Economía General

Manda la mayoría silenciosa

La realidad siempre tiene dos caras, en ocasiones bien diferenciadas, aunque todo depende de la distancia y el ángulo con los que se observa. Cuando me pidieron que escribiera este artículo, me pareció interesante mostrar la perspectiva de alguien que ve esa realidad desde la ventana estadounidense. Cuando vengo a España observo que todo aquel con el que hablo muestra su descontento con los políticos y con la situación actual. Las noticias reflejan un escándalo tras otro de corrupción en los partidos políticos, y manifestaciones masivas de descontento. Sin embargo, en cuanto llegan las elecciones, es como si no pasara nada. Los partidos que ganan son siempre los mismos. Esos de los que la gente se queja acaloradamente, a los que llaman “ladrones” y demás insultos, y aún así los siguen votando.

No seré yo quien defienda un sistema que parece no funcionar. Pero recordemos que estamos en una democracia, y nuestros gobernantes son el reflejo de nuestra sociedad. Si están ahí es porque los hemos votado, porque la mayoría de los españoles así lo han decidido. Por eso, al ver movimientos como el de los indignados, mi primera reacción es positiva ya que -de alguna forma- se hacen eco de muchas de mis frustraciones. Pero parece ser que los que hacen ruido no son siempre representativos de la mayoría. Si realmente este es un país de indignados, no es posible que cuando llegan las elecciones no cambie nada.

Puede ser el voto del miedo. El temor de que el no votar por uno de los dos partidos principales suponga optar por el otro y, por lo tanto, prefieren conformarse con el menor de los males.

Eso es algo que no debería pasar en un sistema multipartidista como el nuestro. Viéndolo desde la óptica de los EEUU, donde aquí sí que hay solamente dos opciones reales de gobierno, y donde sí que es más lógico votar por el que menos mal te caiga, en España tenemos la libertad de crear partidos y de votar por ellos. Así que hagámoslo, por favor. Si ninguna de las opciones nos convence, quizá sea tiempo de crear una nueva opción. Probablemente el movimiento de los indignados debería convertirse en un partido político y pasar del “mucho ruido” al “muchas nueces”. Pero si cuando llegan las elecciones seguimos haciendo lo de siempre, después no nos quejemos. El poder en España lo tienen los votantes, nos guste o no. Y si no nos gustan nuestros políticos, a los únicos a los que podemos culpar es a nosotros mismos.

Es cierto que el sistema para llegar arriba en política está lleno de fisuras y genera deudas futuras con el sector privado. Eso es algo que debería revisarse, pero las cosas no se cambian con el hecho de quejarse. Seguramente lo que hace falta es un partido que plantee esta restructuración. Solo entonces estará en las manos del votante el cambiarlo.

Por tanto, dejemos atrás esa actitud pasiva de dejarnos gobernar y luego quejarnos en el bar con nuestros amigos. Si queremos que algo pase, hay que actuar. Podemos optar por votar simplemente, o por tomar parte activa en la creación de un partido. Salir a la calle como muestra del descontento no es suficiente. No olvidemos que, en España, mandan los votantes.