Economía

Estrellas en la sombra: el desconocido mundo de los representantes

Si usted no es uno de ellos, seguro que tiene mala imagen de este colectivo.  “Los representantes son lo peor de la profesión: informales, celosos, bloquean al actor pensando en sacarle mayor porcentaje… No velan por lo mejor del actor, sino por su comisión”, dice un productor de cine. Al otro lado no admiten estas críticas, aunque reconocen que entre ambos, productora y representante, hay mucho tira y afloja. “A veces tengo que pelearme con los productores porque quieren que los actores salgan donde sea antes del estreno de una película, y eso incluye programas a las tres de la mañana, porque piensan que ahí está su público. No hay que sacrificar la reputación por vender tres butacas más”, argumenta Katrina Bayonas, principal representante de actores y actrices en España.

¿Cuál es la verdad de los representantes de las estrellas? ¿Ganan mucho y trabajan poco como piensan algunos? ¿O eso es una imagen falsa alentada por los contratos –y comisiones– millonarios que se pagan en el fútbol? ¿Arriesgan? ¿Sufren la crisis?

Lo primero que hay que decir es que, según el sector del que se trate, sus quehaceres y sus remuneraciones son de lo más variadas. Y, por supuesto, no es como en el fútbol. “Los ingresos de esta profesión han bajado mucho. Muchas empresas o managers lo han dejado. Aun así, es como en cualquier sector. No es lo mismo ser manager de Cristiano Ronaldo que de una joven estrella”, dice Rosa Lagarrigue, principal agente de grupos de música en España.  “No estamos mal pagados, pero recibimos lo apropiado. Trabajamos igual o más que el actor. Hay que tener en cuenta que, si el actor no cobra, el representante tampoco, y ha de trabajar igual”, argumenta Katrina Bayonas.

Aunque desde fuera parezca que los representantes están ahí sólo negociando contratos, sus tareas son bastante más variadas y, hasta variopintas. Además de lidiar con todos (productores, discográficas, equipos, patrocinadores…) para conseguir sacar el máximo partido de sus estrellas, los representantes también son como una especie de personal assistant que debe bajar a pequeños detalles como sacar a una actriz de una habitación tamaño armario, en la que debía permanecer dos meses, o enviar a alguien dos meses a EEUU para ayudar con el inglés al baloncestista Sergio Rodríguez y lograr así un aterrizaje más suave en la NBA.

¿Qué cualidades se exigen para ser bueno en la materia? Los buenos contactos son clave, pero también conocer al detalle el sector y, sobre todo, tener buen olfato para descubrir a futuras estrellas. También hay que saber manejar muy bien la sintonía entre ambos, que a veces deriva en una profunda relación. Depende. “Hay jugadores con los que hablas una vez al año; otros llaman con más frecuencia”, dice Arturo Ortega, uno de los representantes de jugadores de baloncesto más veteranos.

Vayamos al precio. ¿Cuánto se llevan ellos? Según el sector, hay diferentes baremos. En el caso de Katrina Bayonas, su agencia se lleva el 15% de los contratos de los actores de cine y el 10% del de los de teatro. Si tenemos en cuenta que actrices españolas como Leonor Watling o Pilar López de Ayala –no representadas por Katrina– pueden cobran alrededor de 150.000-200.000 euros por película, podemos deducir que los ingresos de una representante de cine en un film como ese, con una de esas actrices, pueden rondar los 22.500/30.000 euros.

El mismo porcentaje obtiene Antonia Kerrigan de los escritores que representa, aunque las cifras son muy variables. Los agentes perciben entre el 10% y el 15% de los adelantos abonados a los autores –que pueden ir de 500 euros al millón de euros o más–  y el 10% de las ventas, que puede incluso subir al 15% si éstas son mayores.

La agencia del ex tenista Carlos Costa, representante de Rafa Nadal, percibe entre un 10% y un 20% de los patrocinios de sus tenistas. Y la de Rosa Lagarrigue, en el campo musical, se lleva entre un 20% y un 30% del movimiento global de cada artista (contrato con la discográfica, patrocinadores, conciertos, etc.). ¿Mucho dinero? Sí, pero también mucho trabajo.  “Aquí negociamos los contratos, hacemos el seguimiento, lo cuidas, contratas las giras, montas las producciones de los conciertos, estás con el artista en todas sus actividades…”, argumenta Lagarrigue. Además, cada artista y cada grupo es un mundo. Por ejemplo, en los conciertos, los cachés de los artistas oscilan entre los 500 euros por actuación en los grupos que empiezan y los 300.000 euros de artistas muy consolidados, aunque en eventos privados se puede pagar más. Y del porcentaje que se lleva la agencia por el concierto, hay que descontar pagos a intermediarios, casas de discos, gastos de estructura… Con la crisis, el número de conciertos ha caído. Un artista de un caché de 50.000 euros, en un año de éxito, podía dar 70 conciertos la década pasada. Ahora daría entre 20 y 25.

Sí. La crisis también les ha afectado. Por motivos evidentes y otros más pintorescos. “Hay ayuntamientos que han acostumbrado a la gente a no pagar entrada. Con la crisis no contratan, y el público no tiene costumbre de pagar entrada, lo cual hace imposible la iniciativa privada”, dice Lagarrigue. En los libros, “los adelantos que se pagan a los autores son más bajos; los editores tardan más en pagar; los editores extranjeros pagan menos; las editoriales contratan menos”, apunta Kerrigan. Y en el deporte, “hay reducciones en los presupuestos de los clubes y dificultades para cobrar en los jugadores y agentes. A la hora de llevar a un jugador a un equipo u otro, se valora más a los que ofrecen mayores garantías de pago”, dice Arturo Ortega. Ya lo ven: ni siquiera en el deporte, en el que se mueven grandes cantidades de dinero,  la crisis deja de pasar factura. Aquí no se libra nadie. Ni los a veces injustamente difamados representantes.

Rosa Lagarrigue: representante de cantantes y grupos de música

“Con Mecano aprendimos latín”

Empezó siendo manager de Miguel Bosé, siguió con Mecano y ahora representa en su agencia a una larga lista de cantantes y grupos de música que abarca desde Alejandro Sanz a Melendi, pasando por Malú, Amaia Montero, los raperos Porta y Mala Rodríguez, Revólver, Raphael, Marlango… Un plantel de 18 artistas de auténtico lujo para su empresa RLM. Los idiomas y su visión internacional del negocio son los que han ayudado a esta chilena a convertirse en la principal representante musical en España. Lo ha conseguido, entre otras cosas, por su currículum. A los 23 años, en 1978, hablaba cuatro idiomas (inglés, francés, italiano y español) y había viajado (fue profesora de baile en Italia y trabajó en una compañía de danza en Israel), algo poco usual en España. Estas cualidades, unidas a su amistad con Miguel Bosé, con quien compartió clase en el Liceo de Madrid, fueron las claves para el inicio de su profesión como representante junto a este artista. Arrancó como asistente, y al cabo de un año, Bosé le pidió que le llevara todo, que fuera su manager. Pero la aventura duró poco. Discrepó con Miguel Bosé, al que sigue considerando un hermano, y se fue al departamento de internacional de una discográfica. Ahí conoció a otro estandarte de la música española: José María Cano, uno de los miembros del grupo Mecano. Lagarrigue había colaborado en abrir paso a Miguel Bosé por Francia, Italia y Latinoamérica. Y eso era precisamente lo que interesaba a Mecano: salir al exterior. Mecano fue el grupo con el que Lagarrigue abrió RLM. “Con Mecano aprendimos latín. Fue una barbaridad”, explica. Además de salir fuera, el reto con este grupo “era estar en medio de tres genios con caracteres muy fuertes, especialmente los dos hermanos Cano. Si Ana Torroja también hubiera tenido un carácter fuerte, el grupo habría explotado”. Aun así, como es conocido, el grupo se disolvió. Una pena, porque “estaban a punto de romper en mercados como Alemania, Argentina y Estados Unidos”. Por fortuna para esta gran agente, cuando Mecano aún estaba en pleno apogeo, en 1991, apostó por otro gran talento: Alejandro Sanz. Con él está en pleno desarrollo de su ya espectacular carrera internacional, a pesar de que a Sanz no le gusta nada viajar de promoción. Según Lagarrigue, el cantante tiene bonitos desafíos en la conquista de Europa, EE.UU. y Brasil, además de mantenerse en el mercado latino. Y esto a la agente le gusta. Por eso impulsa la carrera exterior de todos sus artistas. Todo sea porque la música española triunfe en cualquier país del planeta.

Katrina Bayonas: representante de actores

“Los contratos son lo que menos me divierte”

Es la mayor representante de actores y actrices de España. Su agencia representa a nada menos que 150, entre los que se encuentran nombres tan conocidos como Juan Diego Botto, Jordi Mollá, Geraldine Chaplin… Aunque, por supuesto, uno de los grandes hitos para esta inglesa llegó hace veintitrés años, cuando conoció a Penélope Cruz. “Se presentó a las pruebas de Caras Nuevas, nuestro proyecto de descubrir nuevos actores, y fue aceptada entre 350 aspirantes. Tenía claro que, para ser actriz, necesitaba un agente”, explica Bayonas. De todos modos, la agente reconoce que no ha inculcado nada a nuestra internacional actriz. Desde que la conoció a los 14 años, dice, tenía las ideas muy claras. Por ejemplo, no mezclar vida profesional y privada –no ha salido en revistas sensacionalistas–. Tampoco han tenido grandes desacuerdos. ¿En qué influyen, entonces, los agentes? En pequeños detalles del  día a día del actor. Opinan si un guión es apropiado o no para él, envían pruebas a directores, negocian contratos, cuidan la imagen… Hacen de todo menos ponerse delante de la cámara. “En los contratos sigo siendo la última responsable. Es algo que no me divierte tanto, pero ocurre en todos los trabajos: hay cosas que te apasionan y otras que hay que hacer por obligación. ¿Qué me apasiona? Ver un guión, concluir que un actor sería perfecto y conseguirlo”, explica. Como le ocurrió con Penélope Cruz en la película Belle Époque. El director, Fernando Trueba, pidió a Katrina una actriz que hiciera de Luz. Le ofreció a Penélope y Trueba dijo que era la única que no estaba capacitada para hacer ese papel. “Convoqué un casting para buscar las características que pedía  y colé una prueba de Penélope. Fernando se sorprendió al ver cómo podía cambiar su forma de actuar y ver que era la apropiada. Me pidió disculpas”. La experiencia acumulada por Katrina desde que creó su agencia en 1971 le ha servido para deducir qué cualidades necesita un actor: “Tener talento, ser guapa o guapo, ayuda. Pero lo importante es la pasión y la disponibilidad para aprender, y la humildad. Por ejemplo, a un actor a veces le compensa más trabajar en una película que paga mal pero le permite crecer como actor que en una que pagan mucho pero no le aporta nada”. Bayonas considera que lo más importante para un actor es el estudio y la valentía, que sepan quiénes son y lo muestren al mundo. “Adoro a los actores. Son muy valientes”, dice.

Antonia Kerrigan, agente literaria

“Un bestseller depende del azar”

Es la varita mágica detrás de éxitos editoriales como La sombra del viento, de Carlos Ruiz Zafón –14 millones de ejemplares vendidos en todo el mundo–, o El tiempo entre costuras, de María Dueñas –último hit en España, con 800.000 ejemplares comercializados–. Pero su agencia representa a muchos más escritores. En total, a 150, entre los que están José María Merino, Espido Freire, Matilde Asensi, Elvira Lindo, Sergio Vila-Sanjuan… La carrera de esta norteamericana empezó a  principios de los 80 con Carmen Balcells, la famosa agente de García Márquez, Vargas Llosa, Cela, Delibes… De ella aprendió la profesión. “Se lo debo todo”, reconoce Kerrigan. Pero se fue, y en 1985-86 fundó su agencia. Los diez primeros años fueron muy duros. Ni era conocida ni podía llevarse autores de la agencia de Balcells. Pero después de ese periodo, en 1999, representó al mexicano Jorge Volpi, que ganó en España el premio Biblioteca Breve con En busca de Klingsor. Y a partir de ahí, fueron llegando todos los demás. Muy lectora desde pequeña, y proveniente de familia de traductores y escritores, Kerrigan sigue haciendo lo que le gusta. En la agencia son cinco, y ella lee cinco manuscritos de media a la semana. De algunos ve claro el éxito, como le ocurrió con La sombra del viento. O con El tiempo entre costuras. “Pero el bestseller es un misterio. Depende del azar. Hay libros que piensas que están bien, pueden funcionar y se convierten en bestsellers y otros que piensas que van a ser bestsellers y no funcionan tan bien. Lo nuestro es apostar. Somos como ludópatas”. Tanto es así, que Kerrigan no está ni mucho menos segura de que María Dueñas vaya a seguir triunfando: “El segundo libro siempre es el que da más miedo. Sus seguidores lo van a comprar. Pueden sentirse defraudados o no”.

Arturo Ortega, representante de baloncestistas

“Traer a Sabonis fue un máster acelerado”

Los españoles Pau y Marc Gasol, el argentino Manu Ginobili y los lituanos Ilgauskas y Kleiza son algunos de los 35-40 jugadores y entrenadores que representa Arturo Ortega. Un plantel de lujo que se ha ganado después de muchos años de experiencia. Corría el año 1987 cuando Ortega se cansó de ser entrenador de baloncesto. Conocía algo el oficio de representante por el trato que había tenido con los agentes de jugadores norteamericanos y tenía muy buena relación con el entrenador y los jugadores rusos, que solían venir de gira a España en verano. Así que decidió entrar en un mundo en el que sólo ejercían dos personas: José Antonio Arízaga y Miguel Ángel Paniagua. Empezó con el primero y, enseguida se lanzó al apasionante mercado de jugadores de la antigua URSS. “Sabonis fue uno de los primeros a los que representé. Fue fácil convencerle. Cuando viajé a Kaunas para traérmelo, lo más complicado fue la negociación con los militares y autoridades soviéticas y las autoridades lituanas. No se entendía el libre mercado. Fue como un máster acelerado”, cuenta Ortega. Que aprobó con nota, a pesar de que sólo tenía 28 años. Sabonis aterrizó en España, aunque en un equipo que, en principio, no correspondía a su nivel: “Los equipos de mayor presupuesto no confiaban en que sacara al jugador de allí. Sólo lo creyó Gonzalo Gonzalo, el presidente del Fórum Valladolid”, dice. La buena gestión ayudó a Ortega a seguir con el jugador en en toda su carrera. Tras pasar por el Real Madrid, se lo llevó a la NBA: “Sabonis estaba lesionado desde los 20-21 años, pero era tan buen jugador… El médico de Portland –equipo al que fue– no le dio el alta médica, pero lo ficharon y el médico se fue a los seis meses”. Tras el éxito de Sabonis, Ortega movió más talento ruso: Tkachenko, Tikhonenko, Homicius… Y, por supuesto, español. Se llevó a Pau Gasol a la NBA: “Se fue en el momento correcto. Ya dominaba la competición europea, y allí habíamos hablado con agentes y general managers de equipos por los cuales sabíamos que iba a ser elegido entre los cinco primeros de la lista. Compensaba pagar la elevada claúsula que tenía en el Barça”. Sus contactos y experiencia avalaron a Ortega en su decisión.

Carlos Costa, representante de Rafa Nadal

“Soy como uno más de la familia”

Este ex tenista de 43 años, que llegó a ser número diez del mundo, se retiró en 1999. Los dos últimos años los pasó sin agente, gestionándose él mismo su carrera por voluntad propia. Esta experiencia, unida al año y medio que pasó formándose después de dejar las pistas (mejorando el inglés, realizando un postgrado en gestión de empresas…), le sirvió para volver a contactar con su agente e incorporarse a IMG, la macroagencia de representantes desde la que gestiona la carrera de Rafa Nadal. Su misión consiste en sacar el máximo rendimiento posible a los acuerdos comerciales y cuidar la imagen del tenista dentro y fuera de la cancha. Estas tareas incluyen planificar el calendario, las exhibiciones, cuidar el trato con los patrocinadores (Banesto, Kia, Mapfre…): “Trabajo mucho con su padre, en el aspecto económico, y con su tío, en el deportivo. Soy como uno más de la familia”, afirma Costa. Al representante se le ve a gusto con Rafa, con quien ya lleva once años de trabajo mano a mano: “Es natural, educado, inteligente… Y fuera de la pista refuerza su imagen con sus declaraciones”. Eso, por no hablar de las cualidades que aprecia desde su óptica de tenista: “Es un trabajador nato. No funciona con rutina. Cada día mira en qué puede mejorar”. Costa afirma que lo hablan todo conjuntamente, se le pregunta bastante y que Rafa escucha mucho: “Tiene fe ciega en los que le rodean”, dice. Una buena prueba para valorar esta confianza a prueba de bombas fue el cambio de la camiseta sin mangas que lució el primer Nadal a la camiseta con mangas: “Había que hacer evolucionar su imagen, que era la de un chico de 18 años. Nos pusimos a trabajar con Nike para buscar un atuendo correcto que, sin mermar su poderío físico, nos permitiera poder llegar a unos patrocinadores de más alta gama”. Una categoría que corresponde al número uno del mundo.