Economía

¡Yo ya no puedo apretarme más el cinturón!

Algo así se estarán preguntando ya los griegos, que llevan un plan de ajuste tras otro con el objetivo de recibir el visto bueno al segundo plan de rescate de la Unión Europea. Y los portugueses, también saben lo que es apretarse el cinturón: a la rebaja del sueldo de los funcionarios el año pasado (5%), se añaden la supresión de las pagas extras durante 2012 y 2013 para funcionarios y jubilados; el copago sanitario; la subida del IVA al 23% en productos básicos de la cesta de la compra, además de la luz, el agua y el gas; la obligación de trabajar media hora más cada día en el sector privado; el despido con una indemnización mínima –entre 8 y 12 días por año trabajado, frente a los 30 días actuales-… Y suma y sigue. Pero no son solo Grecia y Portugal. Como dijo Mariano Rajoy hace unos días, en España “se hará algo parecido” a lo que se ha hecho en nuestro país vecino. No queda otro camino. Y no porque lo diga Rajoy. Sino porque cuando, para bien o para mal, un país está atado a una moneda –en nuestro caso, el euro– para recuperar la competitividad perdida no queda otra salida que lo que los expertos llaman muy finamente una devaluación interna. ¿Qué en qué consiste eso? Pues como no hay moneda que devaluar, lo que se devalúa –en el sentido más literal de la palabra, es decir, pérdida de valor– son todos los bienes y servicios de ese país, es decir, nuestros productos, nuestros salarios… Todo. Y el país se hace más pobre. Ya hemos empezado a ver algo de eso, pero de forma muy tímida. Lo más duro está por llegar. Busquen más agujeros en el cinturón porque habrá que correr la hebilla. Y no olviden que, así como la devaluación de una moneda se hace en cuestión de horas, la llamada devolución interna es un proceso más lento y puede llevar ¡entre 5 y 7 años!