Economía

BBVA apadrina niños para que sigan en la escuela

“Si no fuera por esta beca, yo no podría ni comer en la escuela, ni comprar los cuadernos que me hacen falta para el ciclo, ni tener la mayoría de ropa y zapatos que tengo”, explica con humildad y una   enorme franqueza Jessica Favela, una encantadora niña mexicana de 13 años, de brillantes calificaciones y que, como muchos chicos de su edad, sueña con ser médico de mayor. Ella tiene sus propias razones. “Me encantaría ser pediatra porque me gustan mucho los niños y no me gusta verles sufrir como yo sufrí cuando estuve malita”, explica. Jessica, que nos atiende al otro lado del teléfono, tiene una de las 25.600 becas otorgadas por BBVA Bancomer, la filial de BBVA en México. Estas becas, que suponen una ayuda de 1.000 pesos mensuales –unos 60 euros– mientras dura el curso escolar, tienen como objetivo que los niños entre doce y catorce años no abandonen la educación secundaria y van dirigidas, sobre todo, a las comunidades mexicanas con gran peso de familiares emigrantes. De ahí el nombre del programa: Por los que se quedan. Y de ahí que los beneficiarios sean niños menores de quince años que viven en poblaciones no muy grandes –entre 15.000 y 100.000 habitantes– y con un peso medianamente alto tanto de migración como de marginación. Desde que arrancó en 2006, el programa ha sumado ayudas por 31,2 millones de euros y se ha ido extendiendo a 18 Estados de México y 143 municipios como Chiapas, Jalisco, San Luis Potosí….  Por los que se quedan es la versión mexicana del apoyo que el grupo BBVA presta a la educación con su programa Niños Adelante , bajo el cual lleva otorgadas unas 60.000 becas al año.  

Pero en México no se trata sólo de dar una ayuda económica. Para que funcione bien el programa, los ejecutivos de las sucursales de BBVA Bancomer (director, apoderado y ejecutivos) se implican directamente participando como voluntarios y adquiriendo la condición de padrinos y/o  madrinas. Ya suman unos 700. Helen Díaz es una de ellas. Y cuando se pone a hablar del programa, le desborda el entusiasmo. Su oficina de BBVA Bancomer, en Teotihuacan, tiene adjudicados 76 becarios. Ella tutela a 19: “Para mí es una experiencia maravillosa. Aprendes mucho de ellos . Te devuelven a la niñez. Al escuchar sus sueños, cuando te dicen que quieren hacer esto o lo otro para que el país vaya mejor [unos quieren ser maestros, otros ingenieros…] vuelves a confiar en las personas”, explica emocionada esta ejecutiva de 34 años. Ella  aporta su dosis de experiencia y su apoyo y vigilancia para que los niños mantengan las notas altas: conservar la beca requiere obtener como promedio un 8,5 o más. Como todos los padrinos y madrinas, Helen comprueba las calificaciones de los becarios y en qué se gastan los 1.000 pesos mensuales. Unos lo emplean en uniformes; otros en libros; otros en las impresiones que han de realizar en alguna tienda porque en su casa no tienen ni ordenador ni, por supuesto, impresora.

Para facilitar la tarea de los padrinos, éstos cuentan con la ayuda  de los promotores comunitarios, también empleados del banco. Ellos gestionan y organizan los encuentros bimestrales entre padrinos y becarios, llevan a cabo las tareas administrativas, siguen más de cerca a becarios y padres de familia… “Aprendemos a conocer a los chicos y a ayudarles no sólo en la faceta académica. También en la humana. Eso a los ejecutivos les ayuda a ver que la vida no son sólo las cuentas y cumplir las metas”, indica Marcela Quezada, promotora comunitaria en una sucursal de BBVA Bancomer en Atlacomulco, en el Estado de México. Desde allí tutela 229 becarios. Y, de todo, una de las cosas que más le sorprende es la capacidad de reacción de los chicos. “Avisé a una niña de que estaba a punto de perder la beca. No retiró dinero durante dos meses y no vino a verme en la visita bimestral. Le llamé para saber el por qué y me dijo que pensaba que había perdido la beca. Cuando se presentó  de nuevo en la sucursal, me enseñó las calificaciones: ¡había obtenido casi un 10! Y ella misma me explicó que se había dado cuenta de que era mas importante estudiar que salirse de las clases”, cuenta  Quezada. Ya lo ven: lo que aquí en España a veces es un deporte nacional –escaparse de clase–, allí sirvió a una alumna para reaccionar. Si quiere conocer más historias del programa vea el documental que lleva el mismo nombre, Por los que se quedan.