Economía

Emprender: el secreto está en la escuela

“Yo tengo una empresa. Vosotros también. Como yo, sois profesionales. ¿Es cierto”, pregunta Florencia Radizza, directora de relaciones con inversores del portal de Internet Bodaclick. “Síííí”, responden al unísono 22 gargantas. “¿Y qué es para vosotros una empresa?”, les vuelve a inquirir. “Donde las personas trabajan en diferentes trabajos”, contesta una de esas gargantas. “Personas que trabajan en equipo para conseguir algo”, añade otra. “Personas que hacen lo posible para conseguir lo que quieren”, mantiene una tercera. “¿Y qué es ese algo?”, vuelve a preguntar Florencia Radizza. “Lo que se proponen”, responde una voz. “¿Y qué se proponen?”, insiste la directiva de Bodaclick. “Vender cosas. En nuestro caso, cosas de segunda mano”. ¡Eureka! Ya sabemos que uno de esos 22 individuos vende artículos usados.

Quizás piense que estamos en un máster de una escuela de negocios. O, tal vez, en un congreso de directivos. Frío, frío. Se trata de un aula del colegio Luis Buñuel, de Alcobendas (Madrid), rodeados de mochilas y pupitres de color verde. Por tanto, quienes responden no son altos ejecutivos, ni propietarios de empresas, sino niños de quinto de primaria, de 10 y 11 años, que reciben formación en cultura emprendedora gracias a un proyecto piloto impulsado por la Fundación Créate. En concreto, ese día, el tema versa sobre Quién es quién: diferentes roles de una empresa. Por qué es importante montar una empresa y los requisitos. Tareas comunes y diferentes en cada empresa. Pero, si son niños, la pregunta es por qué la directiva de Bodaclick los ha catalogado como profesionales. Porque esos 22 niños, repartidos en tres grupos, en una clase anterior ya han creado su propia empresa: un grupo se dedica a la venta de artículos de segunda mano, otro al diseño y fabricación de abalorios y pulseras y, el tercero, al desarrollo de elementos decorativos del hogar como marcos de fotos. ¿No es demasiado pronto para inculcarles estos conocimientos? “Si un niño tiene cualidades emprendedoras, lo puede demostrar a partir de los siete u ocho años”, afirma Álvaro Sancho, director de la cátedra de Fomento del Espíritu Emprendedor de la Nebrija Business School. “Tienen la suficiente madurez para asimilar conceptos y están lo suficientemente receptivos”, subraya Isabel Navarro, directora general de la Fundación Créate.  Y Mónica Margarit, directora de la Fundación Príncipe de Girona, añade: “Hay que fomentar desde muy pequeño aprender a canalizar la creatividad hacia aspectos de la vida en los que puede tener resultados”.

Desde alevines

Que determinadas actividades se desarrollen a edades tempranas en la escuela es sinónimo de éxitos posteriores. Y el ejemplo más claro lo tenemos en el mundo del deporte. Durante los Juegos Olímpicos de 1992, España consiguió 22 medallas. Hasta entonces, el balance había sido más bien pírrico: 26 medallas en doce olimpiadas. Una revolución que fue posible gracias a la motivación que suponía competir en casa, al plan de apoyo al desarrollo y promoción de los deportistas de élite (Plan ADO), y a una particular  poción mágica: la introducción, a finales de la década de los 60 del pasado siglo, de la asignatura de educación física en los colegios. Porque, hasta ese momento, ni había profesores cualificados con título universitario (entonces se creó el INEF), ni instalaciones adecuadas e, incluso, la sociedad veía con malos ojos la práctica deportiva (en la actualidad sucede algo similar con los empresarios, una especie de ogros explotadores para una parte importante de la población). “Sin la formación de esos profesores, Barcelona 92 no hubiera sido posible”, enfatiza José Manuel Pérez Díaz, más conocido como Pericles, impulsor de Valnalón. ¿Y quiénes son Valnalón? Pues los pioneros de la educación emprendedora en Asturias… y en España. Dependiente de la Consejería de Industria y Empleo del Gobierno del Principado, esta sociedad nació en 1987 con otro fin: regenerar, promocionar y dinamizar la Cuenca del Nalón, por aquel entonces duramente azotada por una crisis tan brutal como la actual. “Empezamos abriendo un centro de empresas pero rápidamente nos dimos cuenta de que el problema era que faltaban emprendedores. Por eso decidimos ayudar a aquellos que tuvieran una idea, aunque también vimos que era necesario un cambio de mentalidad”, recuerda su fundador. Y eso había que hacerlo desde los más pequeños, es decir, desde los alevines, siguiendo el modelo deportivo, y con buenos profesores, es decir, con los Vicente del Bosque o Luis Aragonés de turno, valga el símil. “De los más de 3.000 profesores que he formado hasta que me jubilé, menos de una decena me han dicho que esto no es para mí”, recuerda Pericles.

Fue en 1990 cuando Valnalón diseñó un proyecto formativo denominado Cadena de formación de emprendedores. Una cadena que, en 1993, introdujo dicha enseñanza en el bachillerato y la formación profesional, aterrizando en primaria y secundaria en el curso 1997-98. “Todo lo que pensamos realizar en un principio, que era crear un largo eslabón que comenzara en la educación primaria y acabara en la consolidación de la empresa, se ha conseguido con creces. Respecto a lo que imaginamos después, todavía queda camino por recorrer”, apunta el impulsor de Valnalón. ¿Su sueño? “Que los alumnos de primaria tengan dos horas de educación emprendedora como las tienen de educación física”. Es decir, que fuera obligatoria (tanto en Valnalón, como en otras iniciativas similares, se suele realizar de forma transversal, es decir, formando parte de otras asignaturas).  

Puesta en valor

De los casi 8 millones de estudiantes que hay en España (desde primaria a la universidad), alrededor de 300.000 reciben algún tipo de formación en materia emprendedora. Una labor que desarrollan fundaciones como la citada Créate, Junior Achievement (desde 2001, para niños desde 7-8 años hasta la universidad), Escola Emprenedors (desde 2007, para niños de 15 y 16 años), o comunidades autónomas como Castilla y León (desde 2003 dispone de los programas Vitamina E para primaria, secundaria y bachillerato; Aprende a Emprender, para Formación Profesional; y Campus Emprende, punto de encuentro de proyectos empresariales universitarios) o Galicia, con su Plan de emprendimiento en el sistema educativo de Galicia. Otras, como Andalucía o Canarias, siguen el modelo Valnalón, creando y gestionando los alumnos una cooperativa cuyos productos son vendidos en un mercado al final del curso. “Ese día ponemos en valor todo lo que han trabajado”, destaca Marta Pérez, actual directora de Valnalón.

A simple vista se trata de productos y servicios. Pero, en el fondo, la tarea emprendedora tiene otras connotaciones. “Montar una empresa es el hilo conductor para trabajar ciertas actitudes, valores y habilidades. Eso es lo realmente importante, no crear la empresa. Y que sea una experiencia real para los niños”, resalta Margarita Ortiz, vicepresidenta de la Fundación Créate. “Lo que hacemos es desarrollar las ocho competencias básicas que marca la Ley de Educación”, concreta la directora de Valnalón. Y es que junto a la comunicación lingüística o matemática, por ejemplo, también se fomenta la autonomía y la iniciativa personal. 

Por eso, la metodología que se utiliza promueve más el autodescubrimiento que las clases y las sesiones magistrales. No se trata solo de explicar, de que sepan de algo, sino que los niños hagan, que aprendan haciendo. Dicho de otra manera: ellos toman las decisiones y ellos hacen las cosas. “No va de aprender a ganar dinero, sino de innovar, de diferenciarnos, de trabajar en equipo”, indica la vicepresidenta de la Fundación Créate.

Un trabajo en equipo que abarca diferentes acciones como, por ejemplo, qué tipo de negocio van a poner en un local. “Les damos tres alternativas acordes a su nivel, como una tienda de chucherías o una heladería, y ellos votan. La elección final es por mayoría”, indica Elena Casarrubios, coordinadora de programas educativos de la Fundación Junior Achievement. En otros casos, son los propios niños quienes eligen el negocio a desarrollar.

El objetivo no es otro que los niños trabajen y pongan en práctica sus habilidades y capacidades emprendedoras. Y eso se consigue transmitiéndoles mensajes como que con esfuerzo, tenacidad, trabajo, pasión y entusiasmo pueden hacer lo que se propongan en la vida, sin miedo y trabajando con los demás. O que, observando, pueden descubrir qué es lo que falta y qué es lo que pueden aportar (a veces visitan sus barrios para observar in situ si carecen de papelería o frutería, por ejemplo). O que con ideas e imaginación pueden atender las necesidades de su entorno. “Es muy importante que aprendan de su propia experiencia y de la de sus compañeros, y que saquen lo que tienen dentro y trabajen sobre sus ideas”, sostiene la pedagoga María Mendoza.

En el caso de la Fundación Créate, eso se consigue combinando cuatro métodos pedagógicos, potenciando sobre todo el método del descubrimiento. Y dentro de cada uno de ellos se utilizan multitud de técnicas pedagógicas (juego, técnicas de grupo nominal, entrevista, vídeo…). “La diversidad de técnicas persigue captar la atención de los alumnos y conseguir su involucración. Los niños asimilan los nuevos conceptos a través de la observación, de la experimentación con sus propias habilidades e, incluso, a través del reconocimiento de sus propios sentimientos en la puesta en común”, añade la pedagoga. Es decir, que el foco se pone en la experiencia, en la innovación y en la creatividad. Tres pilares a los que añadir el pensamiento innovador, la observación y el análisis. “Les aporta las ideas básicas y los requerimientos mínimos para formar una empresita, cosa que los que hemos querido emprender hemos tenido que aprender de cero”, destaca Rossana García, madre de uno de estos alumnos, y socia fundadora de la consultora Gradocell.

Sobre el terreno

Una vez que los niños tienen la idea, se ponen manos a la obra. En el caso de Nalvalón, al ser una cooperativa, necesitan un capital social, que lo sacan de sus ahorros, o de trabajos hechos en el entorno familiar que posteriormente venden. “Lo que más les gusta al principio es decidir quién será presidente, tesorero, secretario… Les apasiona hacer campaña y ser elegidos”, apunta Elisa Fernández Rivas, directora del colegio público La Gesta II de Oviedo. Y añade: “Más adelante les encanta el proceso de elaboración y estar de cara al público”.

Ya sabemos qué es lo que más les gusta pero, ¿qué es lo que más les cuesta? “Al principio todo es muy abstracto para ellos, hasta que va algún emprendedor. Sobre todo les cuesta estimar la venta en un ejercicio, la conexión entre ver una necesidad y solucionarla, y que algo que a ellos les puede gustar puede no ser del agrado de los clientes”, señala la directora de la Fundación Créate.

Retomando el caso de Valnalón, los niños tampoco se libran del engorroso papeleo. “Nosotros hacemos de administración y les damos un CIF”, dice su directora. Y si tienen que pedir un préstamo, acuden a una entidad financiera con la que Valnalón tiene un acuerdo. “El montante máximo es de 150 euros para los alumnos de primaria, y de 300 euros para los de secundaria que lo tienen que devolver sin intereses”, concreta su directora. ¿Modus operandi? Con su proyecto en la mano, se presentan en el despacho del director de la sucursal de turno, y éste les dice que en un día les dará la respuesta. “Desde que lo pusimos en práctica, no ha habido ningún impagado”, resalta. Ya solo falta vender el producto. Entonces, orientan sus pasos hacia el consistorio de turno, donde solicitan al alcalde la correspondiente licencia de venta ambulante. 

¿Y todos ellos serán emprendedores? “La mayoría no, pero gracias la formación en gestión emprendedora en la escuela tendrán una serie de habilidades y conocimientos que serán imprescindibles en su futuro, hagan lo que hagan”, subraya Juan José Güemes, presidente del Centro Internacional de Gestión Emprendedora de IE Business School. No es cuestión de fabricar un Amancio Ortega o un Mark Zuckerberg. Porque nadie lleva escrito en la frente que será un emprendedor, aunque tampoco lo contrario. “Se trata de meterles un chip para que un día se les encienda y que les impulse a soñar. Y si sueñan, crearán”, resalta Óscar Sánchez, director de la Fundació Escola Emprenedors. ¡Dulces sueños!