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¿Miedo a la economía abertzale?

A finales de agosto, la página web de la BBC  publicaba un reportaje bajo el sugerente título El pueblo vasco que tiene el secreto contra la crisis en España. Un periodista británico se desplazó hasta Arrasate (Guipúzcoa) para ahondar en las bondades del modelo cooperativista propio de Euskadi, encarnado magistralmente en el Grupo Mondragón, y dar cuenta del exitoso resultado. Esta localidad, dependiente de la actividad de algunas de las 250 empresas que conforman el grupo, tiene la mitad de desempleo que el resto del país. Y la empresa es un modelo de solidaridad, en la que el sueldo de los jefes no puede superar en seis veces el promedio del salario de un empleado y donde las decisiones se toman por consenso. Como esta ciudad, está claro, no hay muchas.
No se equivocaba el reportero británico al acercarse hasta una de las comunidades que mejor estado de salud exhibe de toda España, con una tasa de paro muy por debajo de la media nacional –del 14,5% frente al 24,6%–; un sólido tejido industrial y unas finanzas públicas más saneadas que las de otras autonomías más díscolas.
Pero la foto panorámica hubiese sido más fidedigna si el periodista hubiese tenido también en cuenta las múltiples señales que, cada día con más frecuencia, indican que Euskadi está empezando a dejar de ser ese territorio idílico e inmune a la depresión económica circundante. ¿Nos ha cambiado la crisis? es el título de un reportaje colgado en web de la Eitb, la radiotelevisión pública vasca, el pasado 18 de septiembre, en el que los ciudadanos dejan ver su malestar tras cuatro años sin tregua de crisis. Paro creciente, tiendas cerradas, pensiones a la baja, incertidumbre, bajadas de sueldo…  “Sin duda, somos más pobres que antes”, respondía categórica una ciudadana vasca de mediana edad.
Y si acercamos más la lupa a la imagen inicial, veremos que algunas localidades como Sestao, en Vizcaya, tienen la deshonra de sufrir cotas de desempleo similares a la media nacional. Y que, las hasta ahora saneadas arcas públicas, empiezan a dar síntomas de desgaste: costear el nivel de gasto y servicios públicos empieza a ser un encaje de bolillos de difícil cuadratura.
Con este mar de fondo, los partidos acuden a la inminente cita electoral para elegir al próximo presidente del Gobierno vasco con sus recetas económicas bajo el brazo. Porque ahora que las armas de ETA están definitivamente calladas –el primer aniversario del cese de la violencia se cumple un día antes de la llamada a las urnas–, nadie duda de que la economía será el auténtico caballo de batalla.
Y a estas alturas del partido –la cita electoral es el próximo 21 de octubre–, nadie cuestiona que las opciones nacionalistas, léase PNV y Bildu, serán las fuerzas claramente ganadoras de las urnas. No se sabe si habrá vencedores absolutos o se tendrá que recurrir a las políticas matrimoniales entre partidos, pero a tenor del éxito electoral que Bildu consiguió en los comicios locales del pasado año, conviene ya ir formulando la siguiente pregunta: ¿qué efectos tendría que el timón de mando de Euskadi, comunidad que aporta el 6% de la riqueza de España, estuviese en manos de la formación abertzale? ¿Habría una revolución de ocho grados en la escala de Richter que haría temblar a la clase empresarial? ¿O, por el contrario, Bildu estaría abocada a guardar en el cajón su heterodoxia de manual para jugar en la vida parlamentaria?
“A los empresarios lo que no nos gusta es la incertidumbre. Un nuevo Gobierno sin experiencia que coquetea con posiciones comunistas genera duda. Algunos de sus dirigentes se han declarado troskistas”, señala un empresario que prefiere guardar el anonimato. Pero no hay que rasgarse las vestiduras. Pese a las suspicacias que a priori puede suscitar esta formación, son muchos los que piensan que es más el ruido que las nueces. “Que Bildu acceda al Gobierno es impensable, pero si pasase, se viviría una situación similar a la que hoy se da en Guipúzcoa. Sería incómodo pero no para cortarse las venas. No percibo inquietud entre la clase empresarial porque una cosa es hacer proclamas en un mitin y otras debatir en el Parlamento”, reflexiona otro directivo de confesa predilección por la formación que lidera Urkullu. “El PNV nunca va a pactar con Bildu los temas economico-empresariales”, añade convencido.
MARCADO CORTE DE IZQUIERDA. La semana de 35 horas, reducir las diferencias salariales, poner en stand-by grandes proyectos y apostar por el control público de sectores estratégicos son algunas ideas fuerza del ideario de la formación abertzale, una coalición fruto de la alianza entre la Izquierda Abertzale, Eusko Alkartasuna, Aralar y Alternativa, que apuesta sin amagos por la independencia como única forma de dar respuesta a la situación generada por la crisis. “Debemos dar una respuesta de país a la grave situación económica que vivimos, dejar atrás viejas fórmulas y aplicar nuevos modelos porque los especuladores son insaciables y no saben qué es la justicia social”, ha declarado Laura Mintegi, la candidata a lehendakari de Bildu. Un recetario de medidas de marcado corte de izquierdas que, a priori, calan mejor entre algunos ciudadanos de a pie que entre la élite empresarial.
Desde Confebask, la gran patronal vasca, no se dejan impresionar: “Habrá que ver hasta qué punto consiguen desarrollar algunas de sus pre-ideas”. La voz de los empresarios rehuye  el debate siglas políticas para resaltar que lo que de verdad preocupa a las empresas “es el deterioro progresivo de la situación. La economía real está languideciendo, no hay financiación y la toma de decisiones se alarga en el tiempo”. Para el patrón de patronos es evidente que no todos los programas son iguales en lo económico, por eso no duda en avisar a navegantes, sean del color que sean: “No hay que olvidar que no se pueden hacer políticas sociales si la Administración carece de ingresos y éstos dependen de que la economía real se reactive. Por eso, lo que de verdad queremos es que pase la incertidumbre electoral, salga el Gobierno que tenga que ser y se empiecen a tomar decisiones”. Porque si la actividad  empresarial sigue agonizando,  el PIB seguirá contrayéndose, el paro seguirá subiendo y, entonces, será imposible romper este círculo vicioso sin aplicar dolorosos tijeretazos.
El aviso no es en balde. La recaudación fiscal se encuentra a niveles de 2006 y todos los partidos han dado sus recetas para volver a llenarlas. El PNV propone aumentar el autogobierno para recaudar el IVA y Bildu, avanzar hacia una fiscalidad más progresiva y solidaria, que incluya un impuesto sobre las grandes fortunas.

EL MILAGRO VASCO. Euskadi es hoy lo que es por la decidida apuesta por la innovación y la industria en los últimos treinta años. Fruto de esta mentalidad, en 2007 nació Innobasque para potenciar la “innovación en el sentido más amplio de la palabra”, señala Guillermo Ulacia, su presidente. Otra apuesta clave ha sido la creación de clusters sectoriales –hay unos 19, que aglutinan a unas 1.500 empresas– para fomentar la especialización inteligente en las pymes. El éxito ha sido rotundo.

La partitura aún no está escrita pero la música no suena bien entre los grandes empresarios. “Mantenemos unas competencias fiscales que en los últimos años nos han permitido impulsar temas como la I+D o la internacionalización de las empresas. Ahora, el debate no debería ser solo recaudatorio, sino pensar en una política fiscal que estimule la actividad”, defienden en Confebask.
Es más. Incluso algunos se quejan de que, hasta la fecha, se han seguido aplicando viejas fórmulas para nuevos retos. “Ayudar a exportar hoy es un error. El mundo ha cambiado y los países en vías de desarrollo no quieren importar, quieren que las empresas produzcan allí y eso exige internacionalizar de verdad. Pero nadie mira hacia dónde vamos, todos estamos metidos en el corto plazo”, señala un empresario guipuzcoano que también prefiere el off the record para hablar con libertad.
SIN EXPERIENCIA. Tampoco gusta de la formación abertzale su abierta oposición a proyectos catalogados de estratégicos. “En su día, algunos que hoy están en Bildu se opusieron a la construcción de la autovía de Leizarán [une Euskadi con Navarra] y del Guggenheim de Bilbao y seguro que hoy disfrutan de ambas infraestructuras. El discurso es pura demagogia. Hablamos de proyectos que son inversiones para la competitividad futura como son la ampliación del puerto de Pasaia y la construcción del tren de alta velocidad”, clama la gran patronal.
De ahí que la inexperiencia de Gobierno está siendo otro de los flancos de ataque contra Bildu y el asidero del PNV para huir del debate más soberanista, terreno en el que su rival le puede adelantar por la izquierda, y sacar pecho (y rédito) de su sobrada capacidad de gestión.
“En otros momentos de nuestra historia se apostó por la innovación y la industria tanto desde las políticas de gasto del Gobierno como desde la fiscalidad de las Diputaciones. Lo que Euskadi es hoy no es una improvisación. Nosotros sabemos de lo que hablamos”, sostiene Pedro Azpiazu, diputado y portavoz de Economía del PNV en el Congreso de los Diputados. No en vano, el PNV también se siente, con más o menos razón, hacedor del fuerte Estado del Bienestar que se disfruta en Euskadi y no ha dudado en enarbolar la bandera de la defensa de las pensiones y las prestaciones sociales en su programa.
Para calmar suspicacias, Laura Mintegi se ha rodeado de profesionales de marcado perfil técnico para configurar su equipo de Gobierno. Aún no se han celebrado las elecciones, pero Bildu ha querido dejar claro desde el minuto cero los hombres y mujeres que se encargarían de pilotar cada una de las consejerías… en caso de ganar. Pero mientras se deshoja la margarita electoral, algunos no están dispuestos a hacer ejercicios de simulación. Así, la venta parcial de Euskaltel, el operador de telecomunicaciones, ha quedado paralizada hasta saberse de verdad quién ocupará la lehendakaritza –la presidencia del la comunidad–. La operación podría reportar en torno a 120 millones a las necesitadas arcas públicas del Gobierno regional, dueño del 7,5% del accionariado a través de EiTB y el Ente Vasco de la Energía –el otros 68% está en manos de Kutxabank–. Ni las veleidades nacionalistas son del gusto de los fondos de inversión en liza, ni Bildu ha respondido a esta revista si darían marcha atrás a la operación en caso de gobernar. Es cuestión de esperar.

 

DECÁLOGO SOCIO-ECONÓMICO DE BILDU

  • Crear un fondo de inversión para sectores estratégicos y la creación de empleo.
  • Profundos cambios  en los impuestos de renta y sociedades y un impuesto a las grandes fortunas (además de una política fiscal progresiva y solidaria y de lucha contra el fraude).
  • Moratoria de las grandes infraestructuras.
  • Reforzar el control público de los sectores estratégicos: apuesta por un sistema financiero público.
  • Un sistema público de energía: desmantelar las centrales térmicas y nucleares, acabar con las centrales de ciclo combinado y apostar por el uso de fuentes renovables. Alejar al sector energético del beneficio privado.
  • Trabajar por el desarrollo económico de las comarcas.
  • Crear un marco vasco de relaciones laborales: una semana laboral de 35 horas y un salario mínimo más digno. Equilibrar las diferencias salariales.
  • Protección social a todas las familias y detener los desahucios.
  • Apuesta por los servicios públicos de calidad (sanidad, educación…).
  • Simplificar los organismos públicos actuales, terminar con las duplicidades y aportar transparencia.