Estilo de vida

Cristina Pinel, la 'sommelier' del té

Un té Oolong de Taiwán de alta montana recién cosechado; o un té negro indio de jardines seleccionados de la región de Darjeeling; o, quizás, un Chai mezclado con la mejor canela y los mejores clavos. Son tres de las pequeñas joyas del mundo de la Camellia Sinensis, la planta que da origen al té, con las que Cristina Pinel intenta sorprender a través de cursos y catas tanto a quienes quieren descubrir este producto como a los avezados expertos. “Mi público objetivo son los tea lovers, personas que ya consumen aunque sea de mala calidad, o que conocen la materia prima y quieren dar un paso adelante, o que por razones de salud abandonan el café y se van al té”, apunta esta emprendedora.

Todo comenzó hace año y medio, cuando después de más de tres lustros trabajando por cuenta ajena, decidió crear un negocio. “Quería demostrarme a mí misma que era capaz de hacerlo”, señala. Lo que tenía claro, y desde hacía varios años, era que debía de ser algo sensorial, identificado con los aromas. Por eso, en un primer momento, lo intentó con los perfumes. “Hice un pequeño curso, me encantó, pero desarrollar un negocio de este calado no era viable”, admite. Fue entonces cuando dio el salto al té.

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A punto de hacer las maletas con destino Londres, para formarse en el UK Tea Council, aterrizó en España Jane Pettigrew, la gurú de este producto. Y Cristina fue una de las pocas afortunadas que pudo asistir a un curso de una semana de duración. Esa fue la base de su despegue. “El universo del té es muy complejo, amplio, y con un cierto ocultismo. Es difícil encontrar gente que sepa, tanto en España como en Europa. Y cuando te los encuentras no te cuentan nada. Yo quiero quitar ese ocultismo”, señala.

Autodidacta, viajó a diferentes ferias y a Hamburgo, la ciudad considerada el centro neurálgico de importación y exportación de té, donde estuvo cuatro meses seleccionando las mejores variedades… hasta que comenzó a ofertar sus cursos y catas. “Hay mucho tea lovers escondido, de todas las edades y sexos, aunque hombres hay muchísimos”, confiesa. Unas catas en las que se ofrecen 20 variedades de los cinco principales países productores (China, Taiwán, India, Sri Lanka y Japón).

Con una inversión de 6.000 euros, no ha recibido ayudas de tipo económico, aunque sí ha asistido a cursos dedicados a emprendedores en los que se explicaba un plan de negocio o un plan de marketing. Tanta aceptación han tenido sus cursos y catas, que ahora también vende el producto a través de showrooms y online.

¿Cómo prepararlo? “Hay que tener una buena calidad de producto, el menaje adecuado, y respetar la temperatura y el tiempo de infusión de cada propiedad”, recomienda. Porque si no es así, si el agua, por ejemplo, está a más temperatura de la necesaria, la hebra se desintegra y no libera las esencias y sabores. ¿Y cuál es su favorito? Un té Oolong de Taiwán. “Porque tiene una oxidación parcial, a caballo entre el té negro y el verde, y engloba un amplio abanico de colores, sabores y aromas”. ¿Por qué no probarlo?