Economía

Empresarios que prefieren más sonrisas y menos millones

POR HAROLD RIZO.

Innovadores, creativos y, sobre todo, tremendamente sensibles con los problemas de la sociedad. Así son los empresarios sociales que viven un nuevo boom en España y que proponen otra forma de hacer negocios.

Juan Ruiz es un empresario atípico, más si cabe en los tiempos que corren. Donde otros buscan trabajadores hiperproductivos o  prefieren máquinas que sustituyan a las personas, él confía la marcha de sus telares a un grupo de empleados con “dificultad de aprendizaje”, que es como le gusta llamar a sus más de 20 colaboradores con discapacidad.  “Ellos tienen otras habilidades con las manos, los oídos”, afirma.
Gracias al trabajo de sus  habilidosas manos, de las que salen unos 18.000 metros lineales de tejido que luego se convierte en bufandas o chales, la empresa de Terrassa está a punto de cumplir treinta años de vida; una demostración clara de que es posible aunar los intereses empresariales con la responsabilidad social.
Curiosamente, Juan Ruiz no se considera un empresario social, aunque lo es como la copa de un pino: “Nunca me he sentido un emprendedor social. En los últimos años, me encontré con esta denominación pero, en el fondo, cuando empecé a trabajar y formar la empresa mi pretensión era ser fiel a una intuición: basarme en el trabajo como medio de subsistencia pero con un compromiso social”.
El empresario catalán no está solo. De hecho, en España no dejan de proliferar emprendedores con visión social, incluso en esta etapa financieramente tan convulsa. En un reciente informe del Ministerio del Trabajo –Las Grandes cifras de la Economía Social en España- se concluye que la economía social  ya representa el 10 por ciento del PIB. Y aunque en esta rúbrica se incluyen los actores más variados, desde las ONG hasta las cooperativas y algunas fundaciones, sirve para hacerse una idea de la importancia de las actividades comunitarias. No hay datos exactos de cuántos emprendedores sociales hay, pero se tiene la intuición de que esta actividad va a más.

Innovadores y creativos.  ¿A qué se debe este auge? “Visto que la situación económica es compleja y las políticas sociales son insuficientes, las personas necesitan buscar soluciones a sus problemas, con innovación y creatividad. Está más que demostrada la eficacia de los proyectos sociales”, dice María Calvo, directora de Ashoka, una de las organizaciones más reconocidas en este sector. El fenómeno se da en toda España, si bien en Cataluña suscita un mayor interés, tal vez porque hay menos instituciones con proyectos sociales.
Al emprendedor social se le suele definir como un  innovador  creativo  con un alto compromiso social y una gran capacidad de liderazgo. No todos los emprendedores son jóvenes, ni muchos menos, pero  siempre el motor principal de sus ideas es ayudar al prójimo y no ganar dinero a espuertas. “Tienen en común que raramente buscan grandes beneficios y mucho menos convertirse en millonarios, aunque desarrollan modelos que les permiten garantizar la continuidad y sostenibilidad de sus iniciativas”,  dice Calvo.
Veamos algunos ejemplos: un grupo de informáticos  han creado  una empresa, Tarifas Blancas, que desde la web ofrece ofertas de productos con grandes descuentos, así como información relacionada con el autoempleo y  las ofertas de trabajo.  Sus creadores, quieren aportar una página que transmita esperanza.
Tarifas Blancas hace lobby con muchas empresas para convencerles de  que ofrecer productos  a los parados es una gran oportunidad desde el punto de vista de la responsabilidad social y, desde el económico.  No es caridad, sino una forma de llegar a un mercado de gran tamaño que representa el 21 por ciento de la población española (unos 5 millones de parados, sin sumar sus familiares).
Otro botón de muestra: Red Calea, una agrupación motivada y comprometida con ampliar y consolidar el papel de la agroecología rural. Los estudios de química agrícola le permitieron  a Beatriz Fadón, su fundadora, darse cuenta del daño que se hacía al medio ambiente a través de los métodos agrícolas tradicionales y  por eso decidió crear esta red.
Comenzó a cultivar y vender sus propios productos orgánicos en el corazón de Extremadura, donde encontró una fuerte resistencia y oposición,  y por ello decidió implementar un modelo inclusivo que permitiera a los productores ser parte de cada etapa del proceso de producción.
Enerpellet es otro llamativo proyecto centrado en la protección del medio ambiente. Utiliza como materia prima el pellet, una biomasa generada por la recuperación o utilización de subproductos derivados de la madera (serrín) y catalogada como C02 neutro. El componente social se manifiesta en dos aspectos: por un lado, utiliza de manera masiva la biomasa para la producción de calor mediante prácticas forestales sostenibles y, por otro, propone un modelo en el que participan todos los actores que intervienen en el proceso, dando un papel de protagonista a los productores, ya sean públicos o privados.
El modelo implementado por  el fundador Martín Ascacíbar es el de “cooperativa de capitales cruzados”, que hace posible que aproximadamente el 80 por ciento del beneficio de comercialización vuelva a manos de los productores.
Los emprendedores sociales  están cada vez más arropados.  Están surgiendo varias organizaciones e instituciones que apoyan a los emprendedores para que puedan impulsar su idea, tanto a nivel económico como con asesoría y recursos técnicos facilitando la creación de una red de colaboraciones y alianzas.
Socialnest es una de estas redes protectoras. Fundada por Margarita Albors  en Valencia, su meta es crear un ecosistema que ofrezca apoyo, formación y oportunidades. Momentum Project, apadrinado por ESADE y BBVA, es otra iniciativa en la misma dirección.
Sin duda,  en el contexto actual se necesita  de empresarios atípicos como Juan Ruiz de Teixidors. Empresarios que, buscando más sonrisas y menos millones, nos ayudarán a salir de esta dura crisis.