General Tecnología

La industria espacial, otra piedra en el zapato del Gobierno

Si un especialista en el negocio espacial nos cuenta todo lo que se hace desde España en este terreno, no solo hay que sorprenderse: es una buena ocasión para quitarse el sombrero. A lo largo de sus cinco décadas de existencia, nuestras empresas han desarrollado trabajos espectaculares, que podrían verse lastrados como consecuencia de la caída en la inversión por parte del Gobierno y de otras cuestiones, como la falta de una agencia espacial nacional.

Cojamos el telescopio y echemos un vistazo a algunos de los proyectos más significativos que se llevan, o se han llevado a cabo, desde España. Crisa fabrica equipos que viajan a bordo de satélites y lanzadores desde hace más de veintiocho años. “Durante todo este tiempo, hemos participado en noventa y siete satélites y en prácticamente otros tantos lanzadores espaciales”, admite orgulloso Fernando Del Rey, director general de la compañía. Entre sus proyectos más llamativos se encuentra la construcción de la estación meteorológica REMS para el Centro de Astrobiología –perteneciente al CSIC y al Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial (INTA)–, uno de los once instrumentos que viajan a bordo del rover Curiosity de exploración marciana de la NASA –primera vez que un instrumento español llega a Marte–, y la construcción de la electrónica del plano focal de Gaia, un satélite que se lanzará a finales de este año. Llevará a bordo una especie de sofisticada cámara de fotos gigante compuesta por 110 sensores. “Nuestra electrónica gestiona y combina todos esos sensores, y logra una resolución de un gigapíxel. Esta capacidad se usará para crear el mayor mapa tridimensional de la galaxia”, indica Del Rey.

GMV es el primer proveedor del mundo de centros de control de satélites, el tercer proveedor industrial más importante en el desarrollo del sistema europeo Galileo y uno de los principales en sistemas de gestión de transporte público basados en navegación por satélite a nivel global. Además, este grupo tecnológico español, presente en diez países, es la única empresa europea participante del desarrollo y operación del centro de control de la nave espacial ATV de abastecimiento de la Estación Espacial Internacional.

Hispasat comenzó siendo un pequeño operador regional, y actualmente ocupa el octavo puesto a nivel mundial y el cuarto en América Latina por ingresos. La compañía lanzó su primer satélite en 1992, el primero de telecomunicaciones de origen español. El segundo –el Amazonas 1– llegó en 2004, y le abrió las puertas del continente americano. En la actualidad fabrica cuatro satélites, que estarán en órbita entre finales de este año y 2016. Uno de ellos, el Hispasat AG1 se enmarca en el programa Small Geo, uno de los más vanguardistas promovidos por la Agencia Espacial Europea.

Hisdesat participa en los satélites Paz e Ingenio, que forman parte del Programa Nacional de Observación de la Tierra por Satélite. Paz se pondrá en órbita en 2014. Es el primer satélite radar español diseñado con una misión de doble uso, militar y civil, para cubrir los requisitos operativos en el campo de la observación de alta resolución.

Mier Comunicaciones ha suministrado 1.350 unidades de vuelo para más de 60 satélites. “Todos los de la constelación Galileo –sistema de navegación europeo– llevan equipos nuestros, y ya estamos trabajando en los que se desplegarán en los dos próximos años”, señala Pedro Mier, presidente de la compañía. Esta empresa catalana tendrá también protagonismo en la tercera generación del Meteosat, en la que dará el salto de suministrador de equipos a integrador de subsistemas en los próximos cuatro años; está bien posicionado en el Metop, que seguirá lanzando satélites de órbita cada cinco años al menos hasta 2020; y está desarrollando nuevas funciones para los equipos embarcados en satélites de telecomunicaciones de nueva generación.

Elecnor Deimos ha sido capaz de comercializar en todo el mundo su satélite Deimos 1 y de impulsar su satélite de alta resolución Deimos 2. Ahora, entre otras cosas, trabaja como socio con Swiss Space Systems S3, la nueva compañía aeroespacial suiza que pretende desarrollar, fabricar, certificar y operar lanzadores suborbitales para pequeños satélites de hasta 250 kilogramos en 2018.

La brillante actividad desarrollada desde España se ha traducido en el crecimiento del sector en facturación y empleo, una situación que se refleja en la buena salud de las empresas. Hispasat factura 200 millones de euros y gana 51; Hisdesat alcanza ya unos ingresos de 62 millones; Crisa batió su récord el año pasado con 49 millones; Deimos se ha situado en 48 millones tras solo doce años de existencia; Mier Comunicaciones ingresa 25 millones y es rentable, como todas las anteriores… Y estas empresas son tan sólo una muestra de las compañías espaciales españolas. En la web Tedae, que aúna a las principales firmas españolas del sector –www.tedae.org–, pueden encontrarse otras muchas. El problema es que la fiesta se puede acabar.

El negocio espacial funciona en España basándose en dos patas: la institucional y la comercial. La primera se enmarca en la relación que España tiene con la Agencia Espacial Europea –ESA–. Cada país aporta un dinero a esta institución según el potencial de su economía. La misma cantidad, más o menos, vuelve a cada país en forma de contratos industriales para programas espaciales. Junto a esta aportación obligatoria, los países pueden participar en programas opcionales, en función de si quieren especializarse en lanzadores, en satélites de telecomunicaciones, etc.

La tradicional apuesta de España por la industria espacial se traducía en su puesto en el ranking de inversión, que hasta 2011 era el quinto, por detrás de Francia, Alemania, Italia y Reino Unido. A final del año pasado nuestro país descendió hasta el 19, después de que el Gobierno redujera en un 75% la participación en los programas opcionales. “El recorte ha ido mucho más allá de las previsiones más pesimistas”, lamenta Del Rey.
Los principales ejecutivos del sector no entienden la falta de apuesta por un negocio al que retornan dos euros y medio por cada uno que se invierte, cuenta con el doble de productividad por empleado que la media española, exporta el 90% de lo que produce, es intensivo en I+D, creador de empleo de alta cualificación… “El problema de la falta de presupuesto en la ESA va mucho más allá del negocio con la Agencia”, afirma Del Rey. Debido a la naturaleza del negocio espacial, la vía institucional es la única forma de desarrollar nuevas tecnologías y probarlas en órbita. “El mercado de satélites comerciales, típicamente de comunicaciones es, sin duda, el más rentable de la industria espacial. Pero para llegar a volar un nuevo producto es necesario contar con el apoyo de la administración para calificarlo primero en un satélite institucional”, añade el ejecutivo de Crisa.

Las empresas crecen en conocimientos a partir de los productos que desarrollan para la ESA, y luego les sacan más rentabilidad. “Empleamos diez años en la tecnología que desarrollamos para el programa SMOS –Soil Moisture Ocean Salinity–, de la ESA. Luego la aplicamos en equipos que vendimos al primer fabricante mundial de satélites de telecomunicaciones, en Palo Alto, California, y posibilitó la primera comunicación directa por satélite desde un smartphone comercial”, resalta Mier.

La duda es qué ocurrirá cuando se noten las consecuencias de la falta de inversión por parte del Gobierno español. “La crisis está por llegar. De hecho, en 2013 ya estamos viviendo los primeros efectos de la reducción del presupuesto español en la ESA. El volumen de la contratación de nuevos proyectos está disminuyendo claramente, y por tanto sufriremos un parón en los próximos años”, augura Del Rey.
Pedro Mier incluso va más allá, y constata que la caída de la oferta está siendo cada vez más palpable. “En los nuevos contratos ya se avisa a las empresas españolas que se abstengan de ofertar. Si tarda en resolverse este problema, el daño puede ser irreversible. Los competidores de otros países ocuparán nuestro puesto”, dice.

El sector aeroespacial es muy evolutivo tecnológicamente. Si se deja de estar en los programas más avanzados, resultará más difícil ocupar la punta de lanza, como hoy hacen las empresas españolas. Además, también en este terreno, está el peligro de la huida de cerebros. “Nosotros ya tenemos ingenieros fuera. En Reino Unido, Rumanía, Portugal… Habría que valorar tener un sector estratégico en I+D, que es más difícil de deslocalizar que la manufactura”, avisa Miguel Belló, director general de Elecnor Deimos.

A todo ello hay que unir la crisis económica, que se está notando. “Se ha prolongado a lo largo de cinco años. Confiábamos en una recuperación, pero el horizonte actual no deja muchas puertas abiertas al optimismo. En la medida en que el sector depende de las inversiones públicas, la situación se torna complicada, aunque estamos haciendo más negocio en el escenario internacional. Esperamos que la situación cambie en menos de dos años”, mantiene Miguel Ángel Panduro, consejero delegado de Hisdesat.

Parte de la industria está esperanzada en que el Gobierno rectifique cuanto antes y vuelva a los antiguos niveles de inversión. Como argumento vale que casi todos los países consideran el espacio un terreno estratégico, algo que se notó en la reunión de la ESA en la que España confirmó que reducía su participación. Mientras lo hacía, países como Portugal, que no está precisamente en una buena situación, incrementaba su inversión en un 20%. Reino Unido lo hacía en un 25%. “Los ingleses fueron líderes hace treinta años, y perdieron su posición. Ahora su inversión está subiendo como la espuma. Han dicho que su objetivo es crear 100.000 puestos de trabajo de aquí a 2030 derivados del sector del espacio”, relata Víctor Rodrigo, ex director general de Crisa. Este experto del sector comparte con los ejecutivos de la industria que uno de los problemas para España reside en la falta de estrategia. “Nadie dirige desde arriba”, puntualiza. Efectivamente, la actividad del espacio se diluye entre varios ministerios: Defensa –INTA–, Economía y Competitividad –CDTI– e Industria, Turismo y Comercio, principalmente. A diferencia de otros países, el nuestro no cuenta con una agencia espacial propia, algo que dificulta la interlocución con la industria a nivel internacional.

La ausencia de un actor nacional que sea vehículo de los intereses del Gobierno en materia espacial, que transmita su energía nacional, no hace más que redundar en que las inversiones propias terminan por rentar a terceros países, estructurados, administrativamente inteligentes, y con capacidad y voluntad de proyectarse hacia el futuro. “El resultado lo vamos viendo: la progresiva pérdida de identidad nacional en el tejido industrial que tanto costó crear y, desde luego, la incapacidad de generar proyectos que arrastren a nuestro entorno en la dirección que más nos beneficie como país”, sostiene una fuente del sector.
Rodrigo, por su parte, lamenta que la entidad que agrupaba a las principales empresas del sector, proEspacio, haya quedado enclavada dentro de Tedae. “Ha perdido toda su capacidad de representación del sector, cosa que hasta hace cuatro años era muy importante”, dice. También que José Manuel Soria, ministro de Industria, “no ha mostrado ningún interés por el espacio, pese a que es el principal responsable de esta actividad en España”, y que Luis Valero, secretario general de Industria y de la Pequeña y Mediana Empresa, “tuvo una actuación, en nombre del ministro Soria, muy deficiente en la última reunión de la ESA, lejos del nivel de representación y preparación que España siempre mantuvo en este importante Consejo. Y está convencido de que es un sector subvencionado que no hay por que mantener” –Capital ha intentado recabar la opinión de Valero, sin éxito–. Pese a todo ello, hay quien tiene esperanzas. “Creo que la Administración española entiende que el aeroespacial es un sector de futuro por el que hay que apostar. Genera innovación y desarrollo tecnológico y arrastra detrás de él al conjunto de la industria española. Estoy seguro de que, en cuanto la situación económica general mejore, se recuperará rápidamente la inversión pública en el sector, y ya se han dado indicios de que va a ser así”, proclama Carlos Espinós, consejero delegado de Hispasat. Al mismo tiempo, este ejecutivo cree que la industria española también debe entrar en un periodo de madurez en el que no dependa tanto de las ayudas estatales y sea capaz de generar negocio por su propia actividad.

En ello están empresas como la propia Hispasat, que ha conseguido salvar con su negocio en Latinoamérica el estancamiento que sufre la industria europea. O Hisdesat, que confía en este mismo mercado y en Oriente Medio como parte de su estrategia comercial.

Como en tantos otros sectores, la internacionalización va a ser clave para que las empresas españolas del espacio tengan éxito en el futuro. En este sentido, los expertos de la industria confían en la entrada de nuestras compañías en Latinoamérica, especialmente en Brasil, pero también en la posible colaboración con otras naciones, como China o Rusia. ¿Se imaginan a nuestro país yendo de la mano rusa a conquistar espacialmente América Latina? Hay quien lo ve claro. Quizá sea la manera de dejar de estar perdidos en el espacio.

Más de cincuenta años de experiencia

La actividad de España en el espacio se remonta a prácticamente los orígenes de la carrera espacial. Al calor del programa estadounidense, en plena Guerra Fría, se firmó en 1960 un acuerdo para el asentamiento de estaciones de seguimiento de satélites en territorio español. Estas legendarias estaciones desempeñaron un papel clave en los programas de vuelos tripulados de la NASA y, en particular, en la llegada del hombre a la Luna. En 1962, España fue socio fundador de la European Space Research Organization–ESRO–, precursora de la Agencia Espacial Europea –ESA en 1975–. Desde entonces, la actividad española se ha ido consolidando, y son muchos los logros que ha conseguido. Por lo que se refiere a las cifras, la NASA, agencia civil estadounidense, cuenta con más de cincuenta años de antigüedad, 18.000 empleados –36.000 en la época de los programas Apollo– y un presupuesto de 18.700 millones de dólares. La NASA representa solo una parte de la inversión institucional en el espacio. Se estima que la inversión militar espacial, llevada a cabo principalmente a través del Ministerio de Defensa, supera en mucho –de tres a cinco veces– a la inversión civil de la NASA. Por su parte, la ESA tiene unos 2.200 empleados y en 2011 contó con un presupuesto de 3.994 millones de euros. El 74,5% –2.975 millones de euros– procede de las aportaciones de los países miembros, a las cuales España contribuyó con 201,9 millones en 2011 –6,8% del total–. Este dinero, destinado antes del tijeretazo dado por el Gobierno español en noviembre de 2012, situaba a nuestro país el quinto del ranking europeo. En lo referido al gasto, si bien la NASA y la ESA tienen una forma muy distinta de enfocar la inversión espacial, al final ambos modelos dinamizan un sector que genera un gran beneficio neto.