Economía

La prensa tras la crisis: débil, superficial…

El flujo de malas noticias sobre la prensa parece no tener fin. La sangría de despidos en España continúa (televisiones, periódicos, revistas… aligeran y aligeran personal hasta quedarse en los huesos; siendo el País el último en pasar la tijera) y cuando el vendaval haya pasado nos vamos a encontrar con un panorama realmente desolador no solo para los medios sino para la propia sociedad y la salud del sistema democrático. No lo duden, una sociedad sin prensa es como una sociedad en la que se apagan las luces y la oscuridad y la opacidad reinan. Solo veremos lo que algunos quieren que veamos. Una situación realmente de desamparo para el ciudadano de a pie. Mala cosa.

El problema del periodismo no sólo es español (aquí se han despedido a más de 8.000 profesionales y algunos dicen que, comparativamente, el daño es peor que en el sector de la construcción). Se da en todo Occidente, salvo en los mercados emergentes, como China o India, que a medida que salen de la pobreza y del analfabetismo, y su clase media se afianza y ensancha consumen más periódicos). En Estados Unidos, principal mercado periodístico del mundo, la crisis ha reducido a la mitad los ingresos publicitarios, ha llevado a la desaparición de numerosos rotativos y está obligando a recortar muchos servicios, en particular la información internacional y las corresponsalías, que son caras. Paradoja: Estados Unidos tenía en el mundo unos 2.500 corresponsales en 1945 y hoy apenas tiene unos 300.

Pero no nos engañemos, lo que está ocurriendo no solo es fruto de la crisis económica.Ni mucho menos. Es un cambio de paradigma, que no sabemos adónde nos puede llevar. Las nuevas tecnologías (desde Internet hasta los smartphones, todo mucho más barato y accesible), la entrada de nuevos actores (Yahoo, Google, Facebook…), el periodismo ciudadano (hoy la gente produce y difunde su propio contenido), la falta de interés (sobre todo de las nuevas generaciones, cuyas inquietudes no se ven reflejadas), la ruptura del modelo de negocio (la cultura de la gratuidad e Internet hace que la información sea vista como materia prima), la pérdida de credibilidad de los medios y sus profesionales, y tal vez alguna razón más, están llevando a una auténtica revolución.

No sabemos si surgirán nuevos medios, y si se encontrará un nuevo modelo de negocio que los haga viables. Tal vez incluso coexistan distintos modelos. Lo que es seguro es que, como decía Thomas Jefferson, es mejor tener “periódicos sin gobierno que no gobiernos sin periódicos”. Si la sangría publicitaria y la caída de la difusión continúa nos encontraremos con medios malheridos, moribundos, débiles. Los medios débiles no son independientes. Y los medios que no son independientes no sirven para vigilar a los poderes. Adiós al periodismo de investigación, que es caro. Y hola al periodismo más vulgar, carente de todo rigor, que alimentará la espiral de desprestigio, elaborado a partir de notas de prensa y con profesionales legos en las materias. Un flaco favor para la opinión pública y para la democracia.