Economía General

¿Quiere progresar laboralmente?

Experiencia, cualidades personales y formación. Estas son las tres grandes patas para conseguir un trabajo, conservarlo y, también, poder mejorar en el mismo. Es cierto que al sustento de las dos primeras no ayuda el contexto económico. Son muchos los que no tienen la opción de hacer currículo con una tasa de paro del 26% –que supera el 56% en el caso de los jóvenes y que afecta a casi 570.000 mayores de 50 años– y demasiados los que no pueden dar lo mejor de sí mismos con una incertidumbre laboral creciente y un ajuste salarial casi generalizado. De manera que los expertos coinciden. Tenemos que atacar el tercer frente: la formación. Aunque les parezca casi una utopía hay convencidos de que, incluso tras seis años de crisis económica, se puede conseguir un buen trabajo y se puede mejorar laboralmente… siempre y cuando uno siga aprendiendo.

Formarse es un requisito básico –y cada vez más excluyente– para acceder a cualquier empleo de la pirámide laboral, con independencia de que se trate de un puesto más o menos cualificado. Reinventarse y autoexigirse son conceptos que la crisis ha situado en primera línea tras años incluso de “relajo en un mercado de trabajo que se ha dado la vuelta en el último lustro”, advierte Luis Pérez, director de Relaciones Institucionales de Randstad.

El objetivo, hay unanimidad, está definido. “Nuestro potencial está en la formación, no siempre universitaria, de nuestros jóvenes”, asegura César Castel, director de Operaciones de Adecco Professional. Por ese motivo, y teniendo presente el importante número de jóvenes que dejó los estudios para trabajar en la construcción, muchos abogan por impulsar una formación profesional de calidad al estilo alemán, es decir, que compagine estudio y trabajo y sea reconocida socialmente.

Esa versión práctica tan necesaria también está transformando el ámbito universitario. “Bolonia cambia el aprendizaje del alumno. Antes enseñábamos más y ahora fomentamos que aprendan… mientras seguimos enseñando. No es algo traumático, sino que mejora las habilidades y potencia la empleabilidad”, apunta Adelaida de la Calle, presidenta de la Conferencia de Rectores de Universidades Españolas, asociación integrada por 41 universidades públicas y 38 privadas. De la misma opinión es el director del Centro Superior de Estudios de Gestión de la Complutense, Francisco Aldecoa: “Hemos pasado del saber, al saber hacer. Bolonia ha funcionado, pero las autoridades no lo ven”. Tanto De la Calle como Aldecoa defienden que la universidad “ha mejorado mucho en la última década”. ¿Su nota? La presidenta de los rectores cree que son las empresas internacionales que se interesan por los titulados españoles las que la puntúan, mientras Aldecoa le pone directamente una calificación “muy alta”. Con estos argumentos, ambos insisten en la necesidad de continuar en esa línea, eso sí, dando marcha atrás a los recortes y al reciente aumento de las tasas universitarias.

El número de estudiantes se ha incrementado en los últimos cursos porque se ve la universidad como una de las mejores opciones para la empleabilidad futura mientras, a la vez, se gana tiempo hasta que mejore el dato de paro. “La sociedad cada vez es más consciente de que el gasto en educación es una inversión”, asegura Águeda Benito, rectora de la Universidad Europea.

Sin embargo, la sombra de la crisis en la formación de grado no se limita a los ajustes. “Se mira rentabilizar al máximo cada euro invertido. Hay una correlación clara entre formación y demanda”, asegura Pérez. Dicho de otra forma, se han equilibrado dos conceptos que siempre han estado presentes: vocación e inserción laboral. A la hora de elegir, la salida al mercado laboral gana fuerza y se impone a los gustos del alumno.

¿Y qué valoran y qué demandan hoy en día los empresarios? ¿Se llega a tiempo y se satisface esa demanda? La patronal CEOE destaca lo que los empresarios consideran determinante: “Son muchos los aspectos que influyen a la hora de contratar. Además de la capacidad para desarrollar las tareas para las que se contrata y la habilidad para tener iniciativa, se tiene en cuenta la actitud a la hora de mejorar a través de la formación, los cursos y el reciclaje realizados desde la obtención del primer título (universitario, de FP o de otra índole), el conocimiento de idiomas y la predisposición a conocer más o la experiencia práctica con las nuevas tecnologías”. No importa la edad.

Form3De la Calle insiste en que “la universidad busca estar en contacto con las empresas para que les digan qué es lo que necesitan”. Y CEOE recoge el guante: “Hay que facilitar la permeabilidad entre el sistema educativo y el mundo laboral”. Pero hay quien critica que la correlación entre formación y demanda de empleo debería ser más ágil. No siempre se llega a tiempo.

En cuanto a los nichos en los que existen más opciones de lograr trabajo también tenemos algunas pistas. Administración y Dirección de Empresas e Ingeniería Industrial son las titulaciones con más salidas profesionales, según Adecco. Además, Castel llama la atención sobre el hecho de que tienen futuro todas las carreras relacionadas con el área comercial, con internet y con la posibilidad de innovar para salir al exterior, aunque el idioma siga siendo una asignatura pendiente en España –apunten, el dominio de otras lenguas puede aumentar un 30% las opciones de encontrar trabajo–. Randstad comparte que el mercado busca profesionales de alta cualificación vinculados a las áreas comerciales y de ventas –“vender es clave en un mercado más pequeño y más competitivo”–, al desarrollo y programación en tecnologías de la información, a la ingeniería, así como a las finanzas y la farmacia.

Pero, por encima de todo, Castel pone el acento en una serie de recomendaciones: “Si un estudiante no tiene una vocación clara, es importante que busque una carrera que le dé una visión transversal, lo que le permitirá tener una vida profesional y un sustento posterior. Si tiene una vocación cuyas opciones laborales están muy acotadas, tendrá que buscar a posteriori una formación complementaria que le permita optar a un empleo”. Leopoldo Abad, vicerrector de alumnos del CEU, comparte que “todas las titulaciones ofrecen posibilidades al estudiante si se cursan con vocación, compromiso y esfuerzo”, pero admite que, probablemente, “todas requerirán de una formación posterior”.

Aquí entra en juego la tendencia a la que todos los consultados señalan. Ya no sólo vale con la banda y el birrete. Si los titulados quieren destacar en el mercado laboral actual lo que marca la diferencia es la especialización. “El grado forma buenos profesionales generalistas; el posgrado forma especialistas que hagan frente a las demandas de la sociedad”, reconoce De la Calle.

Formación continua. En este punto confluyen estudiantes y profesionales –estén dentro o fuera, de forma momentánea, del mercado laboral e independientemente de su edad–. El posgrado y la denominada, en líneas generales, formación continua también han ganado peso con la crisis en cualquier carrera profesional. “No es sólo importante para acceder a un empleo o para mejorar profesional o salarialmente, sino imprescindible para garantizar que las personas tengan un nivel de capacitación adecuado a la evolución de sus especialidades teniendo en cuenta la velocidad en la evolución de conocimientos y procedimientos en todos los ámbitos”, destaca Juan Corona, director académico del Instituto de la Empresa Familiar.

La obtención de un título universitario o profesional ya no garantiza la capacitación de la persona a medio y largo plazo. ¿La razón? “Hoy las empresas buscan personas que aporten valor añadido, que no sean meros autómatas. Si dejas de formarte, puedes utilizar lo que has aprendido en tu trabajo, pero no tienes acceso a las últimas tendencias o regulaciones, factores que influyen en la eficacia a la hora de dirigir una empresa”, remarca Nuria Guilera, directora de Marketing de Esade. Formarse es la condición sine qua non para estar en el mundo del siglo XXI, para estar actualizado. “La globalización, la competitividad y la productividad son pilares fundamentales de la actividad económica y, en parte, dependen de la formación continua y la especialización”, insisten en CEOE.

La formación continua sigue estando liderada por un muy amplio catálogo de másteres que se incrementa curso tras curso y que universidades y escuelas de negocios adaptan al mercado laboral. Aquí, la respuesta a lo que se demanda es más rápida. Dicho esto, al igual que en la universidad, también pasa factura el contexto.

“Tienen mayor demanda los programas de duración media que suponen una barrera económica más baja y un retorno de la inversión más rápido. El alumno es cada vez más sensible a los precios”, destaca Ana Álvarez Castro, directora de Desarrollo de Negocio de la EOI. “En tiempos de bonanza, los candidatos a estudiar un máster lo elegían por la obtención de un mayor conocimiento. En tiempos de crisis, se eligen los que mejor capacitan para acceder a un empleo, si son júnior, o para mejorar el ya existente, si se trata de sénior”, recuerda Felipe Llano, director adjunto a la Dirección General de ESIC. Además, un máster permite hacer un paréntesis de dos años en el mercado laboral y tiene una bolsa de trabajo, recuerda Ignacio Bao, presidente de la empresa de cazatalentos Signium.

Incluso las empresas, pese a haberse sumado a la moda de la formación a través de las universidades corporativas, han notado el ajuste. “La formación in company ha caído en picado”, advierte Bao. También han disminuido de manera notable las ayudas para formarse fuera. La visión esperanzadora la lanza Elena Escagedo, directora de programas abiertos del IE Business School: “Veo una ligera recuperación del mercado nacional –tras una contracción que ha contrarrestado el mercado latinoamericano– y una predisposición por parte de las empresas a retomar la formación”.

Posgrados a un lado, también crece la oferta y suman adeptos los cursos especializados presenciales y online. En todas sus vertientes, tecnología e idiomas son las dos palabras más repetidas y demandadas. “Son las dos herramientas que debe manejar cualquier directivo”, insiste Jaime Medel, director general de UNIR.

Pero apunten un nuevo concepto porque empieza a estar de moda en el mundo formativo: los Moocs o lo que, castellanizado, serían los Comas, los cursos online masivos y abiertos –además de gratuitos–. Se trata de una nueva tendencia que aunque empezó a fraguarse en 2007, cobró relevancia hace menos de dos años en la Universidad de Standford y, hoy, tiene en edX su versión más exitosa, gracias a la colaboración de Harvard y Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT).

A España, estos cursos cuatrimestrales que ponen en marcha profesores universitarios y que puede realizar cualquiera que se registre en la web, llegaron en noviembre de la mano de Universia y Telefónica bajo la marca MiríadaX. Su financiación depende de la venta del certificado acreditativo del curso –a partir de 40 euros– y, de momento, sus cifras hablan por sí solas: en las dos primeras ediciones, han participado 20 universidades, 24.000 personas y, desde septiembre, está previsto que se abra a universidades portuguesas e iberoamericanas para darle un carácter internacional.

Form4La veteranía, un grado.  ¿Y qué ocurre entre los mayores de 50 años desempleados o los que, sin estar en paro y tras décadas trabajando, quieren mejorar? En este colectivo, la formación es importante, pero ya le avanzamos que manda la veteranía. “La formación es discriminatoria en los primeros diez años pero, a partir de entonces, se suple con la experiencia que es lo que más se valora”, asegura Bao. “Este colectivo debe buscar otras alternativas como la emprendedora o el acceso a las pymes en las que su experiencia adquiere un valor fundamental. No obstante, independientemente de la edad, es fundamental que exista un continuo reciclaje del candidato para adaptar su perfil a las necesidades que el mercado demanda”, apunta Castel.

¿Y si hablamos de la parte alta de la pirámide laboral? ¿ Cómo le ha afectado la crisis? En la cúspide, el complicado momento económico se nota menos. “Se puede mejorar laboralmente. El mercado se sigue moviendo y las posiciones altas, también”, asegura Bao para llamar la atención sobre el hecho de que en el último trimestre se ha notado un cambio de ciclo. Entre los que mandan cobran importancia otros conceptos: visión estratégica e internacional, capacidad de liderazgo y relacional y, también, acción y pasión.

Con el análisis de todos estos elementos, nadie cuestiona que formarse es el camino correcto para acceder, mantenerse y progresar laboralmente. “Se puede mejorar, aunque es mucho más difícil que en 2007”, reconoce Pérez. “Se puede y se consigue en todas aquellas ocasiones en que las circunstancias económicas de la empresa lo permiten”, dicen en CEOE.

Los que más difícil lo tienen para recolocarse –o colocarse– son el colectivo de más de 50 años, así como la generación mejor formada y con más paro de la historia que sustenta la parte baja de la pirámide. “Los principios son muy duros porque no siempre se reconoce la formación en la empresa, el proceso de entrada se ha postergado y las condiciones son peores”, denuncia De la Calle. Sin embargo, un peldaño por encima, Castel tiene claro que las empresas sí valoran la formación en términos de promoción y salario: “Es la base para la mejora salarial, para superar escalones, más en el contexto actual”.

Luis Arias, director de Programas del IESE, lo resume: “Formarse es fundamental para seguir creciendo como profesional y como persona”. Mientras, en CEOE lanzan todo un aviso a navegantes para seguir aprendiendo sin desesperar: “En términos de formación, hay que pensar, además de en el presente, en el futuro”. Lección aprendida.