Economía

Cómo sobrevivir con nueve hijos en casa

“Lo mismo de siempre ahora nos cuesta mucho más”. Son palabras de Mar Dorrio, madre de nueve hijos de entre 13 años y 10 meses. “Todo son gastos”, indica Luz González, con siete hijos, el mayor de siete años, y el pequeño con tan solo un mes. “Hago auténticas cábalas para llegar a fin de mes”, afirma María del Mar Quintas, cuyos cuatro vástagos tienen entre 15 y 4 años. “Siempre estás ajustando y desajustando el presupuesto”, comenta Miguel Janer, padre de siete hijos con edades que abarcan desde los 13 hasta los 3 años.

Son solo cuatro testimonios de lo cuesta arriba que se hace sacar adelante una familia numerosa en España, mucho más cuando las aguas de la economía bajan, más que revueltas, turbulentas. “Ser padre de familia numerosa supone un deporte de riesgo y más en tiempos de crisis. Es como invertir en un hedge fund: alta rentabilidad y alto riesgo. Pero es interesante”, compara Miguel Janer. Pero estos cuatro casos podrían ser un millón, porque ese es el número de hogares con tres o más hijos que hay en España, aunque solo 466.000 poseen el correspondiente título o carné oficial de familia numerosa. “La crisis no solo se ha traducido en menores ingresos y paro. También el Estado ha visto recortados sus ingresos, lo que ha frenado ayudas como el cheque bebé”, argumenta Gerardo Meil, catedrático de Sociología de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM).

Y es que el paro y menos ayudas son dos lacras a las que no ha sido inmune este colectivo. Según un estudio de la Federación Española de Familias Numerosas (FEFN) y del portal de empleo Infojobs, el 62% de las familias sufre el problema de desempleo, afectando en un 13% a los dos progenitores. “El problema es más grave en este tipo de familias porque tienen más hijos y más gastos básicos que afrontar”, afirma Eva Holgado, presidenta de la FEFN.

Una de las personas afectadas por esta lacra fue el periodista Miguel Janer, aunque logró reincorporarse pronto al mercado laboral. Eso sí, cambiando los cromos: “Hasta hace cuatro años yo era el que trabajaba todo el día fuera de casa y mi mujer tenía más tiempo para dedicarse a los niños. Ahora soy yo el que trabaja en un colegio como profesor hasta las cinco de la tarde, y me encargo de los niños a partir de esa hora. Mi mujer trabaja de nueve a nueve. Esta es la auténtica flexibilidad laboral”.

Una reentré que no siempre es fácil. Y menos si quien tiene que hacerlo es la madre. “Ellas tienen más dificultades porque se le asocian las cargas familiares, lo que es absurdo, injusto y discriminatorio”, subraya la presidenta de la FEFN. Por su parte, los maridos de Mar (trabaja como profesor en la Universidad de A Coruña) y María del Mar (es liberado sindical), no han sentido los efectos del desempleo, pero sí han visto como sus sueldos se han visto afectados por los recortes del Ejecutivo. “Se lo han bajado dos veces y esperamos que haya una tercera”, señala María del Mar.  

Ya sea con cuatro, con siete, o con nueve hijos, lo cierto es que las familias numerosas comparten un elemento común denominador. Mejor dicho, dos: elevados gastos y necesidades de espacio. “Vivíamos en un piso de protección oficial de 90 metros cuadrados. Luego logramos comprar otro idéntico al lado, pero nos costó muchísimo papeleo”, apunta Mar Dorrio.

¿Y los gastos? “El 95% de nuestros ingresos se los llevan gastos fijos como colegios, piso en alquiler, crédito del coche, comida, ropa, señora interna, alguna vez una señora de apoyo y gastos recurrentes”, afirma Miguel Janer. Más desembolsos extraordinarios como regalos en navidades, actividades extraescolares o cumpleaños que se solventan gracias a una buena señora llamada paga extraordinaria y a trabajos esporádicos.

Elevados también son los pagos en el domicilio de Mar Dorrio: unos 3.900 euros mensuales, contando la hipoteca, por unos ingresos que rozan los 3.600 euros. “La diferencia se compensa con las pagas extras”, matiza Mar. Y la situación se repite en el hogar de María del Mar (3.000 euros en gastos frente a unos ingresos de 2.700 euros): “En algunos momentos nos ayudan mis suegros”.

Por tanto, la santa nómina se revela a todas luces insuficiente. Y más cuando se sufre la avalancha de subidas en recibos como el de la luz, el gas o el agua. “El Estado no ha sabido dar respuesta a necesidades básicas como adaptar el precio del agua a este determinado colectivo”, afirma el catedrático de Sociología de la UAM. Y es que no es lo mismo un lavavajillas en un hogar monoparental que en otro donde convive una legión, por ejemplo. O bañar a dos que bañar a diez. “La compañía eléctrica nos ayuda con el bono social que, en el mejor de los casos, suelen ser unos diez euros al mes. Pero, por otro lado, nos penaliza al superar un determinado consumo”, se lamenta Luz González. Una queja a la que añade otra relacionada con la gasolina: “Antes me gastaba unos 30 euros a la semana. Ahora son 50 euros”.

Por eso, la familia de María del Mar Quintas solo utiliza un vehículo de siete plazas los fines de semana. Y, entre semana, una moto. “Hemos hecho hasta un cursillo de conducción eficiente, ¡y vaya si se nota!”, comenta María del Mar. ¿Y adquirir uno nuevo que consuma menos? Imposible, aunque se les haya quedado pequeño. “Ya no vamos legales todos, por lo que en muchas ocasiones tenemos que ir en bus urbano”, apunta Mar Dorrio.

¿Y cuáles son los meses más complicados? De las anteriores respuestas se deduce que aquellos en los que no llegan las pagas extras. Es decir, casi todos. Pero hay uno que está marcado con rotulador rojo, y no con un rojo cualquiera, sino con un rojo chillón: septiembre. “Mis siete hijos en edad escolar van a centros públicos, y aunque hay préstamos de libros, el gasto en material escolar no te lo quita nadie. Y yo no estoy dispuesta, por ejemplo, a comprar siete diccionarios iguales, por lo que les he dicho a los profesores que dejen que los niños se los intercambien”, argumenta Mar Dorrio. Los retoños de María del Mar Quintas, por su parte, asisten a un colegio concertado, cifrándose el gasto en unos 700 euros mensuales, con comedor incluido.

Respecto a las vacaciones (eso sí, cuando se puede), lo más socorrido es ir a la casa de los suegros o de los amigos. Aunque, como en el caso de María del Mar Quintas, las aprovechan para sacarse un dinerito: “Durante los dos últimos años hemos ido a un campamento en Suiza donde mi marido y yo hemos dado clases”. Y en ocasiones, no solo sirven de asueto, también supone dejar de ser bichos raros por unos días. “Unos en tren, y otros en coche, nos vamos quince días a un pueblo de Huesca donde se reúnen muchas familias numerosas. Tantas, que hasta una de mis hijas me dijo una vez: ¡mamá, aquí no nos cuentan”, relata Mar Dorrio.

Vistas sus historias, no es de extrañar que se sientan penalizadas por tener tantos hijos, y que levanten su voz por la escasa protección de que disponen. Un dato: España invierte en la familia y en la infancia un 1,2% de su PIB, por debajo de la media europea (2%), y solo por delante de Malta (1,1%) y Polonia (0,8%).

Ya sea porque vienen, porque Dios se los da, o porque forman parte del proyecto vital de la familia, los hijos tienen beneficiosos efectos sociales y económicos. “El sistema español de redistribución de la renta es ciego a la rentabilidad social que generan los hijos”, argumenta el catedrático de Sociología de la UAM. Porque tener una familia numerosa, digámoslo así, es el mejor fondo de pensiones. Son ellos los que acabarán pagando las pensiones del futuro. “Cuantos más seamos, mejor vamos a estar”, indica Miguel Janer.

Pero, para que sea posible, son necesarias una serie de actuaciones que favorezca al colectivo. Entre ellas, una prestación por hijo a cargo, similar a la que existe en países como Bélgica o Francia, y no la actual, de 24 euros al mes para familias de tres hijos cuya renta no supere los 17.000 euros brutos. Porque, con la legislación actual, el 90% de las familias no puede acceder a la misma. O la eliminación de cualquier forma de discriminación en el consumo de suministros básicos como la luz o el agua; transporte público gratuito hasta los 12 años; o el mantenimiento de la condición de familia numerosa hasta que el último de los hijos cumpla el límite de edad establecido por la ley. “Es una cuestión de Estado en la que no valen parches. Por eso, es prioritario potenciar y estimular a las familias numerosas, ya que aportan consumo y trabajadores a la sociedad, fundamentales para salir de la crisis”, argumenta la presidenta de la FEFN. Una llamada a la que no conviene hacer oídos sordos.