Economía General

Europa busca a su líder

Mañana se elige al líder de Europa. Pero no lo eligen los europeos. Está marcado en rojo en el calendario de todos los mandatarios comunitarios, de los líderes internacionales, así como de empresarios y economistas, votan sólo los alemanes. Mañana, Alemania, la principal potencia económica de la Unión Europea, elige a su canciller para los próximos cuatro años. Mañana, Europa aguarda el nombre del dirigente que marcará el paso y condicionará la hoja de ruta del viejo continente hasta 2017. No será necesario esperar a los comicios al Parlamento Europeo, que se celebrarán ocho meses después y en los que sí tendrá voz y voto toda la UE. Saldrá de las urnas alemanas.

En la recta final de campaña, las encuestas, la calle y los círculos de poder sitúan en cabeza a la actual canciller, la democristiana Angela Merkel (CDU), la dirigente que en ocho años ha dado la vuelta a la estrategia geopolítica europea, que pasó de mirar al Atlántico a reforzar un eje Berlín-París que, en los últimos cuatro años, se ha desvanecido ante la primacía germana.

Pero la clave para que Merkel pueda formar su tercer Gobierno dependerá de las negociaciones del día siguiente. Los alemanes no tienen interiorizado el voto útil ni son un país de mayorías absolutas. La coalición más probable pasaría por una reedición del acuerdo de la CDU/CSU con sus hoy socios, los liberales (FDP) –siempre y cuando el eje roji-verde, que lideraría el socialdemócrata Peer Steinbrück (SPD) y sustentarían los Verdes, no sume escaños suficientes para hacerle frente–. Ahora bien, tampoco es descartable que pudiera repetirse un pacto entre los dos grandes partidos, como ya ocurriera en el primer mandato de Merkel, en 2005, si esta fuera la única opción de gobernabilidad.

Si no hay sorpresas, Merkel afrontará otra legislatura sorteando el castigo electoral que se ha llevado por delante a casi todos los dirigentes europeos que ya estaban en el poder cuando la época de bonanza quedó atrás. “Al resto les ha pasado factura porque hay una clarísima crisis que ha sido más leve en Alemania, en parte por la política de Merkel, en parte por el modelo industrial alemán”, analiza el presidente de la Cámara de Comercio Alemana para España, José Luis López-Schümmer. Si hay sorpresas, Steinbrück llevará a los socialdemócratas a la Cancillería ocho años después de la salida de Gerhard Schröder.

Alem2Decidan lo que decidan los 61,8 millones de germanos llamados a votar, los expertos están convencidos de que, en la práctica, se notará poco quién gobierne. La gran agenda reformista para el país la encabezó Schröder hace ahora una década. Además, su contexto político alejado del bipartidismo se traslada a unos programas electorales muy difuminados.

La CDU ha comido parte del terreno al SPD. “Merkel tiene en Alemania la reputación de hacer una política socialdemócrata mejor que la de los socialdemócratas”, advierte el catedrático de la Universidad de Colonia, Juergen Donges. El profesor de Economía de la Rey Juan Carlos, Philipp Bagus, va más allá al asegurar que “Merkel se ha ido más a la izquierda que la izquierda”.

La difusa barrera entre programas traspasa la clave doméstica. La política comunitaria tampoco exhíbe importantes diferencias  y eso ha hecho que el eje de acción en la UE apenas haya entrado en campaña pese a que, fuera de sus fronteras, los focos están ya puestos en el país que gobierna Europa. Sólo se desmarca el partido euroescéptico, Alternativa, que la mayoría ve como una anécdota. Sin grandes diferencias, no se esperan grandes cambios a futuro.

El político de la CDU y ex presidente del Parlamento Europeo, Hans-Gert Poettering, defiende que “independientemente del resultado, Alemania continuará con su camino proeuropeo”. En materia económica, la voz es única: en alemán. López-Schümmer asegura que hoy “se gobierna más para la economía que para la ideología” y Donges insiste en que “la consolidación fiscal se mantendrá porque es una tarea absolutamente necesaria en la mentalidad germana”. La austeridad, por tanto, seguirá marcando la agenda y primando sobre las políticas de crecimiento por las que abogan los periféricos ante tanta asfixia –y a cuyo carro se ha subido España–. “La presión seguirá, ninguno de los dos dará un paso atrás”, advierte Guillermo de Haro, profesor de Economía de la Universidad Rey Juan Carlos.

Los dos principales candidatos defienden la necesidad de cumplir con los programas de déficit y son contrarios a unos eurobonos que mutualizarían la deuda europea. Tampoco la posición sobre la política del Banco Central Europeo variará. Sin embargo, pese a que el fondo se dibuja casi homogéneo, las urnas podrían arrojar matices en la forma: cambiaría la retórica y vendría acompañada de una mayor flexibilización.

Merkel o Steinbrück, Steinbrück o Merkel liderarán Europa los próximos cuatro años. Uno de los dos será su rostro más visible, su voz más poderosa y, en muchos casos, también su interlocutor más directo. Nadie discute la potestas en un continente en el que la crisis ha afianzado su posición ante unas economías italiana, española y también francesa mucho más débiles y cuestionadas, y una Gran Bretaña alejada y reforzada en su decisión de no compartir el euro. Sin embargo, a Berlín le falta la auctoritas.

El problema trasciende los nombres. Son pocos los que respaldan el carisma de Merkel en la escena continental pese a que haya situado a Alemania en el centro del mapa. “Merkel está interesada en el mercado doméstico, de manera que el país con más poder no aporta ese liderazgo”, cuestiona el presidente de Saffron Brand Consultants y asesor de empresas y líderes mundiales, Wally Olins. “Alemania tiene mucho poder, pero no el liderazgo”, insiste Guntram Wolff, director de Bruegel, think tank presidido por Jean-Claude Trichet, sin pasar por alto que su generación [tiene 38 años] entendió que “Alemania nunca debería liderar Europa”. Sin duda, la situación actual no puede comprenderse sin la historia del siglo XX. Si ampliamos el prisma, las opiniones también son unánimes: más allá del país teutón, la percepción de falta de liderazgo es general en el viejo continente.

 

GraAle

Lo que es una realidad es que la crisis nos ha hecho retroceder en la idea de Europa. “Los idealistas de la Europa Unida hace tiempo que perdieron la partida. Se ha impuesto la UE de la realidad, con la necesaria coordinación de los intereses nacionales y, también, regionales”, advierte Bernardo M. Cremades, socio fundador del despacho Cremades y Asociados, que ha participado en varios foros bilaterales. “Tenemos una ilusión de ir hacia una Europa más integrada, pero somos un club de países soberanos que priman sus intereses”, recuerda Donges. En este contexto, la palabra solidaridad ha vuelto a la primera línea cuando habíamos empezado a superar aquello de la Europa de las dos velocidades. Las acusaciones por una y otra parte son una constante. En España, Grecia, Portugal o Chipre se ha generalizado la frase de “nos gobierna Merkel”. Mientras, allí “gracias a una campaña de comunicación que funciona, impera la idea de que la culpa de sus males es del Sur”, avisa De Haro.

La crisis ha puesto además en entredicho la viabilidad futura de muchos de los modelos económicos europeos, mientras ha erigido al alemán como el ejemplo a seguir en un continente que se enfrenta a un replanteamiento de su estado del bienestar. La alemana se presenta como la economía más competitiva de Europa y como la que mejor entiende el momento histórico que vivimos, el de un mundo global en el que la UE sólo puede mirar de tú a tú a EEUU, China y a los emergentes si actúa como un todo. Por eso Alemania también necesita a sus socios y, bajo ese argumento, recomienda o impone sus grandes reformas. ¿Está Alemania colonizando Europa? ¿Se está europeizando? ¿Son sus recetas exportables?

La palabra colonización despierta miedos. “Tras dos Guerras Mundiales perdidas, la intención de los alemanes dista mucho de llevar a cabo una colonización de otros Estados. No hay cabida para esa mentalidad”, dice Georg Abegg, socio director de la empresa germana de asesoría, Rödl & Partner en España. Por su parte, José Luis López-Schümmer, también presidente de Mercedes-Benz en España, recuerda que hay quien le da la vuelta a esa tesis: “En ocasiones, he escuchado que España está colonizando Alemania con Telefónica o el Santander. Es erróneo”.

Nadie se atreve a hablar de conquista, pero los alemanes están seguros de tener la varita mágica. Ellos hicieron los deberes antes que nadie, se saben los más competitivos y entienden que la globalización no se concibe sin competitividad. “Europa sufre una pérdida paulatina frente a otras áreas, debido a la sobrerregulación o el alto coste de la energía”, avisa el presidente de Basf en el Sur de Europa, Erwin Rauhe.

Las principales reformas estructurales que ha acometido España en los últimos meses están teñidas de negro, rojo y amarillo. Por un lado, la reforma laboral ha hecho suyas máximas del modelo germano como la flexibilidad y el ajuste salarial,y, además, ha introducido la palabra minijobs en nuestro vocabulario. Por otro, se mira como referente el modelo de formación profesional dual. De la aplicación de estas reformas y del cumplimiento del déficit depende, en gran medida, el curso de las relaciones bilaterales entre Alemania y España, así como su posición de fuerza.

Se llame Merkel o Steinbrück, ostente un liderazgo más o menos potente y cuestionable a nivel comunitario, Europa y España pondrán su foco en lo que digan las urnas mañana. De su escrutinio no sólo depende Alemania.