Mercados

España se vende a precio de saldo. ¿Compras?

El legendario inversor Warren Buffett, cuyo fino olfato nadie pone en duda, suele dar dos consejos a los que quieren dar en la diana con sus inversiones. Uno es que “hay que ser avaricioso cuando lo demás tienen miedo, y tener miedo cuando el resto es avaricioso”. El otro es que “cuando uno compra activos distressed [de empresas con problemas] a precios distressed [rebajados] gana dinero; es una gran inversión”.

Así que si las máximas de Buffett son acertadas, ¿por qué no invertir, deprisa y corriendo, en España S. A., una compañía con muchas averías, agujeros y quebraderos de cabeza, que hasta ahora exhibía una envidiable trayectoria empresarial?  ¿Acaso pueden los inversores extranjeros encontrar un chollo mejor que conjugue las dos ideas del Sabio de Omaha? Después de todo los inversores están temerosos  –véase la mareante espiral de la prima de riesgo– y hay mucho activo distressed a precio distressed, como las cajas de ahorro o el ladrillo, con descuentos que ocasiones superan las segundas o terceras rebajas veraniegas de cualquier comercio.

Es seguro que a muchos inversores foráneos –¡ahora sí que estamos en el centro del mapa terráqueo!–  se les ha pasado por la cabeza comprar alguna pieza de Spain PLC a precio de saldo para luego obtener pingües plusvalías. Pero  una cosa es pensar, y otra actuar.  Y más con la furiosa envestida de los especuladores y con los sombríos titulares de la prensa anglosajona del  tipo España ya no es dueña de su destino, recientemente publicado en The Wall Street Journal.  Según donde se mire y a quién se pregunte, se concluirá que a los inversores extranjeros no les interesa más España –for the moment, no thanks!– o, justo lo contrario, que España sigue siendo una apuesta irrenunciable, aunque sin apostar los dólares o los yuanes con los ojos vendados y auscultando todos y cada uno de los activos en venta.

“El 90% de los extranjeros simplemente no piensa en nosotros”, argumenta un destacado y veterano gestor de fondos que sostiene que el mundo es mucho más grande que la península ibérica y que muchas regiones crecen con más fuerza y prometen más alegrías. Los extranjeros habrían levantado la vista, habrían mirado con detenimiento, y se habrían ido. “Aquí todo el mundo se hizo rico durante el boom, y éste ya no volverá”, sostiene.    “Hay una tendencia en los mercados a deshacerse y a rechazar  todo lo que suena español”, dice Michael Story, del fondo de inversión Legg Mason.

Ciertamente, los inversores institucionales  globales apenas han participado en las salidas a bolsa de Bankia y Banca Cívica con unos 200 millones de euros, después de descuentos y descuentos en el precio de las acciones.

Pero si indagamos más, veremos que las cosas no son ni blanco ni negro, sino que hay un amplio abanico cromático de grises. Y algunos  foreigners hasta nos ven con optimismo. “Los fundamentales de la deuda pública del sector público son bastantes buenos y las perspectivas de crecimiento para España son mejores que para otros países europeos, incluida Italia. Si España no tuviese que enfrentarse a los desafíos de la zona del euro, sus fundamentales no sólo no estarían peor que Estados Unidos y Reino Unido, sino que en algunos sentidos estarían  mejor”, dice Andrew Balls, de Pimco, la mayor gestora de bonos del mundo.

MERODEANDO. Ya sea ese 10% de extranjeros que todavía confía en nosotros,  ya  sea el clásico grupo de cazadores de gangas que siempre aflora cuando se acumulan las desgracias económicas, o una amalgama de ambos, lo cierto es que los inversores foráneos andan por Madrid y otras ciudades españolas.  Están, y se les ve entrar y salir de los despachos.“ Hay muchos inversores, entre ellos fondos especializados, buscando oportunidades con descuento”, dice Félix Guerrero, director general de la firma de capital riesgo GED.  “En estos mismos momentos hay muchísimas discusiones sobre activos españoles. Hay apetito”, precisa un consultor que trabaja con los fondos institucionales internacionales más grandes y con los fondos soberanos de países emergentes como China. Éste, que está urdiendo una operación que ronda los 4.000 millones de euros y por cuyas manos pasan algunas de las grandes operaciones del país, prefiere  mantenerse en el anonimato. Sí, Spain gusta en muchos casos, pero siempre con matices: “Hay exigencias razonables de rentabilidad con apuestas a largo plazo. Si a los chinos les hablas de una rentabilidad del 6% o del 6,5%, entran”, dice el consultor.  Y a las pruebas se remite.

¿Qué les interesa de esta España sobre la que planea la sombra del rescate? Tal vez los más práctico sea empezar por lo que les aterroriza. No les fascina nada o casi nada nuestro sector inmobiliario. “Después del estallido de la burbuja inmobiliaria, nadie se cree la valoración de los activos”, dice el consultor que trabaja con fondos soberanos. La primera etapa de la gira inmobiliaria del Gobierno español por varias capitales extranjeras –Invierte en España, el mercado español de la propiedad inmobiliaria en tus manos–, que busca dar salida al megastock de 700.000 viviendas nuevas, apenas está dando frutos. ¡Y eso pese a los golosos descuentos de hasta el 40%! Todos esperan –y no sólo el comprador español– a que los precios sigan desinflándose.  La consultora Aguirre Newman dice que “todos los jugadores del mercado de inversión están de acuerdo en que los fundamentales de los inmuebles son atractivos” y que “en cuanto haya una operación, veremos más”.  Esperemos, pues.

Desde luego, lo que es un hecho probado es que cuando se pronuncian las palabras sector financiero, los inversores suelen mirar inmediatamente hacia otro lado. Aunque conviene separar cajas de bancos, y bancos pequeños de bancos grandes. “No nos interesan las cajas, pero sí grandes bancos como Santander”, dice Story, de Legg Masson. El fondo parece estar esperando el momento oportuno para entrar. En cuanto a las cajas, “aquí casi da igual el descuento”, dice el consultor que trabaja con fondos soberanos, que ha tenido sobre su mesa encargos para vender varias cajas. Los extranjeros no se fían de lo que puedan encontrar en los balances.  “El problema de verdad, es que pasa después de la compra. Por eso, o el Banco de España acepta un sistema de protección de activos o no se conseguirán los objetivos deseados”, agrega este especialista en transacciones empresariales.

Lo que sí atrae a los inversores foráneos son la energía, en general, y las renovables, en particular. El segmento de las renovables se está reactivando tras el caos regulatorio de los últimos años y fondos como GMW o Foresight están al acecho. Un termómetro de este renovado interés ha sido la reciente venta de los activos renovables de ACS, que se han vendido a buen precio. En este campo, no hay grandes descuentos y los precios se ajustan. También gustan las cadenas hoteleras. En este mercado maduro y muy competitivo, hay buenos chollos derivados, en ocasiones, de situaciones duras en las que las propiedades, muchas veces familiares, están en concurso de acreedores o en vías de administración bancarias. De momento, ya hay más operaciones que en 2010.

Otro polo de atracción son las grandes empresas, bien gestionadas y con buenos balances, que han sorteado decentemente la crisis. Firmas cotizadas y no cotizadas. Los pesos pesados del Ibex 35 tienen más de la mitad del negocio fuera de nuestras fronteras, de modo que el riesgo está mejor distribuido. “Si la empresa es buena, no hay tantos descuentos”, aclara el director general de GED. Así que los pesos pesados del Ibex 35 están a precios razonables. El apetito por CLH, ACS o Repsol, dicen en el  mercado, es “brutal”. Además, algunos inversores están optando por comprar, de golpe, empresas medianas y familiares con buenos balances pero con descuento –éste, como en casi todos los casos, va en función de la necesidad y urgencia de vender del propietario–.

ElECCIONES A LA VISTA. Casi nadie discute que las cosas van a mejor y que el pasado mes de septiembre marcó el punto de inflexión.  Hasta entonces “la posición de los extranjeros era extrema. Te decían encantado de saludarle pero hablamos dentro de dos años. Ahora el riesgo se ha reducido”, aclara Guerrero.

Aunque no todas las reformas necesarias se han llevado a cabo lo que sí ha hecho el Ejecutivo español es acotar el problema y arrojar luz sobre nuestros puntos débiles. Y es que lo que más odian los inversores es la incertidumbre y las medias tintas. “España ha mejorado mucho. Lo que ha hecho hasta ahora, reduciendo el déficit, es muy impresionante y se mueve en la buena dirección”, dice Michael Story, de Mason.

La impericia de los políticos  ha influido indudablemente en la actitud timorata de los inversores. “El problema de España es una cuestión de credibilidad exterior. El Gobierno de Zapatero ha dicho tantas mentiras”, dice el profesor del IESE, Pablo Fernández, en referencia a los debates semánticos sobre si la crisis era crisis o no, o a las reformas prometidas, algunas de las cuales han quedado en papel mojado. Fernández, uno de los expertos más reputado en el campo de la valoración de activos, piensa que muchas empresas  sufren una penalización injustificada de su valor que sólo se explica por la crisis política y de credibilidad.  Visto así, un cambio de guardia en la Moncloa podría tener efectos balsámicos. Aunque sólo sea por las nuevas bocanadas de optimismo psicológico derivadas de las sensación de  abrir otra etapa. Borrón y cuenta nueva. Para Andrew Balls, de  la gestora Pimco, “un nuevo Gobierno con un mandato claro sería positivo”.   Pero incluso un cambio de color político, reflexiona Balls, no evitará que la recuperación sea difícil porque nuestra economía se enfrenta a un traumático y largo proceso de devaluación interna, que implica el abaratamiento relativo del precio de los activos y de los salarios.

En suma, como dice el gestor que trabaja con los fondos soberanos, “los inversores extranjeros tienen confianza en nosotros, en ocasiones más de la que los españoles tenemos en nosotros mismos. Pero nos ven con precios bajos, como inversiones distressed con buenas rentabilidades”.  Tal vez haya que ajustar algo más los precios para que entren aquellos extranjeros que no se acaban de creer del todo las máximas inversoras de Buffett, al menos aplicadas a la compañía España S.A..  Si el euro se devaluase (haciéndonos más baratos para los que compran en dólares o yuanes), nos echaría un capote, haciéndonos más atractivos, y nos evitaría dolores de cabeza. ¡Crucemos los dedos!