Economía

¿Tiene sentido ($) ir a la universidad o mejor invertir el tiempo en otra cosa?

No hay generación de padres que no recomiende a sus hijos ir a la universidad como una especie de pasaporte seguro, o más seguro que otros, para conseguir una mejor vida profesional, más estable y mejor pagada. Aunque en países como España la tasa de parados universitarios es escandalosa, los últimos estudios siguen demostrando que la regla sigue siendo válida: a mayor educación, mejores perspectivas salariales a lo largo de la vida. Un reciente estudio la Universidad Georgetown de Washington (del Centre on Education and the Workforce) concluye que un norteamericano con estudios universitarios puede meterse en el bolsillo hasta el final del su vida profesional 3,6 millones de dólares mientras que un compatriota suyo con sólo estudios secundarios no logrará acumular más de 1,3 millones. Igualmente, un reciente informe de la OCDE concluye que la crisis está golpeando más a los que menos estudios tienen. En concreto, en 2009 (último año en el que dato de todos los países está disponible) trabajaban un 84% de los universitarios, frente al 74% de los que no han ido a la universidad y el 56% que tiene una formación educativa básica. Incluso en España, la cantidad de universitarios en el INEM está resistiendo mejor la crisis que en la última recesión de principios de los 90.
Pero este análisis optimista, tal vez no lo sea tanto en unos años. El número de universitarios a nivel mundial está creciendo de forma frenética, en parte también por el despertar de los países emergentes y de sus clases medias. En Europa, aumentaron un 74% y en Estados Unidos un 22% en las últimas dos décadas. Pero en Latinoamérica lo hizo un 144% y en Asia un 203% en igual lapso de tiempo. En conjunto, hay más de 150 millones de universitarios, de los que casi la mitad están en Asia. Pronto, muchos competirán entre sí en un mercado globalizado y en muchos casos único. Una lucha de los más talentosos, en la que tal vez los graduados de los países en desarrollo estén dispuestos a trabajar por menos.
Pero este no es el único, ni lo más importante. Lo más relevante es que muchos economistas temen que las sociedades postindustriales están evolucionando hacia un modelo en que el talento universitario, aunque importante, no será demandado de forma masiva. La tecnología y la informática modifican el panorama, del mismo modo que la mecanización cambió de arriba abajo la agricultura. Muchos programas informáticos hacen menos necesarios determinados roles.