Economía

El arte de invertir en arte

Por Flavia Mantovani.

Reclinada, imponente con sus 114 centímetros y 600 kilos, la mujer de mármol negro de Henry Moore parecía posar en exclusividad para quien pasaba delante de ella. Y no podría ser de otra forma. Reclining figure: curved era la estrella de la feria Tefaf (European Fine Art Fair), celebrada en Maastricht (Holanda) en marzo y donde abundaban obras de Picasso, Andy Warhol, Gerard Richter y Renoir, todas a la venta. Pero la escultura del británico llamaba la atención no solo por su tamaño o por su belleza artística, sino por ser la más cara del evento: 26 millones de euros.

Paseando por los pasillos aterciopelados y decorados con tulipanes de esta feria, una de las más prestigiosas, se podían encontrar muchas más piezas no aptas para todos los bolsillos. Entre ellas, un Van Gogh de 3 millones de euros, un bronce del escultor italiano Guglielmo Della Porta de 2 millones de euros o un retrato recientemente descubierto del rey inglés Enrique VIII, vendido por 3 millones de euros a un apresurado coleccionista apenas 20 minutos después de la apertura.

Los negocios millonarios de esta feria y la masiva afluencia de público (más de 72.000 visitantes, el 85% de ellos compradores privados) son una de las pruebas de que el mercado del arte vuelve a recuperarse tras la caída de 2009. ¡Al fin algo crece con fuerza en esta apagada economía mundial! Según un informe preparado por la consultora Arts Economics, en los últimos dos años el crecimiento ha sido de un 63%, llegando hasta los 46.000 millones de euros en valores de ventas.

Ese incremento se debe en gran parte al dinamismo económico de los países emergentes, en los que la mezcla entre crecimiento del PIB per cápita y la mejora de los niveles educativos está creando una ola de nuevos consumidores de obras artísticas. Hasta tal punto que China ya es el primer mercado de arte en el mundo, superando a EEUU, que siempre ha liderado el ránking. “La demanda sube a medida que el nivel educativo crece globalmente y que los países en desarrollo crean nuevos museos”, afirma Fabian Bocart, director de la consultora belga de arte y financias Tutela Capital.

Pero también en Europa y EEUU mucha gente sigue comprando arte. Y lo hace no a pesar de la crisis, sino precisamente por la crisis. ¿Y por qué? Pues por ser un bien tangible, relativamente estable y no sometido a las oscilaciones de la Bolsa. Por eso, lo artístico es visto como una opción sólida para diversificar la cartera de inversiones. “Siempre he oído que había una crisis, y nunca la había notado. Ésta es la primera vez que veo que la gente está invirtiendo en arte como un refugio”, cuenta Jorge Coll, socio de la galería madrileña Coll & Cortés.

Y se invierte mucho dinero. En 2011, se vendieron 1.675 obras por más de un millón de dólares (760.000 euros), un 32% más que en el año anterior, según datos de la consultora Artprice. “Lo bueno se vende más”, asegura el galerista español Diego López de Aragón, que llevó un Goya de 2,4 millones de euros a la Tefaf. Este amante del arte precisa que las épocas de crisis traen oportunidades para quien quiere empezar una colección (o mejorarla), ya que, con los problemas de liquidez de las familias, varias piezas caras son vendidas a precios más bajos.

Muchos de los récords de ventas en 2011 se dieron en China. Así, en mayo y junio, dos subastas vendieron cuadros de los artistas Qi Baishi y Wang Meng por 45,8 y 43,5 millones de euros, respectivamente. Las famosas cerámicas chinas también alcanzaron precios muy altos y fueron responsables, junto con otros objetos igualmente decorativos, del 23% de las ventas. Pero el primer lugar de ese país lo ocuparon la pintura y la caligrafía, con el 54% de las ventas.

En el mundo del arte, en líneas generales, el “corazón” del mercado es el arte moderno, que creció un 61% en apenas un año y es el primer sector tanto en número como en valores de ventas. Otros segmentos muy dinámicos son el arte contemporáneo y de posguerra, que movieron 1.600 millones de euros en EEUU y Europa en 2011 frente a los 193 millones en el año 2000.

¿Qué comprar? Si tras haber leído estas líneas tienes interés en invertir tus ahorros en Picassos o Henry Moores, te conviene seguir leyendo. Invertir en arte es todo un arte: cualquier cuadro o escultura no puede ser considerado una buena inversión. “Si hablamos desde el punto de vista de la revalorización, no podemos meter todo en el mismo saco. Hay que analizar económicamente el artista, su evolución de precio, dónde ha expuesto y en qué colecciones está”, explica la consultora Elisa Hernando, de la empresa Arte Global.

La recomendación es todavía más válida para quien quiere comprar arte en mercados emergentes, donde se celebran cada vez más subastas y ferias. Particularmente en China, donde las piezas están despertando la atención de muchos coleccionistas occidentales. Pero hay que saber por dónde pisar. Como las ventas se dan principalmente en subastas y casi no hay un mercado primario (de galerías), muchas obras acaban sobrevaloradas “Las galerías tienen una función, que es promocionar al artista, hacerle el currículo. Ya la subasta es un mercado especulativo. Que un artista sin mucho currículo valga lo mismo que una obra de Tàpies no es real”, comenta Elisa Hernando. Lo importante en ese mercado eminentemente doméstico es buscar artistas que hayan expuesto en instituciones importantes y tengan salida internacional. En el caso del arte antiguo, se recomienda llevar especial cuidado con falsificaciones, muy comunes en el país asiático.

Volviendo al mercado global, lo que los consultores recomiendan es invertir en nombres consagrados. “Hay que adquirir calidad. Eso es lo que los compradores buscan”, asegura David Achenbach, consultor de arte del banco alemán Berenberg.

Según este experto, además de los sectores moderno (siglos XIX y XX) y contemporáneo (siglo XX), que son actualmente los más pujantes, el impresionismo es una buena inversión en cualquier época.

Las obras de los old masters (los maestros, que van desde el siglo XIII hasta el siglo XIX) han dejado de ser atractivas para muchos inversores, aunque no para aquéllos que prefieren las rentabilidades pequeñas y seguras. Varios de los compradores son gente joven, que no tiene tanto dinero como para comprar un Picasso. “Es un segmento menos volátil, aunque se mueve más despacio”, explica Clare McAndrews, directora de Arts Economics.

Mirar a los artistas más cotizados también ayuda a saber en cuáles invertir. Algunos nombres que están de moda son Gerard Richter, Sigmar Polke, Roy Lichtenstein, Andy Warhol, Antoni Tàpies, Francis Bacon, Lucien Freud y Jeff Koons. Sin embargo, hay que saber que la ecuación no es tan simple y que no todas las obras de un artista son igual de brillantes (y de valoradas). “Si tienes un Richter malo, que no es de una época determinada, la inversión puede no funcionar”, avisa Achenbach.

Para quien no pueda darse el lujo de comprar esos famosos y vaya a invertir en alguien más desconocido, el consultor recomienda elegir buenas galerías, que tienen más probabilidad de apostar por trabajos que se valoren.

De cualquier forma, como las tendencias de cada sector van y vienen, el consejo unánime es diversificar la colección. “Es la llave para beneficiarse de ese mercado, y la mejor forma de minimizar los riesgos”, afirma Fabian Bocart, de Tutela Capital. Como para muchos coleccionistas optar por obras que no sean sus preferidas puede resultar hasta doloroso, el consultor tiene un mensaje para ellos: “Si te gusta el arte moderno, por ejemplo, diversificar hoy con old masters puede ayudarte a conseguir una colección de arte moderno más grande en el futuro”, afirma.

En todo caso, aunque el objetivo sea el retorno financiero, quien invierte en arte casi siempre lo hace porque tiene pasión por ello. Por eso, un consejo tan básico como importante, repetido por todos los consultores, es que a la hora de comprar no se piense solo en los números: hay que elegir obras que le gusten a uno y con la que le agrade convivir. Como bien observa David Achenbach: “Es una inversión, pero la tienes en tus paredes”.