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¿Por qué Rajoy recurre a los tópicos sobre los parados?

 Nadie ni nada se salva de la guillotina de los recortes. Bruselas lo exige si queremos ser ayudados (o rescatados) con dinero de nuestros socios europeos. Uno de los últimos afectados son los futuros parados, que no sólo tendrán que sufrir por perder el trabajo sino que, además, verán mermada la prestación por desempleo a partir del sexto mes -cobrarán el 50% de la base reguladora en lugar del 60% actual-. Vale que el presidente Mariano Rajoy se está viendo obligado a tomar medida impopulares que no recogía en su programa electoral, pero lo preocupante es que nuestros gobernantes recurran a los tópicos para justificarse. Rajoy ha dicho en la comparecencia posterior ante los medios que el objetivo de reducir las prestaciones por desempleo es “animar la búsqueda activa de trabajo”. Lo que en román paladino viene a decir que la gente no encuentra trabajo porque no busca bien o no quiere buscar. Seguro que hay vagos redomados, pero ¿se puede generalizar? Y, sobre todo, ¿puede hacerlo un personaje público de la talla de Rajoy?

 “Hay miles de estudios que demuestran que esto es así [apurar en la búsqueda de empleo] en tiempos de bonanza económica, pero no existe esa evidencia en tiempos de crisis. Es peligroso condenar a los parados con esa culpa. Se están tomando medidas más que por evidencia empírica por pura necesidad para lograr el ajuste fiscal”, advierte Florentino Felgueroso, profesor de la Universidad de Oviedo y director de la cátedra Capital Humano y Empleo de Fedea-Santander. Una muestra simple es qué en la web de La Moncloa se ha incluido esta medida en el capítulo de “subidas de la recaudación”, junto con otras como el nuevo recorte en las partidas presupuestarias o el aumento de algunos tributos como el IVA.

Si el máximo que un parado con dos o más hijos puede cobrar ronda los 1.400 euros mensuales -el mínimo, si no se tienen hijos, es de 500 euros-, echen cuentas a ver si da para pagar la hipoteca, la comida, el cole y demás gastos familiares y echarse a descansar tranquilamente en el sofá. Vale que la mayoría cuenta con la indemnización por despido -también rebajada a entre 20 y 33 días por año- y que algunos suman el sueldo de su pareja, pero la media por desempleado era, ya en 2007, de 923 euros al mes. Vamos, que no es para echar cohetes precisamente. Y no olviden tampoco que cada vez más familias tienen todos sus miembros en paro -en total, 1,7 millones de hogares-. Y lo peor, que las previsiones de desempleo siguen siendo negras, muy negras. Por si no fuera suficiente carga el hecho de que ser el país con más paro de la OCDE -un 24,4% frente a la media del 8%-, este organismo acaba de augurar que uno de cada cuatro españoles en edad de trabajar no podrá hacerlo este año ni el próximo.

Para expertos como Felgueross otro riesgo de abocar a los parados a encontrar un trabajo de manera inmediata es que escojan cualquier tipo de trabajo y, al tiempo, vuelvan a engrosar la cola del paro otra vez. “No siempre la gente agota la prestación para aprovecharse del sistema sino para intentar reciclarse o mejorar su formación”, añade Felgueroso para contrarrestar algunos mitos populares. Y he aquí el verdadero alcance de esta medida.

 El problema es que este recorte -ojo, se mantienen los 24 meses de derecho a la prestación y el porcentaje a cobrar en los seis primeros meses- nos aleja más y más de la famosa flexiseguridad nórdica, a la que tanto les gusta referirse a nuestros políticos como modelo a seguir. Porque ese paradigma que combina movilidad laboral, facilidad para despedir y protección para el desempleado cuesta dinero -en prestaciones y en políticas activas de empleo-. Dinero que ahora no tenemos.