Mercados

Las incógnitas de Huawei

¿Es esta empresa un instrumento del gobierno chino para practicar el ciberespionaje o es una víctima del proteccionismo norteamericano? ¿Habría salido adelante sin apoyo político? ¿Cuál es el futuro de sus nuevas apuestas: productos para empresas, smartphones y expansión, especialmente en Europa?  Viajamos a la sede central, en Shenzhen (China), para despejar dudas.

Cuando una empresa va como un cohete, como es el caso de Huawei, y le disparan en la línea de flotación, no hay más remedio que hacerse una pregunta: ¿será verdad lo que dicen, o alguien está jugando sucio con ella? Sea una cosa u otra, lo cierto es que le está haciendo daño el informe surgido del Congreso de los Estados Unidos en octubre de 2012. En él se identificaba a sus productos, y a los de la también china ZTE, como potenciales amenazas por espionaje en las comunicaciones, y recomendaba a las empresas norteamericanas buscar otros vendedores. El informe, difundido antes de las elecciones, significaba la sentencia de muerte para el negocio de la compañía en la tierra de Obama. “Los clientes, acostumbrados a la mentalidad de que nunca se ha despedido a nadie por comprar Cisco, serán reticentes a adquirir productos de Huawei”, afirman desde la consultora IDC. En esta misma firma estiman que los efectos en otras partes del mundo están por ver, ya que la empresa china, segunda del mundo en el ranking de infraestructuras de telecomunicaciones –redes–, “se ha ganado la confianza de los proveedores de servicio en todos los mercados, incluidos Asia, Europa Occidental y Canadá”.

¿Tiene algún fundamento la acusación vertida en EEUU? De momento, no. “Quizá sea lícito que Estados Unidos se preocupe por la seguridad, pero yo no tengo claro cómo podría Huawei alcanzar comunicaciones americanas sensibles. Tampoco he encontrado pruebas claras de que sea propiedad o esté manipulada por el People’s Liberation Army –PLA, el ejército chino–”, señala Eric Harwit, profesor de la Universidad de Hawaii y autor del libro China’s Telecommunications Revolution, en el que expone una investigación de una década. El pasado militar del fundador de Huawei, Reng Zhengfei, está en el centro de esta polémica. En la sede central de la compañía nos responden que “estuvo dos años investigando en el PLA en los años 70, los de la Revolución Cultural, cuando un ingeniero civil no podía hacer otra cosa. No tenemos relación con los militares. Vendemos equipamiento estándar –routers, etc–, que cualquiera puede comprar y no hacemos adaptaciones especiales”.

En Strategy Analitycs, una de las consultoras más reconocidas en el mundo de las telecomunicaciones, piensan que es más un problema político que técnico. “Todos los vendedores de infraestructuras proporcionan trampillas para que el Gobierno monitorice sus productos, si lo requiere. La pregunta es quién accede a la trampilla. Generalmente la controla la operadora. Por eso la prohibición estadounidense fue básicamente un ataque a China”, apuntan desde la consultora.

hw_0772541¿Proteccionismo? “Quizá lo tengan en mente, pero algunos de los principales competidores de Huawei, como Ericsson y Alcatel-Lucent, no son americanos”, dice Eric Harwit. Para solucionar sus problemas en EEUU, este profesor piensa que “quizá si Huawei fabricara sus productos en Estados Unidos, utilizando empleados americanos, elevaría su nivel de confianza. Es lo que ha hecho en la India”.

Se resuelva o no, esta circunstancia mantendrá a Huawei fuera de EEUU ( la imagen del párrafo anterior corresponde a la sede central), y el problema es que el miedo se extendió a Canadá, Australia y Reino Unido –en el país británico posee una fuerte presencia–. Mientras llega la solución –no parece que vaya a ser en breve–, la compañía busca nuevos frentes para seguir creciendo. Y lo hace con optimismo, como pudimos comprobar en nuestro viaje a China, donde dejó patentes sus apuestas por el mercado de empresas, consumo –smartphones– y Europa. Además, está haciendo esfuerzos por ser más transparente. Un ejemplo fue la presencia de los responsables de empresas y consumo en la copa de bienvenida a la prensa, algo que no había ocurrido hasta ahora.

A día de hoy, el 73% de la facturación de Huawei viene de las infraestructuras de telecomunicaciones. La consultora Gartner sitúa a la compañía como líder desde 2010 en la venta de equipos para acceder a banda ancha, en los ingresos por transporte de fibra óptica y como segunda constructora del mundo en infraestructuras móviles, entre otras cosas. El problema es que los ingresos de este segmento cada vez crecen menos. En 2011 solo ascendieron un 3%, mientras que el área de empresas y consumo, creadas ese año, subieron un 57% y un 44%, respectivamente. El objetivo de la compañía es que los ingresos de infraestructura se queden en el 60% en 2017, y que el 25% llegue del área de consumo y el 15% de empresas. ¿Cómo lo conseguirán?

En buena medida, sacando partido de los conocimientos adquiridos hasta ahora. Huawei surgió prácticamente de la nada. “Empezamos vendiendo equipamiento de telecomunicaciones en zonas rurales en un momento en el que en el país no había nada. En muchos pueblos tenían una línea de teléfono para quinientas personas”, explican desde la compañía. Mientras las grandes empresas extranjeras de telecomunicaciones –Alcatel, Lucent, Nortel– entraban en las zonas metropolitanas, Huawei trabajaba en los pueblos, donde los márgenes eran más pequeños, no había competencia y el aprendizaje traía alguna que otra frustración: “Las antenas de emisión y recepción de señales duraban solo seis meses y no sabíamos por qué. Descubrimos que uno de los problemas era que las ratas se comían los cables”, explican en la sede central de la firma.

La solución de este tipo de problemas hizo que la empresa fuera ganando en flexibilidad y reputación, y como consecuencia se benefició de esos años, que fueron los de la explosión de las telecomunicaciones en China. El país pasó de tener 2 millones de líneas fijas y móviles en el año 1980 a 800 millones en 2007. “El Gobierno les ayudó animando a los proveedores chinos de servicios de telecomunicaciones a que compraran sus productos, y les proporcionó financiación para salir fuera cuando se convirtió en una empresa competitiva para el mercado global”, afirma Harwit.

El primer destino de la empresa fue Hong Kong, donde en 1997 consiguió un pequeño contrato. Dos años más tarde abrió sus primeras oficinas en África y Europa. En Estocolmo inauguró su mayor centro de I+D, que aún existe. En la actualidad, la empresa está presente en 140 países y trabaja con 45 de las 50 mayores operadoras de telecomunicaciones del mundo.

Huawei se ha beneficiado de algunas ventajas significativas que posee frente a sus competidores. La primera es que no cotiza en bolsa. La financiación le llega de los bancos y de sus empleados –la mitad son accionistas–. “Esta circunstancia le da más flexibilidad a la hora de atacar mercados estratégicos. Puede permitirse pérdidas más elevadas que los competidores que cotizan en bolsa –y que han de dar cuenta a sus accionistas”, explican desde Strategy Analytics. Un ejemplo es su entrada en Europa occidental, que se inició en el año 2000 y ahora se sitúa como uno de sus principales mercados. “Llevó a cabo una gran inversión para poder trabajar con las principales operadoras. El coste fue muy elevado y tuvo que soportar varios años de pérdidas. Pero las sorteó con subsidios cruzados: los beneficios obtenidos en China se invertían en marketing y ventas en Europa; cuando se consolidó en Europa, empleó los beneficios de esta región para la expansión en China y en otros lugares”, afirman en la consultora.

La segunda gran arma para la expansión ha sido ser una empresa de bajo coste. “Su punto más fuerte ha sido vender productos y servicios de calidad a un precio competitivo”, reconoce Harwit. Ha sido muy innovadora en un área tradicionalmente rechazada por otros competidores: aprovechar los equipos que tenían las empresas, hacerlos trabajar más tiempo e integrarlos con infraestructura nueva. Este tipo de innovación tan pragmática ha sido, probablemente, muy importante para extender la vida de la tecnología 3G y ha permitido a Huawei integrar en las empresas equipos de otros vendedores. La firma está ahora interesada en dejar de ser low cost y subir los márgenes, y así combatir sus costes crecientes: “Su estructura es cada vez más parecida a la de sus competidores occidentales”, afirman en Strategy Analytics. Pero el momento no es propicio para los productos de alta gama: “Las operadoras están invirtiendo poco, y las competidoras han apostado por enfrentarse a Huawei en la modernización de las redes a lo largo de los últimos años. Como consecuencia, Huawei ha visto recientemente decrecer de manera clara su crecimiento y los márgenes”, afirman desde IDC.

Otra gran fortaleza de Huawei es la gran cantidad y variedad de productos que ofrece para redes fijas, móviles y para empresas. Combinados con su éxito a nivel global, le permiten tener ventajas en economías de escala. Probablemente esa es una de las razones por las que los márgenes de Ericsson están sufriendo.

Con este background como punto de partida, Huawei mira al horizonte y se pone metas ambiciosas, que algunos analistas ven como un buen reto: “Han bajado sus objetivos para el mercado de empresas de 15.000 millones a 10.000 millones en 2017. Les queda un largo camino para tener éxito en este mercado. Aún han de pelear con la variedad de requerimientos de los clientes y de canales de distribución”, apuntan desde Strategy Analytics. Al mismo tiempo, reconocen que la firma puede sacar partido de su buena posición en tecnologías IP o las relacionadas con la virtualización de los centros de datos.

Por lo que se refiere a los smartphones, la compañía quería ser tercera en 2015, y lo logró en el último trimestre de 2012, en Android. “Están siendo muy innovadores en este segmento, y en cómo se mueven hacia los terminales de gama alta. Nunca hay que descartarles. Estoy seguro de que Samsung y Apple les siguen de cerca“, señalan desde IDC. Para consolidarse en la cabeza de este mercado, la compañía necesita marketing. “Es nuestra parte débil. Tenemos que mostrar a los usuarios la innovación que llevan nuestros terminales: qué nos diferencia –es de las tecnológicas que más invierte en I+D–”, señalaba en nuestra visita a China el responsable de Marketing de Dispositivos, Shao Yang. Huawei ha lanzado el smartphone LTE –generación siguiente a 3G– más rápido, el de mayor pantalla y promete revolucionar el mercado este mes. Solo les falta mejorar el modo de llegar al consumidor.

La sede central, una pequeña ciudad

hw_0772501La sede de Huawei se encuentra en Shenzhen, a hora y media de Hong Kong en coche. Tiene 160.000 metros cuadrados y siete edificios. Entre ellos se encuentra una réplica de la Casa Blanca, el edificio preferido de los empleados, y una zona con piscina, hospital y bancos en la que viven 3.000 trabajadores, denominada Los Jardines de Baicao. La ciudad, Shenzhen, tiene unos 10 millones de habitantes, y fue la primera zona económica especial diseñada por el Gobierno chino en 1980. Con ella, la idea del Ejecutivo era experimentar con el capitalismo, un sistema desconocido para esta civilización. El marco legal es más abierto, con el objetivo de atraer empresas extranjeras e impulsar las propias. Por ejemplo, los ciudadanos de Shenzhen no pagan impuestos a Beijing. Por eso, esta ciudad es posiblemente una de las más modernas de China. Está llena de inmigrantes y los sueldos son bajos. Un empleado de una fábrica de ensamblaje electrónico puede cobrar 3.000 renminbi al mes –unos 371 euros–. El salario de un responsable puede ser más alto. Los precios no son muy elevados. Por ejemplo, un trayecto de quince minutos en taxi cuesta unos 25 renminbi –alrededor de 3 euros–. Los sueldos en Huawei, no obstante, son elevados: 44.000 dólares de media –34.000 euros, aproximadamente–. En este salario, por cierto, se incluyen las acciones de los empleados. 70.000 trabajadores, la mitad de la plantilla, cuentan con títulos. El valor de la acción se obtiene anualmente al dividir los activos de la empresa entre el número de accionistas. Efectuada la operación, se reparten dividendos. Los empleados los reciben siempre que la compañía haya obtenido beneficios, lo cual es un arma de doble filo: se estimula la lealtad si se gana, pero, ¿qué pasará si se pierde? De momento, por ley, solo los chinos pueden poseer acciones. La nacionalidad es un requisito que se une a contar con dos años de antigüedad. Se pueden tener más acciones según la experiencia en la empresa, el puesto y el comportamiento. Los accionistas eligen también una lista de 51 personas, de la que salen los trece miembros del consejo de administración. La votación se efectúa cada cinco años –la siguiente es en 2015–. El principal accionista es el fundador y presidente:  Reng Zhengfei. Posee el 1,4% de las acciones. Podría ser expulsado, pero no parece estar en los planes.