Economía

La aritmética de Mas para forzar a Rajoy al pacto fiscal

Quedan tres semanas para las elecciones catalanas, que el presidente de la Generalitat, Artur Mas, ha presentado como un plebiscito a su proyecto soberanista y no tanto al balance económico, financiero y social de la gestión desarrollada por el Govern. Y en este tiempo seguirá pendiente de la calculadora. Para poder seguir adelante con su deriva rupturista, los nacionalistas catalanes (CIU, Esquerra, ICV) consideran que necesitarían obtener 2/3 de los votos o 90 de los 138 escaños que tiene el parlamento catalán. Este amplio apoyo, según los líderes de CiU, les legitimaría para encabezar el proceso soberanista. Y dan por descontado que ante un apoyo popular tan amplio, Bruselas forzaría a Mariano Rajoy a sentarse a negociar un nuevo pacto fiscal -el objetivo que persigue Mas en último término- que sirva para evitar así abrir el melón independentista dentro de la UE, un peligroso precedente que podría dar alas a proyectos similares en Francia, Italia, Bélgica, Alemania o Reino Unido.

Pero hay varias incógnitas por despejar que pueden dar al traste con el esquema estratégico dibujado por Mas. El primer foco de incertidumbre es que harán los cientos de miles de inmigrantes andaluces, extremeños, aragoneses… que tradicionalmente se han abstenido de votar en las elecciones autonómicas argumentando de que se trata de un “asunto de los catalanes”. Pero esta cita electoral es especial y el hecho de que se haya presentado como un plebiscito al proyecto nacionalista puede hacer que muchos de estos votantes acudan en masa para dar su apoyo al PP o al PSOE. De movilizarse en masa, podrían hacer peligrar la amplia mayoría absoluta con la que forzar la negociación con Rajoy.

El segundo factor que puede alterar los planes de Mas es un fuerte avance de ERC e ICV. Al president no le basta con una amplia mayoría de los partidos nacionalistas, necesita también que CiU logre una mayoría absoluta -68 parlamentarios- que no le haga depender de ningún otro partido. De verse abocada a un pacto de gobierno con Esquerra o ICV, a CiU ya no le bastaría con reclamar el pacto fiscal. Sus socios le exigirían a abandonar su calculadísima ambigüedad y radicalizar su discurso con un mensaje más independentista con el que no se sienten cómodos ni sus dirigentes, como Duran i Lleida, ni parte de su electorado. De hecho, el programa de CiU para el 25 de noviembre evita las palabras independencia, separatismo o secesión, y se limita a hablar de “Estado propio”, formulación que podría servir tanto para una salida federal como para la independencia plena. Tras hablar en las últimas semanas con empresarios catalanes y altos ejecutivos de empresas con sede en Barcelona tengo más claro que el objetivo último de Mas no es la independencia sino la soberanía fiscal de Cataluña, la gestión de las pensiones y cotizaciones, la titularidad de todas las infraestructuras, la política energética… Estas últimas reclamaciones si que tienen el apoyo mayoritario de la clase empresarial catalana, no así el proyecto separatista.