiosincrasia españolas. Por otro lado, España está de moda en Estados Unidos: en la alta cocina, en el arte, en el cine…

–¿Pero los editoriales de la prensa norteamericana critican con dureza?

–Sí, hay una gran crítica hacia España. Pero si se le  pregunta al señor de la calle que no sabe de finanzas, responderá que España está de moda.

–¿Los americanos confían  a largo plazo en España?

–El Gobierno de EEUU ve a España haciendo lo que tiene que hacer. Tiene que seguir por el camino de las reformas. Pero, paralelamente, también tiene que seguir comunicando a la comunidad internacional lo que está haciendo y por qué lo está haciendo.

–¿Quiere decir que la política de comunicación no está siendo acertada?

–No me haga esta pregunta que pierdo mi trabajo. Yo no voy a decir lo que se está haciendo mal.  España debe seguir comunicando de una manera estratégica lo que hace y por qué lo hace. Es probable que la inmensa mayoría de los inversores sigan sin entender por qué la percepción que tienen del país es errónea. Pero una España fuerte y una Europa fuerte son absolutamente cruciales para Estados Unidos.

Este businessman, buen conocedor del campo de las energías renovables –Al Gore lo eligió como presidente del Climate Project en España–, tiene muy estudiada la presencia española en la superpotencia. Y no hace más que animar a cruzar el charco, en parte porque es su trabajo y en parte porque así lo siente. “Las empresas multinacionales españolas pueden codearse con las mejores del mundo”, sentencia con orgullo.

¿Qué hay de aquella etapa dorada que se anticipaba para las empresas españolas en EEUU con la llegada de Obama?

–Pues hagamos un análisis objetivo. El mayor inversor extranjero en renovables en EEUU es España. Iberdrola factura casi el 40% en EEUU. Dentro de sus dos pilares de crecimiento, uno es EEUU. Iberdrola es el segundo operador de energía eólica en EEUU. Abengoa, por ejemplo, está construyendo la mayor planta solar del mundo. Están prácticamente todas las empresas, y les está yendo muy bien. Sí, se esperaba mucho más. Pero a diferencia de hace cuatro años, cuando apenas había presencia española entre las grandes empresas norteamericanas, no sólo les va bien, sino que están siendo muy competitivas en el mercado más competitivo del mundo.

–¿Y por qué las pymes le tienen tanto pánico escénico a este mercado?

–Ahí da en el clavo. Las grandes están todas  y lo están haciendo con proyectos de crecimiento muy ambiciosos. La asignatura pendiente son las pequeñas y medianas empresas. Era más fácil dar el salto a Latinoamérica, donde hay un idioma y unos valores culturales comunes. Pero EEUU tiene muchas ventajas: hay un nivel de riesgo muy bajo, una transparencia absoluta, y un marco regulatorio que protege la propiedad intelectual y permite hacer fácilmente alianzas.

El subsecretario de Comercio le lanza a las pymes una recomendación: además de intentar adaptarse al mercado y desarrollar una mentalidad tan flexible como la de los estadounidenses,  hay que aprender las leyes del lobby. “Para hacer negocios en EEUU tienes que entender el componente del lobby, es la forma de dar a conocer tus punto de vista frente a las empresas y el Gobierno”.

El Juan Verde político  –cuya exitosa trayectoria dice que es fruto de “un poco de suerte y de perseverancia  en una sociedad meritocrática en la que la gente te da oportunidades en la medida que puedas aportar valor”– tiene claro que va a seguir remando en el barco del líder demócrata, aunque su estrella ya no brille como antes.  El español es leal a Obama y este último parece haberle reservado algún cargo de peso en la campaña electoral de 2012, que se antoja reñida. ¿Qué cargo? El sonríe al tiempo que esquiva la mirada del periodista. Señal de que Obama sigue apostando por el canario Johnny Green.