Economía

¿Así vamos a frenar el paro juvenil? Pues igual sí

Álvaro Mora tuvo la suerte de trabajar durante un trimestre de 2012 en Remagen, una empresa de calefacción situada en la localidad alemana de Arhweiler. Este bonito pueblo queda cerca de Coblenza, a una hora de Colonia. Allí pudo poner en práctica todo lo que ha aprendido en su módulo de FP desarrollado en el centro Xabec, de Valencia: montó radiadores, colocó tuberías, instaló suelo radiante, paneles fotovoltaicos… “De allí me gustó todo: la empresa que me acogió, la casa donde estuve, la gente que conocí, la manera de trabajar…”, reconoce Álvaro. El problema llegó cuando tuvo que volver. Esos tres meses le bastaron para contrastar el futuro de su profesión en aquel país y en España por tres motivos. Número uno: “Durante varios días coincidí con un chico que me explicó cómo funcionaba la formación dual. Estudiaba tres días a la semana y otros dos trabajaba en la empresa. Su actividad se rellenaba en fichas, y había una cuestión que me fascinó: eran prácticas remuneradas. ¡Increíble!”, dice Álvaro. Número dos: “La actitud de la empresa hacia mí fue fantástica. ¡Chapó! Para lo que querías, ahí estaban”. Número tres: “No me parecía para nada que mis compañeros de formación profesional estuvieran apartados socialmente. Su reconocimiento social allí es bastante alto”.

Todo lo contrario que en España, donde es difícil encontrar una firma que pague a sus alumnos de FP durante su periodo de prácticas y tenga un empleado que instruya a los chicos, y donde renunciar al Bachillerato o a la Universidad es considerado poco menos que colgarse el cartel de poco inteligente. Si a ello añadimos la enorme diferencia de paro entre España y Alemania y que Álvaro cobraría 2.000 euros al mes con su título de FP si trabajara en el país germano, no es de extrañar que piense en volver.

Paro JuvenilLas perspectivas de un chico como Álvaro en Alemania, está claro, son mucho más favorables. Y es gracias al sistema. La formación que reciben se da mayoritariamente en las empresas, de acuerdo a las necesidades que tienen. El currículum que estudian lo definen las cámaras de comercio, de acuerdo con las empresas y unos mínimos fijados por el Ministerio de Educación. Las cámaras son las que evalúan, controlan a las empresas y expiden los títulos, no los centros educativos. Los chicos se forman exactamente en los puestos que necesitan sus empleadores, de modo que al final continúan con su actividad dentro de la plantilla. Se les hace un contrato desde el principio y cobran.

Algo así quiere implantarse ahora en España. El real decreto por el que se desarrolla el contrato para la formación y aprendizaje y se establecen las bases para la FP dual se aprobó en noviembre, y contempla que los alumnos pasen en las empresas hasta el 75% del tiempo de su primer año de estudios y el 85% en su segundo y tercer año.

La nueva FP dual va a desarrollarse entre las consejerías de Educación y las empresas de cada comunidad autónoma. En algunas regiones se están dando pasos realmente interesantes. Por ejemplo, en Madrid. Los alumnos de la capital están viendo la reforma con buenos ojos, aunque no se les ofrecen contratos con Seguridad Social incluida, como en Alemania, sino becas-salario. “Es una grandísima oportunidad”, afirma Adrián Luengo, estudiante de un ciclo formativo de Turismo en el centro de formación profesional Simone Ortega, de Móstoles. Adrián abandonó los estudios para dedicarse al judo. Ha sido campeón de España en categorías inferiores y ha competido con la selección nacional. El año pasado terminó el Bachillerato y ahora, a sus 23 años, se forma con la ilusión de poder ser algún día director de un hotel. “Desde hace un mes estoy realizando mis prácticas en el NH Nacional, de Madrid. Ahora estoy en recepción, pero la idea es pasar por todos los departamentos. El tutor de la empresa y otros empleados están ayudándome mucho. Estoy formándome y además me están pagando. Está muy bien tener una ayuda económica mientras estudias”, afirma Adrián.

Adrián ha sido un afortunado, pues son las empresas las que eligen los estudiantes en prácticas a partir de los currículos y una entrevista personal. Él fue uno de los 85 elegidos de su centro, que recibió 250 solicitudes para la formación dual. Más demanda que oferta, pero tampoco desmesurada, como cabría esperar de un tipo de formación que añade una remuneración de unos 450 euros mensuales, durante veinte meses. “Quizá no se ha hecho demasiada publicidad. Esperábamos más peticiones de las que hemos recibido”, apuntan desde el Instituto de Enseñanza Secundaria de Moratalaz, donde se imparten dos ciclos de Sanidad en formación dual. En esta escuela, como en el Simone Ortega, están gratamente sorprendidos de la profesionalidad de las compañías que están participando en el programa. En el caso de Moratalaz, una de ellas es Capio. “Son muy profesionales. Los interlocutores no han sido cualquiera: han venido los responsables de Anatomía Patológica. Cuentan también con un tutor en la empresa que hace el seguimiento de los alumnos”, dicen desde el centro.

Hay dudas. Pero, al menos de momento, las cosas no funcionan tan bien en otras comunidades. Desde Xabec, en Valencia, se han puesto en contacto con más de sesenta empresas. Solo cuatro les han ofrecido contrato laboral. “Sin duda, no es un buen momento para implantar la formación dual. No hay un euro, y menos para aprendices”, concluye Antonio Mir, director del centro. Por eso, mientras la situación mejora, esta escuela envía a sus alumnos a países como Alemania, Dinamarca u Holanda, donde están tres años aprendiendo y cobrando y son bien recibidos, porque son trabajadores y se integran. “El problema en España es que no se define la responsabilidad de las empresas”, añade Mir.

En este punto, además de las comunidades autónomas, el Gobierno tendrá algo que decir. “Hace falta un auténtico cambio de mentalidad. Tenemos que mejorar la inserción laboral en las compañías. Debemos ser más imaginativos y valientes”, reconoce Ángel de Miguel, director general de FP en el Ministerio de Educación. Al departamento dirigido por José Ignacio Wert se le ve ilusionado con este proyecto. Incluso han planteado bonificaciones del 100% en la Seguridad Social a empresas de más de 250 trabajadores, y del 75% a las de menos, que realicen contratos de este tipo. Pero habrá que ver si, sobre el marco general elaborado por su Ministerio, las empresas se ponen en marcha para facilitar que el sistema funcione tan bien como en Alemania. Allí, empresas de todos los tamaños, incluidos pequeños comercios, ofrecen contratos de aprendizaje. Y cuando no lo hacen, hay problemas. “En el año 2004 las empresas ofrecieron muy pocas plazas. El canciller Gerard Schröder exigió a las empresas que pusieran más oferta a disposición de la juventud. De lo contrario, les impondría un impuesto especial a la formación que se destinaría a la oferta de plazas. Antes esta situación crítica, las asociaciones de empresas y las cámaras firmaron un pacto para crear hasta 2007 unas 30.000 plazas al año”, recuerda Walther von Plettenberg, director gerente de la Cámara de Comercio Alemana para España.

Ojalá que no se llegue a esta situación límite. Y quizá no haga falta, porque lo cierto es que ya hay empresas que están siendo muy ejemplares. Por ejemplo, Seat. Esta firma automovilística cuenta desde 1957 con una escuela de aprendices. Su objetivo es suministrar a la compañía puestos con cualificación alta, que no son fáciles de encontrar en los centros educativos. Hasta ahora se formaba a los alumnos de acuerdo con los planes de las escuelas, con más carga teórica que práctica. El nuevo contrato de aprendizaje facilita equiparar la carga de formación y de trabajo. Las horas de prácticas aumentan un 57%. Así el sistema de aprendizaje se parece más al de la matriz Audi-Volkswagen, que hasta ahora provocaba en Seat una envidia sana. “No solo porque lo hacen bien. Además cuentan con unos resultados óptimos. Cuando se incorporan a la empresa, los alumnos ya son unos técnicos cualificados y expertos, después de sus tres años de formación. Nosotros no podíamos hacer trabajar a nuestros aprendices”, señala Manuel Moreno, responsable de Formación de Seat en España. La nueva legislación lo permite. Por eso los alumnos de formación dual firman un contrato por tres años en el que cobran desde el primer día: catorce pagas de 250 euros el primer año, de 420 euros el segundo y de 530 euros el tercero. “Cuando acaban se incorporan a la empresa en el puesto en el que se han formado y con el sueldo correspondiente a ese puesto”, añade Moreno. Además, con esa formación y los idiomas que aprenden –inglés este año y alemán el que viene–, los alumnos pueden moverse por las fábricas del grupo Volkswagen repartidas por el mundo y cuentan con un plan de desarrollo profesional. Ejemplos como éste hacen pensar que quizá se pueda recuperar el esplendor que tuvieron antaño escuelas de aprendices como la de Pegaso o La Maquinista, relacionada con Renfe. “Funcionaban muy bien. Empleaban un sistema muy parecido al alemán. Pero desaparecieron cuando el sistema educativo asumió la FP”, recuerda Manuel Moreno.
BachilleratovsFP

Aquello ocurrió en los años 70. Ahora, incluso los centros educativos ven la necesidad de volver a acercarse a las empresas para que la formación impartida sea más acorde a sus necesidades. “Es muy ventajoso para las dos partes. Es clave que los alumnos estén más cercanos a situaciones reales. Nosotros podemos tener buenos documentos y buenos equipos, pero no estar a la vanguardia como ellas”, reconoce Jesús Díaz, director del centro Simone Ortega.

La duda es hasta qué punto se implicarán las compañías, y cuánto tardará en consolidarse la formación dual. “No se conseguirá de la noche a la mañana. No creo que tarde menos de diez o quince años. Coexistirá con la tradicional”, afirma Santiago García, director de FP del colegio Tajamar. Lo que está claro es que, si funciona, quizá se irá produciendo un fenómeno como el que ocurre en Alemania, Dinamarca u Holanda. Allí los chicos eligen más FP que Bachillerato (como se ve en la imagen). Y el paro juvenil es mucho menor que en países donde ocurre lo contrario, como en España, Portugal o Grecia. En concreto, el 8% en Alemania, frente al 55% en España. Un contraste suficientemente elocuente como para buscar soluciones.