Economía

Cómo el fin de ETA reanimará la economía

El fin de ETA es una gran noticia para la democracia española. Y lo es también para la economía española, en general, y la vasca, en particular. Dejando bien claro que el principal estrago del terrorismo etarra han sido las víctimas y sus familiares, y todas aquellas persona que han sufrido el odio y el terror en sus carnes, es conveniente analizar las ventajas para la actividad económica de los “dividendos de la paz” tras 40 años de terrorismo. El catedrático de la Universidad Complutense, Mikel Buesa, también autor del libro ETA S.A., estima que, entre daños materiales, indemnizaciones a las víctimas y gastos en seguridad, el terrorismo le ha costado a las arcas del Estado unos 11.000 millones de euros. Pero además, hay toda una serie de daños colaterales como el éxodo de empresarios vascos, el cierre de empresas y la pérdida de inversiones (por ejemplo, en el caso de la Central Nuclear de Lemóniz). Obviamente, los pistoleros de ETA han sido un lastre para el PIB de la economía vasca. Se ha minado la confianza de empresarios y consumidores. Buesa ha calculado que la violencia ha detraído un 0,8% de crecimiento potencial anual, lo que en tres décadas supondría una merma a la renta per cápita del País Vasco de cerca del 20%. La economía de Euskadi en su conjunto habría perdido unos 150.000 millones de euros acumulados durante el largo conflicto.
Pocos economistas se han detenido a analizar cómo reacciona la economía vasca cuando se instala la paz, aunque sea de forma temporal a través de un alto el fuego. Uno de ellos es Alberto Colino que ha publicado un estudio al respecto. Sus conclusiones, tras analizar las treguas de 1988 y 1998, es que el dividendo de la paz surte efectos inmediatos en el tejido empresarial. La paz impulsó la inversión un 20% después el alto el fuego de 1988, y un 27% en 1998. En esta última ocasión, la creación de empresas se propulsó un 10’6%, frente al 3,6% de ejercicios anteriores. Es decir, los agentes económicos movilizan rápidamente los recursos productivos y es de prever que ahora, que el cese es supuestamente definitivo –aunque el mejor de los escenarios sería la disolución definitiva de la banda y la entrega de las armas-, el revulsivo económico sea notable. En todo caso, a mayor expectativa de paz duradera, mayor comprosimo de los empresarios en sus inversiones futuras.
Desde que Al Qaeda golpease las Torres Gemelas en 2001, han proliferado en las universidades y los think tanks de todo el mundo numerosos estudios sobre el impacto del terrorismo, que se da en muchos países y de muy diversas formas. El azote del terrorismo en una región pasa una elevada factura al turismo, las inversiones (nacionales e internacionales), al ahorro y a los patrones de consumo, a las bolsas, al comercio (nacional, internacional y regional), a la economía urbana, a la renta per cápita, a la calidad de vida e incluso al nivel de felicidad de la gente.