Economía

El fraude aprende idiomas

La clave es el aumento de la demanda: las academias de idiomas pueden presumir de haber ganado un 20% de alumnos en solo un año. Que haya más personas dispuestas a estudiar otra lengua ha hecho crecer el número de cursos y centros, pero desde el sector avisan de que mucho de ello se ha conseguido a costa de rebajar la calidad.

Quizás sea anecdótico, pero seis academias abiertas en la misma zona en solo seis meses… es una gran expansión” Richard Johnson es prudente cuando habla. Pero como presidente de FECEI (Federación Española de Centros de Enseñanza de Idiomas), Johnson conoce bien su área. “Es un sector que en poco años ha crecido un 60%, abriendo nuevos negocios y creando trabajo”, explica. De hecho ha conseguido colarse en la lista de grupos profesionales con mejores perspectivas laborales, según el Observatorio de las Ocupaciones. Solamente en el mes de abril de este año, se firmaron 2.146 contratos nuevos en el sector, un 34,97% más respecto al mismo mes del año anterior.

Pero en la cara opuesta de los buenos datos Johnson apunta que “el problema es cuando las nuevas academias que nacen son tramposas”. Como ocurre con muchas áreas que conocen el éxito rápidamente, se suman proyectos que buscan obtener un pedazo del pastel de los clientes y los beneficios, dejando de lado la calidad y en muchos casos la legalidad. Sin datos oficiales, pero la economía sumergida es algo que conoce bien el sector.

Unas clases particulares que alguien de a domicilio y que cobre sin recibo son un ejemplo leve de ello, pero el presidente de FECEI va más allá. “Conocemos casos de personas que tienen un despacho a su nombre, otro al de su mujer o al de su hijo. Así quedan como una actividad puntual, pero realmente por volumen deberían ser reconocidas como grandes negocios”. También habla de la existencia de academias fraudulentas, que no se reconocen como tal sino como grupos de estudio. Llegó a un punto en el que la misma FECEI realizó una investigación con la que pretendían hacer un inventario de los centros de idiomas, según se anunciaban o publicitaban como tales. El año anterior contabilizaron unos 3.200, y con esos datos se acercaron al Registro Mercantil a comprobar cuántos cumplían la norma. El resultado: solo 650 eran lo que afirmaban ser.

¿Por qué atrae tanto esta actividad? No solo por el aumento de clientes. También porque es un negocio que no necesita una fuerte inversión inicial y que es fácil de poner en marcha, ya que puede acogerse a la nueva licencia exprés (según el ayuntamiento que corresponda). Otro factor es que aún tienen las puertas de la inversión abiertas. Y las del banco. Richard Johnson apunta sorprendido que “vimos cómo algunos bancos pedían a sus oficinas que cuidaran de negocios como las academias de idiomas, que eran de las pocas áreas que estaban teniendo crecimiento”. Mientras siga aportando buenos datos será un filón para un crear un negocio. El reto es que sea también legal.