Opinion

Confusiones con los impuestos

Resulta sorprendente que ninguna fuerza política haya pedido una rebaja de la carga fiscal y que ni siquiera hayan criticado la fuerte subida de los impuestos sobre la renta del último año. Sin embargo, algunos economistas y políticos que (presuntamente) no están en activo, junto con los medios de comunicación, han conseguido reabrir el debate de los impuestos. Y en este debate queda claro que, a mi juicio, hay mucha confusión en el tema de los impuestos entre nuestro país. A continuación señalo los principales puntos de confusión que parecen detectarse:

1. “El único objetivo de los impuestos es la redistribución de la renta y la riqueza”. No es el único objetivo. Ni siquiera el más importante. La idea errónea procede de la percepción de que los impuestos son rentas que se les quitan a unas personas para dárselas a otras, es decir, un “juego de suma cero”. Pero no lo son, pues inciden en la economía en su conjunto, y tienen una enorme capacidad de distorsionar la actividad económica. Además de la redistribución, el sistema fiscal debe buscar la suficiencia (que genere suficientes recursos para cubrir el gasto público) y la eficiencia (que distorsione lo menos posible y favorezca el crecimiento económico). Asimismo, los impuestos pueden ser utilizados como herramienta anticíclica. Por todos estos motivos, probablemente para redistribuir sea mejor el gasto público que los impuestos.

2. “Los tipos impositivos y la recaudación son la misma cosa”. Es decir, para recaudar más hay que subir los tipos impositivos, y viceversa. Este error se deriva también de esa percepción del “juego de suma cero”, e ignora que los impuestos afectan a la actividad económica y, por tanto, a la base imponible y a la recaudación. En algunas situaciones económicas, bajar los tipos puede hacer aumentar la recaudación. Sirva como ejemplo que la recaudación sobre IRPF alcanzó un máximo histórico en 2007 (el 13% del PIB), coincidiendo con la rebaja que hizo el Gobierno Zapatero de los tipos impositivos, en cumplimiento de su programa electoral de 2004.

3. “Cuando las cosas vayan bien se bajarán los impuestos”. Si la política fiscal deben tener un componente cíclico, éste debe ser anticíclico. Es decir, hay que bajar los impuestos en las fases de recesión y subirlos en las de expansión. Justo lo contrario de lo que el Gobierno está manifestando. Hay que bajar los impuestos ahora para ayudar a la recuperación económica. Más adelante ya no tendrá mucho sentido hacerlo.

4. “El IRPF afecta solo a la demanda agregada”. Se suele identificar al IRPF como un impuesto que afecta a la renta disponible de las familias y, por tanto, al consumo. Esto es un abuso de los manuales de Macro Intermedia. Es bien sabido que el IRPF también afecta al ahorro y, por tanto, a la inversión y al crecimiento a largo plazo. Pero el IRPF también afecta a la oferta de trabajo y al espíritu emprendedor. Por tanto, el IRPF afecta tanto a la demanda como a la oferta agregadas. Finalmente, el IRPF eleva los costes del factor trabajo y deteriora la competitividad y el saldo exterior. Todo lo contrario que el IVA, que, al descontarse en frontera, no afecta al precio de nuestras exportaciones y encarece nuestras importaciones, mejorando nuestra competitividad. Este efecto es particularmente importante en una situación como la actual, en la que no existe el instrumento de la devaluación del tipo de cambio como herramienta para mejorar la competitividad.

5. “Hay que ajustar los tipos impositivos a cada perfil personal”. Es decir, hay que buscar, mediante el juego de las deducciones la carga fiscal “justa” que debe pagar cada persona. Es un error. La simplicidad es un valor en sí mismo. Incentiva el cumplimiento, facilita la labor de inspección y comprobación de la Agencia Tributaria y favorece la lucha contra el fraude fiscal.

6. “El IVA es un impuesto regresivo, el IRPF progresivo”. Esta frase es correcta “ex ante”, pero no lo es “ex post”. Muchas deducciones fiscales del IRPF han sido fuertemente regresivas. Y la evasión también lo es. Al final las rentas más altas se acaban refugiando en sociedades y pagan menos incluso que con el IVA, mientras que el IRPF lo acaba pagando la clase media.

 Todo es opinable. Porque, afortunadamente, el debate fiscal no ha hecho más que empezar