Economía

¿Cuál será el próximo aeropuerto en cerrar tras Badajoz?

La crisis y la lógica económica han acabado con el sueño de muchos pacenses de volar a media Europa desde Badajoz. Ayer despegó el último vuelo comercial del aeropuerto extremeño después de que Air Nostrum cancelase sus rutas a Madrid y Barcelona. Apenas había pasajeros -4.500 cada mes, un tercio menos de los previstos por Aena- y la Junta de Extremadura se ha negado a elevar la subvención de dos millones de euros que daba a la filial de Iberia por volar a tierras pacenses.

Por ahora, el aeropuerto seguirá abierto pero sin que aterrice en él una sóla aeronave comercial. Es el último ejemplo de infraestructuras aeroportuarias que se han venido abajo porque la realidad ha estado muy lejos de los objetivos que se pronosticaron. Los máximos exponentes son Castellón y, sobre todo, Ciudad Real. Este último aeropuerto, costó más de mil millones de euros y estaba llamado a ser el nuevo Barajas. Desde octubre, que Vueling retiró sus últimos aviones, no opera ninguna compañía. Ni rastro de los tres millones de europeos que, según sus promotores, iban a llegar anualmente a la ciudad manchega en los aviones de EasyJet, Ryanair o Air Berlín. Los dueños del aeropuerto no han tenido más remedio que presentar un concurso de acreedores.

Una espada de Dámocles que pende sobre una docena de aeropuertos cuya rentabilidad y necesidad están en entredicho. La lista de enfermos en la UVI incluye aeródromos como los de Lérida, León, Albacete, Cordoba, Logroño, Burgos, Salamanca, Reus o Huesca. No hay más que darse una vuelta por estos aeropuertos para comprobar que apenas transitan pasajeros. Huesca, por ejemplo, se mantiene abierto con cuatro pasajeros en noviembre después de no recibir ni uno solo en los 31 días de octubre, además de no contar con ningún vuelo comercial. En 2011, solo han pasado 8 pasajeros de media por este complejo abierto en 2007 y cuyo coste superó los 45 millones de euros. Un puñado más de viajeros que en el de Huesca pisaron las terminales de Albacete -8.415 pasajeros al año-, Córdoba -8.442- o Logroño -17.877-. Vitoria, por su parte, solo sumó 28.000 clientes, mientras que Salamanca o Burgos superaron a duras penas los 35.000 usuarios en todo 2011.

La cruda realidad es que pocos aeropuertos en España llegan al margen de 1,5 o dos millones de pasajeros anuales que es donde los expertos sitúan más o menos el umbral de la rentabilidad. Según las cuentas desagregadas de Aena, el 80% de los aeropuertos españoles arrojan pérdidas operativas. Lo sorprendente es que hasta aeropuertos como El Prat de Barcelona o Barajas estén en números rojos

Estas cifras ponen en evidencia la obstinación de algunos políticos en llenar la pensínsula de torres de control y pistas de aterrizaje en los últimos años, en los que se pensaba que las vacas flacas no llegarían nunca y se daba por sentado que cualquier gran obra sería recibida con entusiasmo por una ciudadanía sedienta de volar en low cost desde su pueblo a las grandes ciudades del mundo. Hay 55 aeropuertos, más qué capitales de provincia, y el doble que en países como Alemania. Solo motivos políticos explican que ciudades como Vitoria de 230.000 habitantes, tengan hasta siete aeropuertos en un radio de cien kilómetros (Bilbao, Vitoria, San Sebastián, Pamplona, Logroño, Burgos y Santander) o que Fomento construya una nueva terminal aérea para un millón de personas, cuando apenas recibe 85.000 pasajeros anuales y, además, la ciudad va a estrenar estación de AVE en 2012.

La ministra de Fomento, Ana Pastor, tendrá que decidir que hace con unas infraestructuras ruinosas y sin lógica. No puede demorar más la solución a este problema.