Economía

¿Huelga general? No, gracias. Tenemos cosas más importantes que hacer

El próximo jueves habrá huelga general por la reforma laboral, supuestamente el mayor atraco de la historia a los trabajadores, y los sindicatos volverán a echarle un pulso al Gobierno. Si pierden la apuesta, lo que es muy probable, las organizaciones sindicales se sumergirán en una espiral de descrédito que, tal vez en esta ocasión, sí les obligue a replantearse cuál es su papel en la sociedad y qué piensan hacer ellos para aplicarse su propia reforma estructural. Una reforma de arriba abajo que les equipare a las organizaciones más modernas y responsables, como las de los países nórdicos.
Desde el minuto uno tras el anuncio de la nueva ‘revolución laboral’, la inmensa mayoría de la gente ha intuido que esta costosa protesta no conduce a nada (por cierto, la inmensa mayoría de protestas por la oleada de austeridad en los países vecinos, como Portugal, están teniendo poco eco, porque la gente ya sabe lo que toca en estos tiempos y todos hemos aprendido mucho de economía en este lustro de crisis ininterrumpida). Los sondeos dicen que no más de un tercio de los españoles que trabajan secundará la protesta, aunque es evidente que cada cual puede tener su opinión sobre los cambios laborales y unos preferirían añadir o quitar determinados extremos. Muchos creen que no es el momento de llenar el país de voces estridentes, banderas y pegatinas. Acabamos de cambiar de gobierno, y conviene conceder el beneficio de la duda. Sobre todo, vista lo estéril de las medidas del anterior ejecutivo. Además, la crisis económica se empeña en no tocar fondo, y la escalada del paro parece no tener límites. La huelga, además de inútil,  supondrá una elevada factura para todos. Y dañará, seguro, la imagen internacional de España.
Las huelgas se convocan para ganarlas. Pero este plante social parece que se ha convocado porque no había más remedio. Para que sepamos que ellos, los líderes sindicales, están ahí. Puede que la huelga clave alguna banderilla al Gobierno de Rajoy. Pero puede también que se traduzca en una estocada honda a los sindicatos. Si ésta se produce y les deja malheridos, CCOO y UGT, dos dinosaurios burocráticos, que siempre han estado pegados a los pechos del Estado (por la subvenciones, claro), deberán empezar a pensar en cómo ayudan a crear empleo yolvidarse de defender a los que ya tiene empleo fijo. Vivimos en el siglo XXI, en la era de la información, en la era de la globalización. No en la era del proletariado ni de la industrialización.