Economía

¿Y si la enseñanza diferenciada nos ayuda con nuestro problema en la educación?

Hace unos días tuve la oportunidad de escuchar a un experto en educación. Entre los sucedidos que me contó, relató su reciente encuentro con la directora de un colegio que fue solo de niñas y ahora es mixto, y el arrepentimiento de esta directora: su centro escolar había empeorado materialmente y en el ambiente, en general, con la llegada de los niños. Ya saben: en general, parece que somos bastante más brutos.

Este mismo profesor explicaba otra curiosa experiencia en un colegio diferenciado. En su recorrido por el pasillo que separaba a alumnos y alumnas, un viernes por la tarde, el profesor contemplaba cómo los maestros de los niños trataban de “sobrevivir” y las niñas estaban tranquilas, estudiando, sin profesor.

Es evidente que habrá excepciones -niños tranquilos y niñas más “folloneras”-, pero las dos anécdotas sirven en parte para ilustrar que somos diferentes. Y eso afecta al modo de enseñar. Por ejemplo, este experto profesor explicaba -de nuevo como norma general: siempre hay excepciones- que a los niños hay que estar preguntándoles constantemente para que no se despisten, mientras que a las niñas no les va tanto  este método.

Las diferencias entre sexos son patentes también en el rendimiento académico. Como se puede ver en el gráfico de debajo, elaborado por el Consejo Escolar del Estado, el fracaso escolar de los niños es mucho más elevado que el de las niñas en todas las comunidades autónomas.

 

Según el estudioso al que tuve la oportunidad de escuchar, estas diferencias académicas son difíciles de sobrellevar. Los niños no son capaces de compararse académicamente con las niñas, y tampoco de resistir su superioridad verbal. El varón adolescente suele ser más inmaduro que las chicas de su edad, y en su época de escuela vive dominado intelectual y afectivamente por ellas. ¿Es este el mejor contexto para que los niños y niñas se desarrollen todo lo que pueden? Quizás no.

Otros países ya se han dado cuenta de las ventajas que puede tener educar a niños y niñas por separado. En Inglaterra, por ejemplo, existen más de 1.000 escuelas diferenciadas: 416 públicas y 676 privadas. En el ranking de 2011 de las 100 mejores escuelas del país, 81 eran diferenciadas. Estados Unidos también cuenta con unos años de experiencia en este terreno. Hillary Clinton, actual secretaria de Estado, promovió las escuelas públicas diferenciadas en 2002 cuando era senadora. En 2009 ya había 540 escuelas públicas diferenciadas. Arne Duncan, secretario de Educación con el presidente Barack Obama, también ha promovido colegios públicos diferenciados en Chicago.

Antes de todos estos acontecimientos, ya ha habido mujeres relevantes que han sido educadas en colegios o universidades diferenciadas. Desde la propia Hillary Clinton, a Nancy Pelosi, que fue la primera mujer portavoz de la Casa Blanca; Sally Ride, primera mujer que viajó al espacio; Madeleine Albright, primera mujer secretaria de Estado; Condoleezza Rice, primera mujer responsable de la Seguridad Nacional…

Uno podría pensar que estos buenos resultados se deben a un cierto elitismo, si no fuera por la cantidad de escuelas diferenciadas que funcionan en algunos de los distritos más difíciles de Estados Unidos y de España.

¿Sería la educación diferenciada una ayuda para que nuestras nuevas generaciones tuvieran un mejor nivel y más oportunidades en el futuro? De momento, lo que se puede decir es que el 48% de los varones españoles de 15 años no está en el curso que le corresponde. Y que el índice de fracaso escolar en la enseñanza pública es del 36%, frente al 6% de la diferenciada. Por supuesto, todos esperamos que los números de la educación pública mejoren. Pero, mientras lo hace, la educación diferenciada quizá puede ayudar a reducir nuestro elevado paro juvenil.