Economía

Sólo un 'masoquista' abandonaría el euro

En Europa se acaba de armar la marimorena con las intenciones de Francia de crear dos velocidades en Europa, que acabarían siendo dos Europas. La idea de otro tipo de geometría variable, sumada al caos que se vive en Grecia e Italia, hacen que el escenario de abandono del euro, hasta hace poco un mero debate teórico para economistas y politólogos, adquiera un nuevo cariz. El presidente de la Comisión, José Manuel Durao barroso, ha dicho que los costes de la salida de esta unión monetaria a 17 países y que hasta ahora era uno de los pilares centrales de la construcción europea serían altísmos, de hasta el 50% del PIB en una primera fase para el país que salga por la puerta. Además, alertó de que incluso Alemania perdería un millón de puestos de trabajo y su PIB contraería un 3% en caso de gestarse un nuevo núcleo duro en torno al euro (que dejaría al resto como una especie de confederación o economías satélites vinculadas a los alumnos aventajados).
Hace unas semanas el banco de inversión UBS hizo un detallado e iluminador análisis de lo que nos jugamos si alguien se va del euro.
Utilizaba el símil de la canción de ‘Hotel California’ de los Eagles, que
decía “podrás pagar la cuenta, pero nunca te podrás ir”. Ciertamente, el
‘Hotel Europa’ no prevé que un país se vaya del euro, aunque sí que abandone la Unión Europea. Pero incluso si lo consigue a las bravas parace que los fantasmas de las desgracias financieras le acompañarán.
Veamos las desastrosas consecuencias.
Si el que se va por la puerta es un país “débil”, tipo Grecia, las
consecuencias para él serían: quiebra soberana, quiebras de las empresas y colapso del sistema bancario. Habrían pocas posibilidades de que una devolución de la moneda nacional solventase el problem. El coste sería de entre 9.500 y 11.500 euros por ciudadano en el primer año, y entre 3.000 y 4.000 euros en los años subsiguentes. El daño total sería equivalente a un 40% o un 50% del PIB.
Si el que se va es un país “fuerte”, tipo Alemania, las consecuencias
serían: quiebras empresariales, recapitalización del sistema bancario y
colapso del comercio internacional. El coste del primer año sería de entre 6.000 y 8.000 euros por alemán, y entre 3.500 y 4.500 los siguientes años. El coste global el primer año sería de entre el 20% y el 25% del PIB. Hay que tener en cuenta que el coste de salvar de golpe a Grecia, Irlanda y Portugal en caso de quiebra, le costaría a cada alemán unos 1.000 euros por cabeza.
Todo esto es el impacto económico. Pero el impacto político será enorme y sus huellas permanecerían durante décadas. Simbolizaría el fracaso del sueño europeo. Restaría fuerza a Europa como potencia en la comunidad internacional, incluido el softpower para influir en las grandes decisiones.
Y como ha señalado alguien, casi ninguna unión monetaria en la historia ha saltado en mil pedazos sin provocar brotes de nacionalismo o de autoritarismo.