Economía

La reforma laboral abarata España (¿para ser competitiva?)

Leyendo la última edición de la revista The Economist, faro periodístico del liberalismo económico, me he topado con un llamativo artículo sobre España y la reforma laboral: A change that may be more radical than it seems at first (Un cambio que puede ser más radical de lo que parece a primera vista). Resulta tentador de leer porque esta publicación británica, exigente hasta el extremo, siempre considera insuficiente o poco agresivas casi todas las reformas económicas que los políticos urden. Incluso cuando las alaba, siempre pone, en alguna frase final, el pero de que se podía haber sido más valiente. En este caso no. Y, además, insiste en que la reforma tendrá cambios de mayor calado de los que alcanzamos a ver. ¿Cuáles serán? El principal es la “devaluación interna”. O lo que es lo mismo, el abaratamiento del país, de los salarios y los productos y servicios, para recobrar competitividad y, a la larga, crear más empleo. En unos años España será más barata (también más pobre) de lo que es ahora respecto a sus socios europeos, como Alemania, o simplemente respecto al resto del mundo.

Hace unos 3 años el economista Paul Krugman, uno de los gurús económicos de la socialdemocracia y del centro-izquierda, dijo en Madrid, ante la presencia del entonces presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, que no salía de su asombro al escuchar sus palabras, que la recuperación de España pasaba por un recorte de los sueldos del 15%. Y esto era así porque no había otra forma de abaratar dado que, al pertenecer  a la  zona euro, no se podía devaluar la moneda, que es el mecanismo clásico para modificar el tipo de cambio.Este camino se antoja inevitable. Irlanda, también salpicada por la crisis financiera y del ladrillo, ha rebajado más del 20% sus salarios nominales. La reforma laboral, con la rebaja generalizada del coste del despido y la mayor flexibilidad para jugar con los sueldos, permitirá un ajuste más coherente con la pérdida de riqueza relativa de los españoles.

¿De cuánto debería ser esta devaluación interna? Aquí hay opiniones para todos los gustos. Los más filosóficos dicen que el porcentaje estará en aquel punto entre la necesidad de ganar competitividad de la empresas y el sacrificio que los trabajadores españoles sean capaces de soportar. En todo caso, el papel de los sindicatos será clave. Si durante este periodo traumático –al que hay que sumar el desapalancamiento de todos los agentes económicos, endeudados hasta el cuello, que ronda en conjunto el 300% del PIB- conseguimos que la inflación se mantenga a raya, el ajuste dolerá menos y no se merma rá tanto  nuestro poder adquisitivo. Krugman dijo que acabaríamos sufriendo una “deflación” relativa de un 15% de los salarios y los precios, un dura travesía que nos podría llevar entre 5 y 7 años. Veremos si acaba teniendo razón, porque la devaluación interna no ha hecho más que empezar.