Economía General

Reforma laboral: ¿ya somos más atractivos para el empleo?

Cuando se habla de si España es o no un país interesante para la inversión extranjera, Rafael Doménech recuerda que lo ha sido, y mucho. “Prueba de ello es que nuestro problema –la burbuja inmobiliaria– ha sido consecuencia de un gran éxito. El hecho de que inversores de todo el mundo financiaran una época de crecimiento tan elevada como la que va desde la entrada en la Eurozona hasta la crisis de 2007, dio lugar a una entrada masiva de inversión, unas veces directa; otras, financiera”, señala el economista jefe de Economías Desarrolladas de BBVA Research.

La crisis de deuda soberana y la incertidumbre en torno al futuro del euro hizo que el dinero foráneo se marchara. Pero el empeño de la UE en reformar sus instituciones y los cambios impulsados en nuestro país están consiguiendo que vuelva. España es uno de los países que más ha corregido sus costes laborales unitarios, y eso se ha traducido en la llegada o mantenimiento de inversiones como las del sector de la automoción. Las empresas relacionadas con los coches están convencidas de las ventajas de fabricar en España, pero el ejemplo tiene que cundir en otros segmentos. “Deben venir más empresas extranjeras. Vamos a necesitar capital físico, productivo, tecnológico y humano, en algunos casos, para aumentar el empleo”, añade Doménech. Será fantástico que empresas alemanas, japonesas o americanas se decidan de un modo más masivo a invertir aquí, y para ello han de ver un panorama atractivo.

Doménech estima que no está hecho todo lo que hay que hacer, y eso se refleja en nuestra tasa de desempleo. El 25% de paro en España está muy por encima del 12% de media en Europa, o del 7,3% de Estados Unidos. La moderación de los salarios es parte del camino: “Si se hubiera aplicado en 2008-2009, se habría evitado la destrucción de un millón de empleos”, afirma Doménech. Pero hay que verla en su contexto. La combinación de la reducción de rigideces salariales, atracción de inversión extranjera y mejora de la productividad puede ir rebajando la tasa de desempleo, pero no quiere decir que los sueldos tengan que bajar todos por igual. “En algunos sectores ya han bajado lo que tenían que bajar. Y en otros han subido –los relacionados con tecnologías, informática, etc.–”, dice Doménech.

Junto a estas medidas, hay que incidir en otras que repercuten en diversos aspectos de la economía. “No puede ser que el 93% de las nuevas contrataciones sea temporal. Somos una anomalía a nivel europeo”, indica el experto del BBVA. Doménech explica que esta circunstancia provoca ineficiencias en muchos otros ámbitos: en el acceso al crédito –no es igual si tienes un trabajo fijo que temporal–, en la inversión en vivienda –un empleado no contrata una hipoteca sin empleo seguro–, en las decisiones sobre natalidad… El trabajo temporal afecta también a la formación: la empresa no va a adiestrar a un empleado que no sabe cuánto le va a durar, y el trabajador no tiene muchos incentivos si mañana puede dedicarse a otra labor.

El mercado de trabajo tiene muchas más tareas pendientes. Por ejemplo, la colocación de los parados. El servicio público de empleo no es suficiente, “por cuellos de botella, por problemas de capacidad, porque ya tiene bastante con la gestión de las prestaciones como para poder acompañar a los desempleados a las ofertas de trabajo, porque no tiene tamaño o niveles de eficiencia suficiente…”, dice Doménech. Por eso, según este experto, “cuando tenemos un 25% de paro, no podemos decir a la gente que no queremos que el sector privado intermedie. Si con dinero público, y con convenios públicos, con colaboración público-privada, podemos conseguir que empresas privadas de intermediación creen empleo, bienvenido sea”.

Marcos Peña, presidente del Consejo Económico y Social (CES), está de acuerdo con esta idea, que extiende también en otra dirección: “Hay diecisiete servicios autonómicos de empleo que sería conveniente que se coordinaran, y que hubiera una tendencia hacia un instituto federal”, señala este ex secretario de Estado de Empleo en el último gobierno de Felipe González.

La formación también tiene retos importantes. “Hay cientos de miles de trabajadores que han perdido su puesto en ocupaciones que a corto plazo no van a estar disponibles. Tenemos un problema masivo de reasignación de esas personas”, señala Rafael Doménech. Por eso apuesta por una estrategia en la que se evalúe qué necesitan las empresas, qué se requiere en los trabajadores y buscar la forma más eficiente de proporcionar esas habilidades. Este experto no descartaría una formación dual para adultos, parecida a la que se está aplicando para jóvenes. Un adiestramiento en la empresa, más que en el instituto.

En cualquier caso, esta formación específica será una de las claves para rebajar la tasa de desempleo. “Cuando preguntábamos a los empresarios por qué no contrataban, no nos decían que era porque no podían despedir. Argumentaban que no encontraban a los empleados que necesitaban”, señala Marcos Peña. El presidente del CES piensa que “en esta recuperación tan agónica, el empleo va a ser el último invitado a la fiesta. Es posible, bastante optimista, que en el 2014 tengamos un saldo neto, y que empecemos a crear en 2015. Si consiguiéramos 300.000 puestos de trabajo a partir de entonces, tardaríamos unos quince años para volver a como estábamos en 2007”.