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Austria tiene su Silicon Valley… teñido de verde

Comienzos de 1970. Bahía de San Francisco. Decenas de empresas de semiconductores, computadores, programación y servicios empiezan a asentarse en el norte de California. Hay mucho espacio para establecerse y el alojamiento aún es barato. Compañías entonces desconocidas hacen de la zona su laboratorio para inventar el futuro. Pronto, el área con más empresas tecnológicas por metro cuadrado del mundo recibe el nombre de Valle del Silicio: Silicon Valley. Aun hoy, cuando buena parte de ese futuro de los 70 ya es presente, grandes del sector como Apple, HP, Google, Oracle, eBay, Facebook o Yahoo! siguen teniendo su cuartel general en el que, probablemente, sea el valle más famoso del mundo.

También en los 70, pero al otro lado del charco, en el corazón de Europa se empezaría a fraguar un proyecto que tomaría forma bastante más tarde, a mediados de los años 2000. Nos encontramos al sureste de Austria, en el lugar en el que hace ahora un siglo Viktor Kaplan revolucionó la energía con la turbina eléctrica. Allí, decenas de empresas energéticas, solares, de biomasa o de agua hacen de la provincia de Styria su casa. Aunque algunas empiezan a despuntar con fuerza, muchas aún tampoco son conocidas. Sin embargo, todas comparten algo: piensan el nuevo futuro en verde. La región, enmarcada en el valle situado entre las montañas alpinas del norte y las montañas vinícolas del sur, pronto será bautizada como el Green Tech Valley.

El Valle Tecnológico Verde no aspira a sustituir al Valle del Silicio ni a convertirse en su competencia directa. Tiene otra forma de entender la tecnología. Pero, paso a paso, en la última década se ha ganado un puesto como referente en el sector cuando, junto al concepto de innovación, entran en juego términos como eficiencia energética, sostenibilidad, medio ambiente o movilidad.

Precisamente, para sumar fuerzas y dar al valle una impronta internacional, en 2005 se fundó Eco World Styria, un cluster empresarial de colaboración público-privada especializado en energía e ingeniería medioambiental. Hoy, cinco universidades técnicas, varios institutos de investigación y más de 170 empresas (la gran mayoría austríacas) se concentran en una hora de carretera a la redonda, forman a más de 40.000 estudiantes y dan empleo a más de 18.500 trabajadores especializados en tecnología sostenible.

Valley2Tras las siglas ECO están muchas pequeñas y medianas empresas que desarrollan más de un centenar de importantes e innovadoras iniciativas. ¿Por ejemplo? Además de convertir la energía solar en una fuente de calefacción o refrigeración, diseñan sistemas nuevos de sombreado y generan energía eléctrica, separan todo tipo de materiales reciclables, tratan aguas residuales o elaboran combustibles alternativos gracias a campos de olivos. Pero, además, compañías grandes como Andritz, proveedora de maquinaria, equipos y servicios, o multinacionales como la alemana Siemens también han apostado por asentarse en una zona que, respaldada por sus buenos números, se considera emergente y que ya ha sido reconocida por la Unión Europea con el premio Región Europea Empresarial 2013.

Desde que la crisis sacudiera al Viejo Continente –y sin olvidar que estamos en una Austria ajena a las dificultades del Sur–, el conglomerado empresarial ha aguantado ritmos de crecimiento medios del 18% centrados en la exportación. El año pasado, el conjunto de sus compañías facturó 8.500 millones de euros, de los que 3.500 millones fueron exclusivamente verdes. Paneles solares, plantas de residuos, parques eólicos o instalaciones fotovoltaicas dibujan el paisaje de la región y conforman el made in Styria. Pero, por encima de todo, hay un proyecto que lleva esa firma y que engloba toda esa filosofía: las ciudades sostenibles.

Smart cities. En Austria son varias las urbes que también empiezan a concebir su futuro en verde pero, por encima de todas, se encuentran Graz, la capital de Styria, y la histórica Viena.

El proyecto de Graz (260.000 habitantes), por la cercanía del Green Tech Valley, es el que está más cerca en todos los sentidos de ese ansiado futuro sostenible. En sus calles se puede apreciar ya cómo conviven los paneles solares en las fachadas de viviendas, oficinas e incluso del museo de arte contemporáneo Kunsthaus Graz con los edificios monumentales de distintas etapas históricas (que llevaron a la ciudad a convertirse en Patrimonio de la Humanidad). Pero, por encima de todo, sus símbolos serán la Torre de la Ciencia, un bloque de oficinas de 60 metros coronado por un bonito jardín que será construido el año que viene, y el Zentrum Reininghaus Süd, una ciudad sostenible dentro de una Graz más sostenible. Esta metaciudad eficiente es una zona residencial con oficinas, centro comercial, restaurantes, jardines y 143 apartamentos construidos íntegramente en madera que ya empieza a ser una realidad. De hecho, uno de los 12 bloques de viviendas, ya ha entregado las llaves.

Aquí entra en escena un concepto que se repetirá constantemente de ahora en adelante. La Torre de la Ciencia y los edificios del Zentrum Reininghaus Süd son passive house, es decir, construcciones que pueden autoabastecerse con la energía que producen. ¿Cómo? Gracias a un uso eficiente de los cuatro elementos: agua, tierra, aire y sol (entendido como fuego) minimizan los sistemas convencionales de calefacción y refrigeración ¡a la vez que los surten! De esta forma, una casa pasiva calienta su agua –y, por tanto, sus radiadores– con el calor del sol o de la geotermia, al mismo tiempo que se ventila a través de canales de fresh air que aprovechan el aire que sopla en el exterior o que produce la electricidad que necesita para los usos más habituales del día a día.

Viena también es inteligente. La ciudad de Sisi también quiere renovarse sin perder la esencia de la capital del otrora imperio austro-húngaro. Viena tiene hoy en día 1,7 millones de habitantes y es la segunda ciudad europea cuya población crece a un mayor ritmo con la sola excepción de Londres. La austríaca, como otras muchas grandes capitales (como Copenhague, Madrid, Ámsterdam o Río de Janeiro), quiere convertirse en una smart. Mirando al futuro, Viena hace de la movilidad y los edificios e infraestructuras energéticamente sostenibles sus grandes patas para seguir siendo una ciudad agradable para vivir, con todas sus comodidades y con el respeto al medioambiente como máxima.

Valley3Por el lado de la movilidad, aspira a llevar a la práctica una frase que popularizó el alcalde de Bogotá, Gustavo Petro: “Una ciudad desarrollada no es un lugar en el que los pobres tienen coches, sino un lugar en el que los ricos usan el transporte público”. Para ello, promueve no sólo los paseos peatonales, sino el transporte público (con precios muy asequibles para todos los bolsillos) y la bicicleta (en 2025 está previsto que la Ciudad de la Bicicleta, que albergará a 22.000 residentes, esté terminada en el norte de la ciudad).

Al mismo tiempo, Viena trabaja para levantar nuevos edificios con el sello de passive house. La Cámara Federal de Economía de Austria WKO luce toda una fachada con paneles solares rojos y negros de Ertex Solar. Pero el mayor exponente, operativo desde diciembre del año pasado, es la sede de una de las principales entidades financieras del país: Raiffeisen-Holding Niederösterreich. Este rascacielos de 21 plantas y 78 metros de altura –probablemente, con las vistas al Danubio más privilegiadas de toda la ciudad– es la primera torre de oficinas de balance energético cero gracias al agua procedente del canal, a los paneles fotovoltaicos, a la geotermia, al aire e incluso a la energía que producen los ascensores. En números, el edificio costó 84 millones de euros, 5 millones más por ser eficiente. ¿Merece la pena? “Sin duda, en cuatro o cinco años se habrá amortizado ese gasto extra sólo con lo que se ahorra en el consumo de todo el edificio”, responde Christian Steinninger, socio de Vasco+Partner, consultora implicada en el proyecto.

En los alrededores de la ciudad otras empresas también velan a su manera por hacer de Viena una smart city. Ebswien se encarga de limpiar las 15 toneladas de materiales que a la semana se vierten en las aguas del Danubio, el segundo río más largo de Europa; mientras MVA Pfaffenau incinera a mil grados centígrados hasta 250.000 toneladas de basura al año para hacer de la capital austríaca una ciudad más limpia.

Además, Viena también ha empezado ya a levantar su ciudad 100% sostenible. En este caso, el proyecto recibe el nombre de Aspern, un distrito a apenas media hora en metro del centro de la ciudad y a sólo un cuarto de hora del aeropuerto. En torno a un lago, ya toma forma una miniciudad en la que se levantarán 8.500 viviendas en las que residirán 20.000 personas, así como empresas y centro comerciales que crearán hasta 20.000 puestos de trabajo. De hecho, compañías como Siemens, Cisco u Opel ya han apostado por la nueva ciudad.

Austria quiere teñirse de verde.