Economía General

¿Llega dinero por todas partes?

Cuando el primer banquero de un país habla de dinero hay que analizar todas y cada una de sus palabras. “Está llegando el dinero a España por todas partes”, afirmó tajante hace unas semanas en Nueva York el presidente del Santander, Emilio Botín. Sus declaraciones no dejaron indiferente a nadie en un contexto socio-económico que trata de hacer frente a casi un 26% de paro y a tres años largos de recortes ininterrumpidos. Pero su sentencia estaba lejos de ser una improvisación. El escenario para hablar de confianza fue elegido escrupulosamente y, por si fuera poco, Botín se reafirmó horas después en Harvard. Las preguntas llegaron solas. ¿Es cierto que el dinero ha vuelto a fijarse en España? ¿En qué medida? ¿Quién vende y quién compra en nuestro país? ¿Qué compra y a qué precio lo hace? ¿Por qué ahora? ¿Con qué objetivo? ¿Hablamos de inversión o estas operaciones rozan la especulación?

Que España vuelve a estar en el punto de mira de los mercados internacionales –pero esta vez de forma positiva después de meses de castigo– es algo que no solo Botín da por descontado. Cada vez son más las voces nacionales e internacionales que llaman a invertir en nuestro país con reclamos tan llamativos como el de Morgan Stanley que titula su último informe para inversores ¡Que viva España! Las reformas estructurales, el aumento de la competitividad, el saneamiento de la banca, el apoyo del BCE y, también, haber dejado atrás la recesión están calando. “El sentimiento inversor internacional ha mejorado mucho en año y medio”, asegura Fernando Luque, editor de Morningstar en España.

La mayoría de los analistas sitúan el punto de inflexión con la llegada del verano. Pero van más allá. Como defiende el banquero cántabro, ya no es solo cuestión de declaraciones, ni siquiera de sentimientos. España vuelve a gustar fuera, sí, pero tras años de sequía inversora, lo importante es que las buenas palabras han empezado a dar paso a hechos consumados –aunque mercados y economía real no caminen de la mano–. Día a día se incrementan las operaciones de compra que llegan a buen puerto entre unos actores implicados que empiezan a estar bastante definidos.

Del lado de quien vende encontramos a los que necesitan dinero. “Hablamos de las entidades financieras (no únicamente las intervenidas, sino también las sanas), los organismos públicos (que buscan en la desinversión de sus carteras de activos inmobiliarios una forma de captar liquidez) y las entidades privadas”, apunta Amparo Solís, socia responsable de Transacciones, Sector Financiero y Corporate Finance Real Estate de KPMG en España. Estos actores cuelgan el cartel de se vende a lo largo y ancho del país en las grandes carteras de viviendas, de edificios emblemáticos, de centros comerciales… así como en plataformas de gestión de activos y de deuda (los llamados servicers) y en empresas con grandes deudas que atraviesan dificultades económicas.

Al otro lado, toman posiciones quienes hoy en día tienen liquidez. El protagonismo principal –y la mayoría de las operaciones– se lo llevan los fondos de inversión internacionales. Aunque les gusta permanecer en la sombra, firmas como HIG Capital, Cerberus, Apollo, Blackstone, Starwood, Centerbridge, Lone Star o Fortress empiezan a acaparar titulares y a ser conocidas por el gran público. Estos actores tienen dos denominadores comunes. Como recuerda Solís, están interesados en “situaciones especiales”: mercados a la baja, coyunturas de alto endeudamiento y, sobre todo, activos denominados distress, aquellos cuyos propietarios por razones de insolvencia se ven forzados a vender de forma urgente y a un valor muy inferior al de mercado. “Sareb está viendo un gran interés por parte de inversores nacionales e internacionales”, reconoce un portavoz del llamado “banco malo”. Compran barato, lo arreglan y lo venden (más caro).

BilletebuenoAdemás, es generalizado que hablen en inglés. “Los anglosajones, en proceso de salida de la crisis de liquidez, son candidatos a comprar aquellos activos cuyo subyacente podríamos definir como distressed”, destaca Ramón Zárate, de Zárate-eafi. La mayoría son fondos estadounidenses, aunque su base de operaciones la reparten entre la city londinense y la Gran Manzana y algunos se han instalado ya en Madrid.

¿Oportunistas? Eso sí, no gustan a todo el mundo. Hay quien los denomina fondos buitre u oportunistas. “En muchos casos, desde 2008, han revoloteado el mercado español con paciencia. Pero había una brecha en el precio. Se les llama buitre porque hay una similitud, se aprovechan de la debilidad del sistema. Nadie tiene dinero y ellos sí”, afirma Fernando Beltrán, socio de Advisory en Grant Thornton. Sin embargo, ganan las voces que respaldan su  forma de actuar. “Tienen más mala prensa de la que debieran. Como arriesgan e invierten los primeros, buscan los mejores precios porque asumen más riesgo”, resalta Íñigo de Luisa, socio de Mercantil de Cuatrecasas Gonçalves Pereira. “Son los primeros en llegar, pero no hay que despreciarlos”, avisa Mariano Rabadán, presidente de la patronal de planes de pensiones.

En esa línea, los fondos se defienden. “Cerberus somos un inversor establecido y de largo plazo en España [llegaron en 2010]. Creemos que nuestras inversiones pueden beneficiar a la economía española en su conjunto. Entendemos las complejidades del mercado español y vemos un importante número de oportunidades de inversión”, asegura desde Nueva York Lee Millstein, director general de Cerberus, el fondo al que, entre otras cosas, Bankia ha cedido la gestión de sus activos inmobiliarios durante diez años (y que tiene en sus filas a un hijo del expresidente del Gobierno, José María Aznar). ¿Su interés? “Una de las áreas en las que nos centramos recientemente en Europa y, especialmente en España, son los impagados. Los bancos españoles han acelerado la venta de estos préstamos no cobrados de cara a fortalecer sus balances. Invertir en estos valores requiere una experiencia especializada para analizarlos y administrar los activos subyacentes”, justifica Millstein.

Los ejemplos con estas compra-ventas se suceden casi a diario en las páginas de la prensa económica desde que, en verano, los principales fondos y bancos de inversión internacionales compitieran abiertamente por convertirse en los caseros de Madrid. En julio, Blackstone compró al Ayuntamiento de la capital 1.860 viviendas por 128 millones de euros y, en agosto, Goldman Sachs-Azora se hizo con 3.000 apartamentos del Gobierno regional por 201 millones. Pero el fenómeno comprador escapa a la capital y a los entes locales y regionales. HIG Capital se hizo con cerca de mil viviendas, garajes y trasteros repartidos entre Andalucía, Canarias y la Comunidad Valenciana en la bautizada como Operación Bull, la primera gran venta de viviendas de la Sareb. Además, son pocas las entidades financieras (nacionalizadas o no) que no hayan cerrado o estén negociando este tipo de operaciones. Entre otras, Apollo compró la marca EVO a NCG y TPG se hizo con el 51% de los servicios inmobiliarios de Servihabitat de la Caixa. Altamira del Santander –Botín habla con conocimiento de causa– también está pendiente de comprador.

Estos fondos, sin embargo, no solo adquieren activos inmobiliarios y financieros. La posibilidad de invertir o comprar empresas con más o menos problemas de deuda y liquidez también se está convirtiendo en un reclamo internacional. “Hay que distinguir claramente entre el mercado inmobiliario y el resto. Estos fondos buitre entran en compañías en situaciones de insolvencia –o casi–, en empresas en fase concursal o que necesiten refinanciarse. “Firmas como Pescanova o Fagor pueden terminar en manos extranjeras”, señala Beltrán. “Hay fondos que miran la deuda corporativa. Han entrado en procesos de refinanciación en NH o Uralita”, destaca De Luisa.

Ahora bien, no todos los botines tienen por qué ser compañías asfixiadas. “Estados Unidos, Francia, Reino Unido y Alemania se han consolidado como los principales países compradores de empresas españolas en lo que va de año. Además se empieza a apreciar el interés de las regiones emergentes como Latinoamérica en el mercado español”, apunta el informe trimestral del mercado ibérico del Transactional Track Record (TTR). ¿En qué sectores? La actividad de fusiones y adquisiciones durante los nueve primeros meses fue especialmente activa en nuevas tecnologías, la industria alimentaria y en el sector financiero.

En todo caso, este tipo de fondos no son los únicos que empiezan a llegar a España ni los únicos que invierten en vivienda y empresas. De forma más residual –pero creciente–, apuestan por desembarcar en el mercado nacional bancos de inversión internacionales, family offices (plataformas de inversión dedicadas a llevar íntegramente los grandes patrimonios) y grandes fortunas particulares de las principales potencias económicas y de los países emergentes. El ejemplo más llamativo de las últimas semanas lo protagoniza Bill Gates, cofundador de Microsoft y, ahora, segundo accionista de la constructora FCC. “Los inversores institucionales, de múltiples nacionalidades, son compradores naturales de activos financieros. Compran deuda pública, deuda corporativa, participaciones de cotizadas…”, indica Zárate.

dolarbuenoEl parqué español también interesa y la inversión internacional empuja en la escalada. La bolsa logró superar la barrera psicológica de los 10.000 puntos horas después de que el presidente del Santander asegurara que la confianza en España había aumentado “de una forma inimaginable”. “Es un año brillantísimo. Los mercados tanto de renta fija como variable se están comportando de forma muy positiva. La inversión extranjera, que llegó a bajar al 30% desde niveles del 50%, ha recuperado peso en la bolsa y ya supone el 40%. Aunque se vea menos, hay más inversión financiera que directa. La inmobiliaria es marginal”, destaca Rabadán. La deuda española también vuelve a las cestas financieras: los inversores extranjeros –aunque redujeron su exposición en agosto– acumulan casi 245.000 millones de euros.

España, otra vez en el mapa. Unos y otros, y compren lo que compren, ponen de manifiesto que ahora vuelve a ser el momento de invertir en España tras años de repliegue de velas. ¿Por qué ahora? “Se está apostando más porque no habrá un deterioro mayor en el valor de los activos y, si éste se produjera, sería de un dígito, mientras que la expectativa de los retornos esperados claramente es de dos”, confía Zárate. Es decir, en principio, los precios han tocado o están a punto de tocar fondo y se puede volver a ganar dinero invirtiendo en España.

Parece una evidencia que hay más oferta que demanda porque se necesita liquidez, pero entrar en el debate de los precios y las ganancias implica, al menos, plantearse si en España a día de hoy se vende… o se malvende. En los mercados, Luque defiende que “la bolsa española, que no es más barata que la de otros países de la zona euro, está muy bien valorada”. ¿Y en el caso de unos activos inmobiliarios en mínimos? “No se vende nunca a precio de saldo, sino al precio al que el comprador está dispuesto a pagar”, insiste Luque. “No son precios de derribo. A veces tienen un precio de salida y terminan cobrando más porque nuestros clientes estiman que la rentabilidad era otra”, insiste Silvia Alcoverro, consejera del Grupo Inmobiliario de Cuatrecasas, Gonçalves Pereira. Rabadán lo tiene claro: “Invertir no es vender y mucho menos malvender. Hay operaciones especulativas pero son marginales”.

Tampoco nadie se desmarca sobre la conveniencia o no de que la inversión llegue. España no se vende –aseguran los expertos– pero que haya movimiento en el mercado es positivo independientemente de los objetivos de los inversores y de sus planes a futuro. “Necesitamos que alguien ayude a reactivar el sector y agradecemos que los inversores internacionales compren deuda pública y privada, lo necesitamos como el comer porque los ahorros domésticos no son suficientes”, defiende Rabadán. Si han venido para quedarse o están de paso y cuánto aspiran a ganar en España es otro asunto. “El horizonte temporal en el que comienzan a comercializar los activos es de uno o dos años, aunque la desinversión total requiere un periodo más amplio. No venden al día siguiente de comprar”, destaca Solís. “Pretenden dar una rentabilidad del 15% en un horizonte de cinco a siete años”, avanza De Luisa.

Aun así, todos insisten en que es sólo el principio… para la alegría no únicamente de Botín. “Los fondos están analizando cien operaciones y, de momento, sólo entran en dos. No hay una fiebre compradora, estamos ante un cambio lento”, calma Beltrán. “La misión de Sareb es vender su cartera en 15 años por lo que se van a producir numerosas operaciones de desinversión, tanto a través de Fondos de Activos Bancarios dirigidos a no residentes, como mediante otros vehículos de inversión”, apuntan desde la Sareb. “En una segunda oleada, cuando el mercado ya se consolide, llegarán inversores extranjeros de todo tipo. Lo veremos en 2014 y 2015”, prevé Rabadán. Les esperamos.