Economía

Las marcas resisten la crisis

Con la que está cayendo en la economía española, con unos bolsillos familiares cada vez más vacíos, que generan un retroceso en el consumo, resulta que existe una rara avis en el mundo del comercio a la que la crisis no parece afectarle. Estamos hablando de los centros comerciales que, según la AECC, la patronal del sector, prevén acabar este año con un descenso en las ventas de solo el 2% frente al 7% de caída con el que terminará 2012 para el resto del comercio minorista. “El sector tenía peores perspectivas antes del verano. Pero los meses de julio y agosto han sido mejores que los del año pasado, lo que se podría atribuir a un anticipo de compras por la subida del IVA en septiembre”, afirma Javier García-Renedo, presidente de la AECC.

Sea como sea, el hecho coyuntural de una subida del IVA no acaba de explicar por qué estas moles comerciales están capeando la crisis con más facilidad que el resto del comercio. El motivo principal que explica este hecho es algo tan simple como el poder de las marcas que están presentes en los centros comerciales (Mango, Zara, IKEA, etc.), que son las únicas que todavía tienen fuerza para atraer al ciudadano a dejarse los pocos euros que le sobran.

Buena muestra de la fuerza de la marca son las cifras del sector de los centros comerciales, los lugares que agolpan a las cadenas más conocidas de retail, restauración y hogar, que han incorporado 681.000 metros cuadrados de nueva superficie comercial desde julio de 2010 a junio de 2012 con la apertura de 16 centros, que han generado 15.600 puestos de trabajo y han supuesto una inversión de 1.987 millones de euros, de los que unos 1.550 millones proceden de fuera de España.

Obviamente nada de esto sería posible si en esos centros comerciales no estuvieran presentes las marcas más conocidas de España. Su poder hace que todavía atraigan a los clientes y, además, son las únicas que tienen capacidad para ofrecer suculentos descuentos y rebajas, lo que es fundamental en tiempos de vacas flacas. Ante esta situación, ¿qué puede hacer la tienda de barrio? Pues parece que la única solución pasa por la especialización.