Mercados

Las pymes españolas también exportan

El desfile de Louis Vouitton en la semana de moda de París, este mes de octubre, ha sido un buen broche de oro para Alapont, una pequeña empresa de Alzira –Valencia– que dedica parte de su negocio a las escaleras mecánicas. El subir y bajar de las modelos en el Museo del Louvre era una prueba de fuego para esta pyme, que está apostando con éxito por su negocio en el extranjero. “En tres años hemos logrado que Francia represente el 50% de nuestros ingresos. El año que viene facturaremos fuera el 70%”, señala Jorge Albelda, director de Internacionalización de la compañía.
A esta empresa le ocurrió hace cinco años lo que a tantas pymes españolas. Sus responsables vieron que el boom de la construcción se acababa. Sus ascensores –también se dedican a ese negocio– ya no se iban a vender más en Valencia y el Mediterráneo, de donde habían vivido hasta ese momento. Así que la disyuntiva estaba clara: diversificarse o morir. Compraron la división de escaleras mecánicas de la multinacional francesa CNIM, e impulsaron el trabajo en el exterior de la mano de sus clientes –Sacyr, Isolux, Cobra…–. “Tendemos a mirar a los países del Este y a Latinoamérica, cuando hay países más cercanos como Francia donde podemos competir”, dice Albelda. Su pequeña compañía se extiende por el país galo y otros más lejanos, como Georgia, o africanos, como Argelia, donde apunta como ventajas que hay dinero, los españoles caen bien y tienen ganas de trabajar, porque su país está como el nuestro en los años 60.
Aunque la sequía de crédito afecta directamente a las pymes, el número total de empresas –grandes y pymes– que salieron al exterior aumentó en 2011 –un 12% más, hasta 122.987 compañías, según el ICEX–. Y la verdad es que se ven muchos ejemplos interesantes, plenos de audacia empresarial. Como el de Vasco Gallega. Esta empresa, de treinta y seis años de historia, nació siendo una consignataria de buques, pero esa área ya solo alcanza el 5% de su negocio. Ahora es especialista en el transporte de mercancías en todo el globo.
Esta compañía gallega cuenta con oficinas propias en Angola, Portugal, China, India y Brasil. “Trabajamos cada vez menos desde o para España. Gestionamos mucho transporte en las rutas China-India, China-Angola y China-Brasil. Ni siquiera nuestro cliente es español: es europeo”, dice Xoán M. Reboredo, director adjunto del grupo. Su cifra de exportación es de 51,5 millones de euros sin incluir India, un 61% de sus ingresos.
La expansión internacional de las pymes requiere mucho conocimiento del terreno y muchos contactos, que a menudo vienen de empresas con las que ya se trabajaba. Vasco Gallega lleva veinte años empleándose en la India, donde gestiona una media de 600.000 toneladas al año. El propio Xoán trabajó allí algo más de un año, y los responsables de la compañía viajan al país cuatro o cinco veces al año. Cuentan allí con once oficinas, más de cien personas trabajando en el departamento de aduanas, setecientos camiones normales y especiales, alguna grúa… Como se ve, son capaces de crear empleo y actividad económica allá donde van, pero el mando se lo reservan a españoles o portugueses: “Nuestra logística es compleja. Requiere un gran conocimiento del trabajo y del grupo. El dominio del lenguaje nos permite que el reporte y el control sea más fácil”, explica Reboredo.
La experiencia y conocimientos de esta firma ayudan a desembarcar en un país, sin duda. Algo, que a menudo no es sencillo. La compañía Remaned notó la desconfianza sobre una pyme española que llega a otro país, pero ha sido capaz de darle la vuelta a la situación. Esta empresa, especializada en comprar material usado de vehículos diésel y remanufacturarlo para ofrecer a los talleres piezas de recambio, adquirió una empresa inglesa en marzo de 2011. “Nuestro principal problema fue que compramos una empresa creada. Fue difícil que se adaptaran a nuestro sistema de producción. Pero al personal inglés también le generaba dudas que viniéramos de España. Se sabe que nuestro país no está en una buena situación, se habla de que no trabajamos… Cuando mejoramos la situación de la compañía y los empleados vieron un proyecto de futuro, nos apoyaron”, explica Óscar Villafranca, director general de esta empresa navarra. La verdad es que dieron una buena vuelta a la firma inglesa. Cuando llegó Remaned, facturaba 800.000 euros y perdía 400.000. Tras la reparación efectuada en su cuenta de resultados, los ingresos fueron de 4 millones y entraron en beneficios.
La experiencia de Remaned demuestra que una buena idea puede funcionar globalmente. Más aún en un sector que dominamos en España, como es el de la automoción, nuestro líder en exportaciones. “Nuestras piezas son, a veces, hasta un 50% más baratas. Y la garantía es igual: incluso mejoramos el producto”, sostiene Villafranca. Un buen argumento que puede triunfar, en un momento en el que el salto al exterior es planteable para cualquier tipo de pyme. “Si no nos hubiéramos lanzado hace cinco años, nuestra facturación habría caído un 80%”, señala Jorge Albelda. Eso sí: salir implica estar dispuesto a llevar a cabo importantes transformaciones en la empresa. “Antes hablábamos solo valenciano y castellano. Ahora hay que comunicarse en francés e inglés”, reconoce Albelda. Es solo un ejemplo, quizá el más evidente.
Las pymes españolas son las que gobiernan su salto al exterior, y para ello cuentan, en ocasiones, con la ayuda del ICEX. Esta entidad suele organizar viajes o facilitar el acceso a subvenciones, entre otras tareas, aunque algunos empresarios creen que su labor podría mejorar: “Los viajes están bien, pero, al final, si no son más específicos, no llegas donde te interesa”, dice Jorge Albelda. “Las ayudas ahora están siendo frenadas, porque no hay presupuesto. También hay ocasiones en que están politizadas”, afirma Óscar Villafranca. Pero, al margen del ICEX, si hay algo de lo que quejarse, el director general de Remaned lamenta que el IVA no le sea devuelto hasta ocho meses después de lo previsto, porque no había fondos. Una piedra en el zapato que añadir a la ya de por sí difícil tarea de trabajar fuera de nuestras fronteras.
Por fortuna, frente a estas contradicciones, también aparecen instrumentos para facilitar la exportación. Por ejemplo, el programa ICEX Next, que se dirige a empresas con potencial exportador y cuya exportación no supere el 30% de su facturación. Los responsables de la pyme pueden seleccionar los expertos que le sean de más utilidad, y el ICEX cofinancia el 50% de los gastos, hasta un total de 12.700 euros. Un buen modo para que empiecen su aventura en el exterior.