Economía

Búscate la vida: ¡tu empresa eres tú!

En el casco antiguo de Madrid, a unos pasos de la Plaza Mayor, hay un curioso centro de trabajo levantado sobre un antiguo almacén de telas que parece un lugar sacado de algún barrio neoyorquino, tal vez del Soho o Tribeca, aunque también trae imágenes del Berlín más efervescente y contracultural. Se llama utopic_US y al entrar por la puerta uno se adentra en un espacio diáfano y de estética ecléctica de más de 1.000 metros cuadrados en el que decenas de emprendedores se afanan en sus tareas frente al ordenador personal. A primera vista, se antoja una antioficina sin jefes. A segunda vista, también. Los jóvenes visten casual, sin los rigores de esas corbatas que aprietan el cuello o de esos trajes de oficina que siempre hay que ir con cuidado de no arrugar, aunque, eso sí, van a la última con los dispositivos tecnológicos. No faltan ni iPhones ni blackberrys. Pero más que una oficina distinta es una peculiar fábrica de emprendedores en la que cada uno va a su aire y no siempre sabe en qué anda el de la mesa de al lado.
utopic_US nació a principios de 2010 con la idea de ser un espacio de coworking para los emprendedores y en apenas dos años ha registrado un crecimiento espectacular. Tan espectacular –ya pagan por su oficina compartida unos 120 clientes– que se han visto obligados a abrir un segundo local en las inmediaciones y a ir pensando en desarrollar un centro virtual en la nube para que los cotrabajadores sigan con sus labores estén allí donde estén.
En este club, cada emprendedor se dedica a una cosa, unos a la arquitectura, otros a la consultoría, a la producción audiovisual o a la industria cultural. No faltan los diseñadores o los informáticos. Pero hay de todo, hasta ocupaciones algo más exóticas y vinculadas a los tiempos vertiginosos que corren. Pongamos un ejemplo: Chistoph Kraemer, de origen franco-alemán y con diez años de residencia en España, se dedica al negocio de las infidelidades. Es el responsable en España de Ashley Madison, una controvertida empresa online de relaciones amorosas que cuenta con más de 11 millones de usuarios en el mundo, y desde su ordenador ha conseguido que nuestro país sea el mercado más dinámico, con unos 450.000 usuarios registrados en apenas medio año. “Pese a a la crisis, parece que en España sí hay dinero para ciertas cosas”, bromea este ejecutivo de 38 años cuyo principal cometido es la dirección de márketing. Kraemer, el único trabajador de esta web en la geografía española, mantiene una relación laboral sin grandes ataduras con la empresa matriz. El resto de la plantilla está en otros países, y si necesita hacer algún retoque en la página web tiene que ponerse en contacto con los programadores que están en Canadá. “He sido empleado para una firma, y he hecho otras cosas, pero ahora he optado por ser freelance. Así estoy mejor. Decido cuando empiezo a trabajar y cuando acabo. Además, puedo buscar más proyectos y diversificar mis actividades, lo que no siempre es posible en todas las empresas”, dice Kraemer, que reconoce que le aburre trabajar desde casa.
Lo que hacen los trabajadores de utopic_US no es más que el reflejo de una corriente que está arraigando en todas partes del planeta: el boom de los empleos freelance o los trabajos por proyectos al calor de las nuevas tecnologías, la globalización, los altísimos niveles de desempleo y la necesidad de las empresas de seguir dando vueltas de tuerca a los costes. Es una revolución, silenciosa, que en Estados Unidos se conoce como gig economy (gig, en su acepción francesa, significa bailar en distintos bailes; lo que traducido a nuestro caso implica bailar abrazado a distintas compañías) y que empieza a propagarse por Europa, y también por España. ¡Se acabaron los trabajos de por vida en los que uno espera que algún día el jefe le cuelgue la medalla al trabajador más veterano! “La idea de que uno puede trabajar 30 años para una gran empresa, asegurándose así una larga estabilidad financiera, es cada vez menos real. Hay una tendencia general hacia el trabajo freelance”, dice José María Gasalla, profesor de la Deusto Business School. Así que en adelante habrá que salir a bailar con más empresas para labrarse el futuro profesional. El propio Grasalla –que, por cierto, lleva décadas de consultor y afirma que nunca ha tenido un contrato que le haya durado más de 9 meses; unos clientes vienen, y otros se van– ilustra lo dicho con un buen botón de muestra: el Gobierno de Estados Unidos prevé que en los próximos años un estadounidense de 38 años habrá pasado por una media de 14 empresas para ganarse la vida. Y ya se sabe que todo lo que se incuba en Estados Unidos acaba, tarde o temprano, por cruzar el Atlántico.
Más rotación, más volver a empezar, más responsabilidad individual, más emprendedores. Ésta es la música que empieza a sonar. Y a la que nos tendremos que acostumbrar sí o sí, porque las empresas, que han hecho un duro ajuste estos años de crisis, no van a cargar sus estructuras alegremente.

Elefantes y pulgas. El gurú del management en Europa, el irlandés Charles Handy, suele explicar gráficamente que el mercado planetario se está llenando de elefantes y de pulgas. Los primeros son las grandes corporaciones, que siguen consolidándose, y los insectos minúsculos son los emprendedores, los apasionados de sus proyectos. Son los trabajadores freelance, los empleados a tiempo parcial, las nanoempresas… Los elefantes, más grandes y torpes de movimiento, dejan muchos huecos por tapar. Y las pulgas, unos insectos ágiles y capaces de saltos asombrosos (son capaces de saltar una distancia 200 veces superior a la longitud de su cuerpo), se encargan de taparlos. Es una relación simbiótica, un juego en el que todos ganan: las pulgas no tendrán más remedio que montarse sobre el lomo de los elefantes para sobrevivir y los paquidermos, a cambio, ganarán en agilidad y flexibilidad. Según Handy, que está convencido de que “vamos a hacernos más grandes y más pequeños al mismo tiempo”, las pulgas son creativas, flexibles, evitan las soluciones típicas de los elefantes, más predecibles, y cuentan con una gran ventaja: la pasión. Les encanta lo que hacen. Y lo quieren hacer bien.
Quizá una de los símbolos de la nueva era laboral de pulgas y elefantes sea la web estadounidense oDesk, el mayor lugar de trabajo online. La joven firma, nacida en Silicon Valley en 2003, es un intermediario que busca casar la oferta de trabajos puntuales de las empresas –casi todas norteamericanas– con los trabajadores dispuestos a hacerlos –muchos de ellos nacionales de países emergentes, sobre todo de India y Filipinas–. oDesk, que se queda con su correspondiente comisión, asegura que el trabajador cobrará lo pactado y ofrece una base de datos en la que cualquier empleador puede ver el historial laboral de cada candidato: sus trabajos hechos y el grado de satisfacción de los que le han contratado previamente. “Estamos convencidos de que el futuro del trabajo se está moviendo hacia el mundo online. Las multinacionales quieren acceder a las personas más talentosas con independencia de dónde vivan y, del mismo modo, los mejores trabajadores quieren tener acceso a trabajos que le den la oportunidad de hacer un trabajo satisfactorio”, nos cuenta Gary Swart, consejero delegado de oDesk. Pero no se vayan a creer que solo se cuelgan proyectos de consultoría, de diseño o de informática. En las páginas de oDesk se han ofertado las cosas más variopintas, desde la construcción de un hotel de lujo en las Bermudas hasta una canción rap para que los estudiantes chinos puedan aprender inglés.
Para Swart, que ha conseguido que desde su plataforma se firmen más de 100.000 contratos y que ya acumula transacciones por valor de 22 millones de dólares, “el trabajo online funcionará bien en todo tipo de sociedades, incluida la española. De hecho, percibimos un crecimiento muy fuerte a nivel global. ”, afirma. Puestos a elucubrar, esta nueva modalidad de “trabajo en forma de servicio” podría estar empujándonos hacia un mercado laboral único. No obstante, es una hipótesis muy prematura.

freelance spain. España, con su estructura y cultura laborales más tradicionales no es ajena al fenómeno. Es más, el salto al flexitrabajo es inevitable. “Con la crisis, este fenómeno se está acelerando en España. Pero no solo se debe a los despidos. Hay mucha gente que sale voluntariamente de las organizaciones porque no quiere estar sometida a la organización y prefiere trabajar por proyectos”, dice José Manuel Casado, presidente de 2C Casado Consulting. ¿Ventajas? Más libertad, más flexibilidad para conciliar la vida laboral y familiar, más placer en el trabajo y, tal vez, hasta menos estrés y más productividad individual.
Ricardo Rodríguez, consultor de 44 años y con familia a su cargo, es de los que han decidido voluntariamente lanzarse a la aventura en busca de libertad y flexibilidad. Aunque no es nada alocado y sabe que la vida en solitario no es fácil. “Hay que salir a luchar todos los días. Siempre hay que estar a la caza de negocios. Éste es el reto, aunque también la satisfacción”, dice. Rodríguez, que lleva de pulga seis meses, piensa dedicarse al coaching y a la consultoría. A esta última actividad le ha dedicado unos 17 años y espera que sea su tabla de salvación durante un tiempo. El coaching es su gran pasión. “Ahora con 5 millones de parados la gente se va a tener que buscar la vida. Y a través del trabajo por proyectos, tal vez descubra lo que le gusta de verdad”, dice.
Sabe que su decisión implica decir adiós a una cierta estabilidad –“tengo más presión, aunque también más tranquilidad”– y que el futuro se lo construirá él, pieza a pieza. Sin esfuerzo y muchas horas de dedicación, no entrará ni un euro en la cuenta bancaria. Y nadie le sacará la castañas del fuego, salvo sus propias manos y su propia pericia. La tecnología, sin embargo, está de su parte. “Yo ahora la oficina la tengo en casa. La tecnología permite muchas cosas que antes no se podían hacer. Por ejemplo, tengo un cliente de coaching en Inglaterra y hablamos por Skype”, dice.
Las grandes organizaciones están subcontratando cada vez más actividades, hasta el punto de que las organizaciones de trabajo ya no serán lo que eran. “Las empresas ya no quieren pagar indemnizaciones”, dice Casado. Utilizando el símil del trébol que Charles Handy acuñó hace años, este consultor dice que en el futuro habrá “tres hojas o niveles” de trabajo. Un núcleo central, de cerca del 20% de las personas, que será el más reducido, selecto y mejor pagado, y que se encargará de las funciones clave de la empresa. Éste sustrato trabajará a tiempo completo. Una segunda hoja estará formada por las empresas de outsourcing que hacen tareas subcontratadas. Esta capa supondrá un 40% del trabajo. Y, finalmente, habrá un 40% de profesionales que trabajarán a tiempo parcial para la organización: aquéllos que no quieren o no pueden acceder al grupo selecto del 20%.
La metamorfosis no solo viene dada por la subcontratación. Muchos puestos de trabajo y perfiles profesionales están desapareciendo o, como mínimo, se están desdibujando al compás de las nuevas tecnologías. Unos se evaporan porque ya no cumplen una función clara, otros porque ya no justifican sus antiguas remuneraciones. Hasta el punto de que hay quien vaticina que los trabajos de mayor demanda de los próximos años ni siquiera se han creado. Así de veloces son los tiempos.
Como consecuencia de estos cambios organizativos, el hombre de una sola empresa está en vías de extinción. Lo seguro, o lo aparentemente seguro, ya no lo es tanto. La seguridad es más bien intrínseca, nace de uno mismo, de la seguridad que la dan sus habilidades, su talento, su empleabilidad, y sus ganas de comerse el mundo. Los gurús, siempre tan amantes de las metáforas, hace un símil psicológico para explicar el cambio: antes las relaciones eran como las paternofiliales (el papá-compañía tomaba las grandes decisiones sobre el hijo-empleado a lo largo de su vida laboral) y en adelante serán más bien relaciones de madurez entre adultos, en un plano de más igualdad. “Yo soy mi propio CEO”, podría ser el nuevo lema.
María Jesús Salido es una joven emprendedora que ha sabido leer muy bien todas estas tendencias y acaba de lanzar al mercado español –junto a su socio alemán– ProjectLinkr, la primera plataforma integral española para freelancers. “Es un drama ver que hay un índice de paro tan alto y al mismo tiempo gente que busca talento y no lo encuentra. Hay un problema de intermediación”, dice Salido, que lleva años trabajando por proyectos y que ha trabajado para grandes organizaciones, como PricewaterhouseCoopers o McKinsey. Tras mucho reflexionar, se dio cuenta de que la libertad –o la responsabilidad individual– también tiene muchas ventajas para quien tiene talento y poco miedo a la incertidumbre. A lo que pueda pasar mañana o pasado mañana. “Yo ya no vendo las horas a mi empresa para que luego ésta los venda a un cliente final. Yo tengo la capacidad de acceder a mi mercado sin intermediarios. Basta con Internet, un ordenador y un despacho en el comedor”, dice. La cofundadora de ProjectLinkr también suscribe el análisis de que la hemorragia laboral está acelerando la llegada de la economía gig a España. “La crisis acelera el proceso de salida de las empresas, pero los profesionales son buenos, no son desechos. A éstos les resulta más fácil encontrar clientes que una nueva empresa. Las empresas, a su vez, también apuestan por proyectos: no se pueden comprometer a grandes cosas, por los costes”, dice. No obstante, reconoce –y ella lo sabe bien, pues para lanzar su proyecto empresarial ha sondeado previamente el mercado– que “las estructuras sociales del mercado en España todavía no son maduras”. La gig economy no ha hecho más que despegar en España.

vida dura, pero gratificante. La vida de trabajador gig o pulga no es un camino de rosas. Y quizá sea una vida no apta para cardíacos o para aquéllos que quieren un horario superfijo, inamovible e innegociable. Con su parada generosa y obligada para comer, siempre a la misma hora.“No todo el mundo puede sobrevivir ahí fuera. Nuestra educación nos prepara para hacer obreros, para hacer zombies”, dice la cofundadora de ProjectLinkr. Si la pulga no tiene cierto espíritu emprendedor, morirá en el intento.
Pero por muy emprendedor que sea, el trabajador solitario debe vencer varios peligros, empezando por la tendencia al aislamiento y al descuido del márketing de uno mismo. “El emprendedor tiende a aislarse y necesita estar en alguna red de conocimiento para actualizarse. También debe hacer marketing del marketing, para que la gente conozca el valor que tú tienes, y lo que puedes aportar”, dice José María Gasalla.
Con el tiempo, la pérdida de contacto con el mundo exterior puede adelgazar la red de contactos y mermar las ventajas del proyecto en solitario. Si uno trabaja socialmente aislado, tiene que hacer un esfuerzo adicional por conectar con la gente. Por muchas redes sociales en Internet que haya, la comunicación física sigue siendo determinante: las emociones se transmiten a través de las expresiones faciales. Los buenos contratos y las buenas relaciones siguen haciéndose mirándose a la cara. El consultor y apasionado del coaching Ricardo Rodríguez tiene esta reflexión muy asimilada: “Uno se convierte en una marca. Sin la reputación y la gente que te conoce no conseguirías subsistir. Cada vez que trabajas con un cliente, sabes que si lo haces mal se te cierra una puerta”.
Para los trabajadores gig, recrear su centro de trabajo va más allá de comprarse un teléfono y un ordenador portátil (y una mesa, claro). Tienen que asumir más responsabilidad, cuidar su imagen, no perder de vista la formación y, sobre todo, la motivación. Y superar un reto interno: cómo compaginar de forma equilibrada la vida y el trabajo. La posibilidad de trabajar en exceso hasta el punto de que se difumine la vida privada es un peligro real. El freelance, o la pulga, al estar pagados por horas o proyectos, tienden a trabajar más de la cuenta. Si uno decide dejar de trabajar, para ir al cine o a dar un paseo, es más probable que piense en el tiempo de ocio como dinero perdido. También es muy importante tener estructurada de alguna forma la oficina, aunque sea en una habitación de casa, para no distraerse con el perro, el gato, la colada o con el locuaz vecino de al lado necesitado de conversación.
En un mundo laboral plagado de trabajadores solitarios, la emergencia de centros de trabajo colaborativos e incluso hubs en las grandes ciudades es inevitable. Y ya proliferan como hongos. Los talentos más creativos ya tienden a unirse, como átomos formando moléculas, en ciudades como Nueva York, Londres, Shanghai o Los Ángeles. Por eso, utopic-US –que cobra tarifas por el puesto de oficina que oscilan entre los 70 y 250 euros, en función de la itinerancia– intenta que los emprendedores no trabajen en compartimentos estanco sino que busca recrear el ecosistema creativo y de aprendizaje de un laboratorio o de una “usina”. No sólo hay mesas. Sino espacios comunes, salas, en las que cocrear o en las que inspirarse en las ideas del emprendedor que se sienta delante o detrás de nosotros. El pasado mes de abril, sin ir más lejos, lanzó un escuela, utopic-school, centrada en el aprendizaje colaborativo e interactivo de los creadores. “Aquí hay sinergias. Tres trabajadores que no se conocían antes han creado su propia empresa”, dice uno de los fundadores.
Este fenómeno no ha hecho más que empezar. Al menos en España. Como no hay mal que por bien no venga, tal vez la actual hecatombe financiera tenga al menos la bondad de liberar potencial creativo y emprendedor de muchos españoles, llenos de ideas pero sin los arrestos para lanzarse al mundo gig. “La crisis es como la guerra, es el motor del cambio”, dice Ricardo Rodríguez que, con un poco de suerte, en un año cambiará la oficina en la habitación de casa por otra mejor. Ya saben, ¡no es bueno mezclar la vida laboral con la personal!

juan.llobell@capital.es

No descuides tu ‘capital social’
I
invertir en el propio “capital social” es una pura cuestión de supervivencia para el emprendedor. La profesora de la London Business School, Lynda Gratton, acaba de publicar un libro –’The Shift: the future of work is already here’; El cambio: el futuro del trabajo ya está aquí– en el que explica cómo alimentar este “capital social”. Primero, el emprendedor freelance debe contar con un “grupo” o “pandilla” de más de 15 miembros al que se pueda dirigir cuando las cosas en su vida laboral se pongan feas. Este grupo debería compartir ciertas habilidades e intereses comunes, generar relaciones de confianza interpersonal y servir para trabajar de forma eficaz en grupo. En segundo lugar, es importante dotarse de foros y asistir a conferencias donde fluyen las ideas para refrescar constantemente la mente. Finalmente, toda pulga o trabajador gig necesita una “comunidad regeneradora” para mantener el capital emocional: familiares y amigos con los que “reír, compartir una comida, contar historias y relajarse”.